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[Crónica] Repensando Nuestramérica desde el Sur

21 octubre 2016

Por Manu Correa

6, 7 y 8 de octubre fueron fechas en que la simultaneidad de eventos que cotidianamente caracterizan a Concepción, en que la comunidad atestiguó un esfuerzo colectivo por pensar a Nuestramérica desde el Sur. Haberlo llamado seminario puede que remita a cierta carga académica que no resultó ser tal, podríamos llamarlo diálogo de saberes o simplemente conversaciones. En todo caso, se trató de una instancia de reflexión que bien vale la pena rescatar para sistematizar algunas preguntas y propuestas. Aquí, un humilde aporte que espera servir de insumo además de abrir las puertas de aquel evento a quienes no pudieron asistir.

  1. Ajedrez

La exhaustividad de las líneas que continúan servirán de boceto, líneas de un trazo que, ojalá así sea, adquiera densidad en la medida en que este tipo de encuentros se sostengan y habiliten mejores preguntas y prácticas de organización sociopolítica. Hablar de pensamiento, de Nuestramérica y de situarnos en el sur, nos ubica en un escenario que exige esfuerzos de contextualización. El esfuerzo fue asumido, desde el comienzo del encuentro, en las palabras de Atilio Borón a propósito de la nueva geopolítica del imperialismo y sus efectos en la región ¿De qué manera comenzó? Difícil eludir el análisis de lo que actualmente suele denominarse culminación de una etapa en términos de “fin de los progresismos en Latinoamérica”. Borón compartió la idea de que dicha hipótesis de vocación generalizadora debe ser tomada con pinzas, aún más cuando la proclama de fin de ciclo hace el juego a las derechas en su orquestado avance en la región.

Lo que le toca de vivo a los procesos que el pensador argentino ubicó en la rampa de partida del triunfo de Chávez en diciembre de 1998, se expresa en las voluntades que siguen participando activamente de la vida política en las calles para defender derechos adquiridos. Lo que tiene de muerto son los errores y la falta de autocrítica. En el caso venezolano, el ejemplo que demuestra la vivacidad del proceso bolivariano se manifestó en las multitudes chavistas que se arrojaron a las calles cuando, el 1 de septiembre pasado, la oposición venezonala llamó a ocupar las calles exigiendo un referéndum revocatorio ¿El resultado? Salieron más chavistas que opositores. Para Borón, la persistencia de la inversión social, explica el respaldo popular mayoritario en los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Es decir, en los casos en los que las reformas institucionales y el patrón redistributivo tuvieron mayor radicalidad. Los casos de Argentina, Brasil y Uruguay representan procesos que, conjuntamente con los mencionados previamente, alcanzaron el apogeo del ciclo progresista en 2005 tras la caída del proyecto ALCA. Desde entonces se reavivó la complejidad del escenario geopolítico en la región y su vínculo con el poder imperial norteamericano. Borón advirtió que, cualquiera que piense que Latinoamérica (¡Unida!) no representa uno de los mayores intereses de la política internacional estadounidense, no haría más que caer en un error garrafal. Un año antes de la batalla de Ayacucho (1824) que liberaría a nuestro continente de la dominación española, la doctrina de Monroe adquiría cuerpo en la política estadounidense, atribuyéndose derechos de intervención en términos de seguridad nacional a las pretensiones territoriales y económicas en el hemisferio occidental. La actualización y continuidad de dicha doctrina se vincula con la pregunta ¿por qué América Latina es una región tan especial?

Observamos que hay una gran carrera hacia el control de los recursos naturales para sostener el patrón de consumo del norte “… el derroche gigantesco que produce el consumo de recursos no renovables de EEUU es criminal”. Asimismo, el desarrollo llevado a los países del “tercer mundo” comenzó a representar una amenaza, no solo para el modo de vida yanqui (los países del tercer mundo consumen más petróleo de las grandes potencias) sino que amenaza la estabilidad ecológica del planeta entero. Un ejemplo bien didáctico: si la cantidad de consumo de papel per cápita se expandiera a nuestros países a los niveles de EEUU, no alcanzarían los árboles del mundo entero para satisfacer la demanda. Entonces ¿de qué desarrollo hablamos cuando pensamos en nuestra región? Sin lugar a dudas, la transformación debe incorporar nuevos horizontes de desarrollo para que no devenga el mal desarrollo que produce la crisis ambiental que hoy en día embate a nuestra región.

La respuesta del imperialismo en este contexto es de una decidida injerencia político-militar sostenida con el control de los medios masivos de comunicación. El argentino explicó que EEUU posee 80 bases militares en la región, sumándose una nueva base ubicada en Chile (Concón), instalada sin consultas previas ni debates parlamentarios, poniendo en duda el funcionamiento democrático en esta materia. La militarización de la política exterior pretende liberarse de los gobiernos que no responden indefectiblemente a los intereses del norte. Conjuntamente, sostener el estado de injerencia exige la renovación de técnicas de dominación mediática, aplicando el “neuromarketing” político como forma de dominación cultural. Por ello, remató el argentino, no le han perdonado a Cristina la ley por la democratización de los medios. Para Borón el imperio se ha tomado muy en serio el educar a sus lugartenientes, para contrarrestarlo, tenemos que tomar muy en serio la propuesta de Fidel de dar la Batalla de Ideas, mejorar capacidades de explicar, organizar y evitar los sectarismos. Además, plateó, hay que aprender que no podemos arriesgar toda nuestra capacidad de acción política en la democracia electoral. Por ello, tenemos que organizarnos internacionalmente: “…ustedes no pueden luchar con la Monsanto sólo desde Chile, necesitamos una estrategia continental. Somos ajedrecistas que jugamos pensando que sólo movemos los peones y ellos mueven todas las piezas”. La abnegación revolucionaria es importante pero no suficiente. Requerimos de una ofensiva continental que parta de una estrategia continental para habilitar, además, procesos de trasformación en las matrices productivas de nuestros países. Queda pendiente una autocrítica que merece la pena repensar a la luz de lo dicho y lo que seguirá: ¿por qué no fueron más a fondo con algunas reformas?

  1. El bloque histórico

La conversación que continuó en la jornada partió de una pregunta provocadora ¿Por qué la izquierda no gana? Evidente que parte de la respuesta requiere del ejercicio de contextualización de las estrategias políticas desplegadas por las derechas de nuestros países. Pero apuntado al sentido de la autocrítica, la conversación que despertó la pregunta, se centró en la situación actual de las izquierdas con vocación de transformación en Chile. El cronista, pide disculpas por el cambio gramatical al plural, pero entendió que el diálogo transformó la pregunta de hecho. Entonces: ¿Por qué las izquierdas no ganan? Pareciera haber una contradicción de términos entre la pluralidad de espacios y la unicidad del triunfo. Aquí algunas de las ideas que alimentaron la discusión.

Alberto Mayol fue sentencioso: “… no tenemos fórmula política, no tenemos un principio de articulación política que integre a nuestra sociedad en un proyecto político”. Contrapuesta a la carencia de un principio de articulación, el proyecto hegemónico, parte de la destrucción del repertorio ideológico, haciendo que una de las características del sistema actual opere desde la antipolítica como cultura de masas. “Nosotros no vamos a ganar esto sin ganarle al Mall”. Nuevamente, la batalla de ideas en la arena cultural, debe modificar la noción de igualdad que remite a la ilimitación de apetitos de consumo y a los modelos de deber ser exitoso en la actualidad. Haciendo eco de la propuesta del partido español Podemos, Mayol, expresó que nuestro desafío consiste en tomar consciencia y obrar en consecuencia, de que cada día estamos arriesgándolo todo por el ejercicio legítimo de nuestro poder. El anverso del poder omniabarcativo que limita nuestra imaginación política y reduce a las mayorías al ostracismo, es el poder real de hacer todo lo posible, de arriesgarlo todo por la trasformación social.

Continuando con la reflexión, el dirigente social de la Fundación Emerge, Cristian Cuevas, se preguntó ¿Qué nos falta desde la izquierda para poder avanzar? Respondió desde la construcción de unidad, horizonte y proyecto político posible para este tiempo a partir de un relato de ampliación de campos de batalla de la izquierda. La vocación de mayorías y poder está extraviada: “No disputamos poder, estamos disputando pequeños espacios de visibilización ¿Dónde va a ir a terminar el movimiento que está en proceso contra las AFP?; ¿Cómo construimos desde la izquierda una propuesta transicional que supere al neoliberalismo?” Hay un cambio en la ciudadanía en su ímpetu a demandar para satisfacer necesidades en función de este propio modelo. En el siglo pasado el horizonte era el socialismo, ahora el horizonte es ¿qué socialismo? La propuesta de Cuevas es construir desde la experiencia para superar las limitaciones de la pregunta a través de la unidad en la diversidad: “… nadie renuncia a sus convicciones, pero tienen que ser espacios convergencia”. Esta convergencia debe volver hacia las comunidades a partir de una estética cultural que recoja demandas y reivindicaciones actuales que la izquierda predecesora no contempló: las diversidades y las demandas ambientales, por ejemplo. “No tenemos tiempo para el relajo ni para que la historia pase encima de nosotros, pero también hay que entender que nuestro proyecto es de largo alcance. Pero debemos poner un esfuerzo mayor de poder conjugar ese esfuerzo”.

Para cerrar las exposiciones atendiendo a la pregunta ¿por qué la izquierda no gana? Fabián Barría de la organización Sociedad de Unión y Resistencia (SUR) planteó que la izquierda actual, de intención desconfiada, radical, no es necesariamente la que forma parte de lo que nominalmente aparece en las organizaciones de izquierda. Aquí Fabián retomó el argumento de Gramsci que define la noción del partido histórico en términos de un bloque histórico -presente en sala y posiblemente en quien esté leyendo- que en diversos espacios ejerce de forma dispersa su poder de transformación. La forma en la que esta izquierda, que tiene poco poder, puede acrecentar su capacidad de influencia, es converger, tal como planteó Cuevas. “Hoy en día hay mucho poder social, fuerza social que se disipa. Hay algunos elementos que nos permite pensar en cuál es la fuga, canalizar los esfuerzos en organización.” Las fugas del partido histórico que da la batalla son, por ejemplo: leer más y articular acciones reales en el escenario de los conflictos socioambietales que atestan a Chile de norte a sur. En materia de formación política existe una delegación de conocimientos a ciertos sacerdotes de la teoría: “nos dicen como pensar y vamos renunciando a pensar”. Barría, continuó reflexionando en el orden de los problemas prácticos del bloque histórico que redundan en contradicciones culturales: el discurso antipolítico defendido por sus persuasivos militantes. Volviendo a Mayol: hay que ganarle al Mall. Como segundo problema, Barría planteo que es escasa la sistematización del proceder de las organizaciones sociales, abrumadas en el consumo de la realidad, descuidando su producción transformadora, tarea por excelencia que convoca al compromiso social. Por ello, se propuso en ejercicio de revisión histórica: salir de la inercia del consumo de la realidad hacia la producción de la realidad desde la superación práctica del sistema de dominación a partir del poder popular, que no es una consigna, es lisa y llanamente la organización social. “La base de nuestras formas de liberación comunitaria tienen que hacerse costumbre”.

14795677_937063539761563_1192925422_oFinalmente, sobre el contexto Latinoamericano, planteó que en la izquierda debe necesariamente situarse a nivel Latinoamericano, por los males que nos aquejan y el sistema global desde el que operan las opresiones con las que luchamos: “…hoy en día estamos tan afectados porque en china se inventa una clase media para salir de un apuro y genera un patrón de consumo similar al norteamericano, entonces aparecen todos los conflictos extractivistas socioambientales que ya conocemos y EEUU avanza con los tratados de libre comercio”. Por ende, nos tenemos que situar como continente. “El desafío de esta generación es un desafío de vida y tiene que ver con algo que no supieron hacer las izquierdas previas, tiene que ver con la superación táctica del modelo capitalista y de la democracia neoliberal burguesa, eso requiere prefigurarse en algún lado, construir un sedimento real. Tenemos necesariamente que intencionarnos”.

  1. Defender nuestro territorio-cuerpo

El cronista se disculpa si es que mucho de lo acontecido queda fuera de estas líneas, corolario de una invitación a continuar escribiendo. Para introducir el último de los apartados, las palabras del comunero mapuche José Huenchunao: “…nosotros no podemos convivir con el sistema capitalista… nos niegan el derecho a ser pueblo”.

14800285_937063909761526_1010592663_oElijo estas palabras para introducir lo expuesto en la mesa ‘Mujeres, lucha por la tierra y despojo capitalista’, de la que participaron Silvia Adoue (Brasil), Laura Zuñiga Cáceres (Honduras), Jaqueline Arriagada y Ema Huenumilla (ANAMURI, Chile). Silvia fue quien comenzó a expresarse sobre el tema. En este caso, la profesora formadora de formadores del MST, describió la nueva fase del capitalismo mundial integrado que oprime a nuestra región. 500 empresas, mayoritariamente con sede en EEUU, fuerzan a la hiperespecilización de nuestras economías ejerciendo un control directo sobre las cadenas productivas; un proceso que “…va más allá de la colonialidad, nos impone una matriz productiva en la exportación de materias primas, principalmente commodities agrícolas y minerales.”

La génesis de la hiperespecialización tiene como causa a la revolución científico-técnica que habilitó a la llamada Revolución Verde, cuyos efectos redundan en que suelos, previamente no agriculturables, entren dentro la categoría de mercancía con consecuencias terribles para las comunidades. De este proceso se desprende uno de los análisis que Silvia enfatizó como imprescindibles para comprender el rol de las mujeres en la lucha por la emancipación social. Puede que resulte conocido el enfoque que visibiliza el solapamiento del sistema de explotación económica capitalista, que subsiste no sólo por la explotación directa de trabajadorxs en sus faenas laborales, sino que, además, extrae el plusvalor del trabajo doméstico de reproducción de la fuerza de trabajo en el seno del hogar. Este último, es un trabajo invisibilizado que recae sobre las mujeres, sostenedoras de la economía doméstica, una economía de cuidados que se ve radicalmente explotada en el contexto de flexibilidad laboral que transita esta fase del capitalismo sobre nuestros territorios.

De la tecnificación se deduce el desempleo, del desempleo la flexibilización laboral, de allí la creación de un estrato social que resulta más o menos prescindible, descartable, olvidable. La entrega de recursos a los fines del desarrollo extractivista del nuevo escenario del capital, lo vivimos en los cambios de los sistemas regulatorios nacionales de uso de los bienes comunes: agua suelo, minerales, aire. Sumado a ello, están los cambios en la organización de la fuerza de trabajo, la flexibilización para la entrada de inversiones de capital que puedan entrar y salir, flexibilización de las leyes laborales que transforman toda la masa de trabajadores en trabajadores flexibles “… ¿cómo hace el capital para que esos trabajadores estén disponibles para cualquier momento y en cualquier parte del mundo?” Es el trabajo doméstico que, aún en condiciones de desempleo, mantiene a las familias. Toda esta transformación que crea el movimiento del capital configura, para las mujeres, condiciones especiales:

“… a la vanguardia de las luchas de resistencia sobre territorios que hasta ahora no interesaban, la vanguardia es de las mujeres de las comunidades y en particular de las mujeres indígenas. Una cosa que Franz Fanon nos enseñó es que la resistencia a la colonialidad genera nuevas culturas, que no es la cultura arcaica de antes de la colonización ni es la cultura del colonizador, es una cultura de la lucha y esa cultura de la lucha se vale de aquello que sirve para el futuro, para una narrativa de futuro colectiva y emancipadora… pero se altera, hay una selección de tradición. Nosotros luchamos por la autonomía, pero no la queremos para repetir el estado capitalista.”

Estas palabras de Silvia, remiten a la frase inicial, la imposibilidad de convivencia con el estado capitalista. Entonces, la autonomía por la que se lucha posee horizontes que vuelcan su mirada hacia prácticas que subsisten como contemporáneas pero que se invisibilizan, se ocultan por pertenecer a un tipo de pensamiento y cosmovisión distinta. En Brasil, las mujeres Guarní, las Tupinambá, son las que asumen las lideranzas por la recuperación de los territorios: “… lo hacen con sus conocimientos de permacultura, de preservar corredores de abundancia para avanzar estratégicamente a través de los cursos de agua… con una organización de la economía de la que nosotros tenemos mucho para aprender, de las posibilidades de formas de organización de la vida distintas del paradigma desarrollista.” Lo ajeno al paradigma desarrollista fue conceptualizado en términos de producción de abundancia, “plantar abundancia”, contraria a escasez y pobreza sistemáticamente producida por el modelo de desarrollo actual. Silvia se preguntó cómo este enfoque de reivindicación de lugar de las mujeres indígenas y sus formas de organizar la economía pueden ser útiles para pensar las economías modernas. Una pregunta abierta que llevó a reflexionar sobre los desafíos del nuevo ciclo del capital que nos obliga a enfrentar muchas cosas al mismo tiempo: acabar con la explotación de trabajo productivo, el reproductivo y acabar con la colonialidad que crea masas de población excedente, descartable. Para cerrar, Silvia graficó la situación con un nudo, si cada uno tira por separado con el fin de desarmarlo, el nudo en lugar de desarmarse, se fortalece: “tenemos que desenmarañar el nudo de opresiones… la lucha del proletariado en un sentido amplio es lucha feminista, antirracista y anticolonial”.

Feminista, antirracista y anticolonial, Laura Zuñiga Cáceres, tomó la palabra. El cronista mentiría si dejara de mencionar la fortaleza que Laura transmitió con su rabia solidaria por el asesinato de su madre, Berta Cáceres, el 3 de marzo de este año; que es, también, una rabia solidaria por el sufrimiento del pueblo hondureño en su conjunto. Admiración por la claridad de su pensamiento que, con la mejor intención y respeto, deseo esbozar.

Laura comenzó a contar la situación de Honduras desde el golpe a Manuel Zelaya en 2009. Desde entonces Honduras ha sido un campo para la experimentación: militarización de la sociedad y legalización del extractivismo. Con el golpe hubo una habilitación, vía congreso nacional, para la entrada masiva de empresas transnacionales en territorio hondureño. Se aprueba la Ley General de Aguas, otorgando concesiones sobre los recursos hídricos y se aprueba un decreto que deroga todos los anteriores que prohibían proyectos hidroeléctricos en áreas protegidas. Entre el año 2010-2013 se aprueba la construcción del Proyecto Hidroeléctrico Aguas Zarca que pretende otorgar una concesión por 20 años del río Gualcarque, río sagrado para los indígenas Lenca. El proyecto consistió en una alianza comercial para entre el Banco Mundial, la Corporación Financiera Internacional, la compañía china Sinohydro (la mayor constructora de represas del mundo) y la empresa hondureña Desarrollos Energéticos S.A (DESA), para construir cuatro represas en el río Gualcarque. Entonces, se dio vía libre para la instalación de proyectos extractivistas, haciendo caso omiso de los compromisos asumidos en por el Convenio 169 de la OIT que prevé la consulta previa e informada a las comunidades directamente afectadas.

En este contexto ¿cuál es la respuesta de las comunidades? Resistencia y organización, ejemplo de la cultura de lucha de la que habló Silvia. Laura continuó desenmarañando el nudo opresor del caso de Río Blanco. Contó que la zona se militarizó al punto que, para ingresar a la comunidad, exigían papeles: “Comunidad sitiada”, la llamó Laura. Comenzó a recrudecer la persecución a lxs luchadorxs de Río Blanco. El 15 de Julio de 2015, durante una manifestación contra el proyecto de represa, un militar hondureño del Primer Batallón de Ingenieros asesina a Tomás García. Por el hecho, el militar Kevin Yasser Saravia fue condenado y absuelto con una detención de 30 a 90 días, alegando que fueron faltas y no hubo intención de cometer el asesinato. Tomás era líder indígena, miembro del COPINH (Consejo cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras). Gracias a la resistencia organizada desde el COPINH y el apoyo de la comunidad internacional, el proyecto de la represa se retiró del territorio –momentáneamente-. No había que esperar tanto para que vuelva a reactivarse con nuevos financistas (canadienses y holandeses que suplantaron al Banco Mundial). El recrudecimiento de la persecución continuó desde la lógica del paramilitarismo. Laura contó que comenzaron a importarse desde Colombia empresas de seguridad privada en articulación con sicarios locales.

“A mi mami la encarcelan por su lucha contra la represa por invasión a la propiedad privada, tomándola para ejemplificar a la población”. El encarcelamiento de Berta en 2013 generó tanta resistencia desde el COPINH y la comunidad internacional, que la metodología de reclusión dejó de ser efectiva. Para Laura la ejemplificación del miedo por el encarcelamiento es una opción más limitada en el contexto actual, por la organización y el apoyo internacional. Entonces les queda el asesinato. A Berta la asesinan por mujer, indígena y luchadora. En palabras de Laura: “… el ataque que vivimos en nuestros territorios impacta directamente en nuestro territorio cuerpo y las mujeres somos las que hemos estado en nuestros territorios. Pensar en las mujeres indígenas y en cómo piensan al territorio y la forma de trabajar la tierra es una propuesta emancipadora, porque nos estamos planteando desde otras formas (…) Mi mami logra trascender, pero no logra trascender por su nombre, sino por la lucha de los pueblos, dejándonos una enseñanza, un camino, una ruta por la que continuar”. Esta ruta, para Laura y para quienes se encuentran afectados por proyectos extractivistas, quienes participan de organizaciones y quienes piensan en propuestas emancipadoras, muestra que se pueden alcanzar los objetivos para frenar el avance sobre nuestros territorios-cuerpos desde la organización. Pero para ello tenemos que ser caleta, más que la chucha, como cantamos cuando salimos a marchar.

Me interesó describir algo de lo acontecido en el diálogo Pensando Nuestramérica desde el sur, pues considero que allí se habilitó la conversación para compartir experiencias que pueden potenciar las prácticas de organización social en Chile. Seguido de Laura se expresaron Jaqueline Arraigada y Ema Huenumilla de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI) que compartieron su visión del escenario adverso en que se encuentran las demandas populares ante la profundización neoliberal sobre los territorios, las subjetividades y las semillas. Asimismo, entre los participantes se encontraban personas de diversos espacios políticos. La vocación de unidad que se manifestó quizás permita habilitar nuevos encuentros, ayudar a la visibilización de conflictos y tejer redes de apoyo. No es menor que el caso hondureño sirva de ejemplo para lo que hoy en día sucede en el país. De norte a sur el extractivismo avanza sobre voluntades que exigen el reconocimiento de la soberanía sobre los territorios. Sin ir más lejos, en la bahía de Concepción, el proyecto del terminal de gas Bío Bío-Genera (proyecto Octopus) y la Termoeléctrica El Campesino en Bulnes, son ejemplos de dicha avanzada que responde con la represión y criminalización de quienes se resisten a resignar lo que queda de sano en el ambiente.

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