autoLetelier
Inicio » Internacional

El asesinato de Letelier pudo haberse impedido

24 septiembre 2016

El asesinato del excanciller chileno Or­lando Letelier del Solar y su asistente Ronni Karpen Moffit, constituye una de las mayores atrocidades de la Operación Cóndor.

José Luis Méndez, Pedro Etcheverry Vázquez, Manuel Hevia Frasquieri /Granma

El asesinato del excanciller chileno Or­lando Letelier del Solar y su asistente Ronni Karpen Moffit, constituye una de las mayores atrocidades de la Operación Cóndor, hecho en el que tuvieron una participación directa miembros de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) de Chile, y connotados terroristas de origen cubano residentes en Miami.

Desde 1961 la CIA seguía los pasos de Or­lando Letelier cuando asistió junto con Sal­vador Allende a las actividades por el Pri­mero de Mayo en La Habana. Durante los años 60 este control se extendió cuando Letelier ocupó altos cargos en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington, y continuó en 1970 al ser nombrado embajador del Go­bierno de la Unidad Popular en los Estados Unidos.

Tras el golpe fascista del 11 de septiembre de 1973 encabezado por el general Augusto Pino­chet, varios terroristas cubanos entrenados por la CIA ofrecieron sus servicios a los golpistas chilenos para asesinar a sus opositores dentro o fuera del país.

En 1974 Letelier partió hacia Washington junto con su esposa y sus hijos en calidad de exiliado político. Durante su exilio participó en numerosas actividades internacionales contra el régimen de Pinochet, periodo en que llegó a ser uno de los miembros más destacados de la oposición chilena en el extranjero. Mientras la CIA observaba sus movimientos, fue documentando el Expediente No.0881118 que contenía reseñas biográficas, perfiles sicológicos, estilos de vida, y detallados informes sobre sus relaciones políticas y sociales.

Según documentos desclasificados, en 1975 el Buró Federal de Investigaciones (FBI) tenía conocimiento de las decisiones que se tomaban en los encuentros clandestinos que sostenía el agregado cultural chileno en Miami Héc­tor Durán, con los cabecillas de los principales grupos terroristas de origen cubano, para planificar agresiones contra intereses cubanos en los Estados Unidos, y atentados contra enemigos de la Junta Militar chilena.

En enero de 1976 el FBI conoció que varios cabecillas, entre los que se encontraba Orlando Bosch Ávila, habían celebrado una reunión con funcionarios del gobierno chileno. Un do­cumento desclasificado de la CIA del 8 de junio 1976, tres meses antes del asesinato, revelaba que Pinochet se quejó ante el Secretario de Estado Henry Kissinger debido al acceso alcanzado por Letelier ante el Congreso estadounidense.

El 15 de junio, en Bonao, República Do­minicana, varios agentes encubiertos de la CIA y el FBI estuvieron presentes en la constitución de la agrupación terrorista Coordinación de Or­ganizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), donde fue planificado el acto de terror contra un avión civil cubano y el asesinato de Or­lando Letelier, como parte de un compromiso con la Junta Militar chilena, lo que permite establecer que estos hechos hubiesen podido evitarse.

El 9 de septiembre varios oficiales de la lla­ma­da DINA exterior se encontraban en Was­hin­­g­ton, ocupándose de la vigilancia de Letelier, mientras que el norteamericano Mi­chael Vernon Townley, un agente de la CIA que actuaba al servicio de la DINA, junto con terroristas del Movimiento Nacionalista Cu­bano (MNC), tendrían la misión de preparar la bomba y hacerla estallar. Resulta inexplicable que los servicios de inteligencia norteamericanos, que mantenían a Letelier bajo un estrecho control, no hayan detectado el seguimiento de que era objeto.

Townley sostenía relaciones con los terroristas cubanos desde hacía mucho tiempo. Estos vínculos continuaron cuando integró la banda fascista chilena Patria y Libertad, pa­ra conspirar contra el gobierno de Sal­va­dor Allende.

El 10 de septiembre de 1976 Townley contactó con Guillermo Novo Sampoll y Dionisio Suárez Esquivel en el restaurante Cuatro Es­trellas, un lugar frecuentado por los cubanos en Union City, Nueva Jersey, donde les explicó la tarea a cumplir.

Después que los militares chilenos le entregaron toda la información necesaria sobre Letelier para realizar la acción, Townley sostuvo una entrevista con el terrorista de origen cubano Virgilio Paz Romero, del MNC, con quien había realizado varias operaciones contra «objetivos» de la DINA en Europa.

El sábado 18 de septiembre, Suárez Esquivel viajó a Washington y contactó con los terroristas mencionados en el restaurante McDonald de la avenida Nueva York, donde acordaron distribuirse las misiones que habían concebido. Paz Romero y Townley se hospedaron en el hotel Regency Congress Inn. y Suárez Esquivel se instaló en un motel cercano para evitar sospechas.

En memoria de Orlando Letelier en el lugar que fue asesinado el 21 de septiembre de 1976 en Washington.

Habían previsto preparar la bomba el do­mingo 19 y colocarla esa misma noche, para hacerla estallar el lunes en horas de la mañana cuando Letelier se dirigiera a su oficina. Sin em­bargo, Suárez Esquivel pidió cambiar la fecha, porque había perdido el trabajo y en ese mo­mento debía estar en Nueva Jersey para co­menzar en un nuevo empleo.

Después de cenar en el restaurante del Re­gency, los tres asesinos se dirigieron hacia la habitación que compartían Paz Romero y Townley, donde comenzaron a preparar la bomba. El artefacto contenía cuatro libras de TNT y explosivo plástico, y después de colocar el detonante, aseguraron el mecanismo de control remoto para hacerla estallar a distancia. Acordaron que ejecutarían la operación el martes.

El sábado por la noche, mientras Paz Ro­mero vigilaba, Townley saltó la verja del jardín de la casa de Letelier y se deslizó cautelosamente bajo su Chevrolet azul. Ajustó la bomba al chasis del auto de manera tal que no se cayera y para garantizar que la onda expansiva se concentrara hacia arriba, en dirección al asiento del chofer. Así aseguraba que la explosión tuviera un mayor efecto letal. El mecanismo de control remoto fue colocado en posición de encendido, y quedó lista para el día si­guiente.

Los sicarios Townley y Paz Romero dieron por cumplida su misión y regresaron al hotel. Suárez Esquivel llevó al estadounidense hasta el aeropuerto y este tomó el primer vuelo de la Eastern Air Lines con destino a Nueva Jersey, donde Alvin Ross, otro miembro del MNC, lo estaba esperando. Desde allí Townley transmitió un mensaje codificado a sus jefes en la DINA, indicando que la bomba había sido colocada.

El lunes 20 por la noche Michael y Ronni cenaron con Letelier y se retiraron a su apartamento en el mismo auto donde ya estaba colocada la bomba. Al día siguiente, la pareja llegó a la casa de Letelier, quien apareció en la puerta minutos después, le dio un beso de despedida a su esposa Isabel, y partieron a las nueve y quince de la mañana.

Al llegar a la altura del restaurante Roy Ro­gers, un sedán gris se les colocó detrás, y continuó tras ellos por la avenida River Road. Su conductor insertó en el encendedor los terminales del control remoto para detonar la bomba. Ambos automóviles tomaron a la izquierda desde la calle 46 hacia la Avenida Massa­chu­setts, entrando en la Avenida de las Em­bajadas. El auto de Letelier se deslizaba lentamente, so­brepasó la Embajada de Chile que estaba a la izquierda y cuando circulaba por la rotonda Sheridan Circle, el terrorista oprimió el botón del control remoto, e inmediatamente se produjo un ruido ensordecedor. La onda expansiva impactó a Letelier contra el techo del auto, que se elevó unos metros y cayó sobre el asfalto, desplazándose violentamente hasta detenerse frente a la Embajada de Rumanía, totalmente destruido e incendiado. El cuerpo de Letelier quedó desmembrado y Ronni cayó en el césped manando sangre por la garganta, y murió al llegar al hospital. Michael, quien viajaba en el asiento trasero quedó aturdido, sin atinar a comprender lo que había sucedido.

Tres semanas después cuando Luis Posada Carriles fue detenido en Caracas, por ser uno de los autores intelectuales de la explosión en pleno vuelo del avión civil cubano en Bar­bados, en su poder fueron encontrados varios documentos que mostraban los movimientos que hacía Letelier para desplazarse hacia su trabajo, y un mapa con su recorrido habitual.

El complot contra Letelier fue descubierto y parte de sus ejecutores detenidos. En medio de un dilatado proceso jurídico el tribunal dictó varios sobreseimientos y resoluciones. En 1979 Townley fue sancionado a diez años de prisión, pero negoció con la Fiscalía y solamente cumplió cuatro meses.

Después fue beneficiado por el programa de protección de testigos, y vive actualmente en los Estados Unidos con una nueva identidad. En 1990 y 1991 Suárez Es­quivel y Paz Romero fueron condenados a 12 años, pero Orlando Bosch, Luis Posada Ca­rriles, Guillermo e Ignacio Novo Sampoll y Al­vin Ross quedaron en libertad. Estos hechos revelan la participación en la Operación Cón­dor de agentes de la CIA, militares chilenos y terroristas de origen cubano residentes en Mia­mi, los mismos que durante más de 40 años han actuado contra Cuba con total impunidad, y todavía hoy continúan al margen de la justicia.

* Investigadores del Centro de In­ves­tigaciones Históricas de la Seguridad del Estado

http://www.granma.cu/mundo/2016-09-19/el-asesinato-de-letelier-pudo-haberse-impedido-19-09-2016-21-09-03

Relacionados