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[Editorial] Un duro golpe a los trabajadores públicos

20 noviembre 2016

[resumen.cl] La imposición del 3,2% en el reajuste de salarios del sector publico, es el mejor ejemplo de la profundización de las políticas neoliberales y con ello, de la desigualdad social durante el gobierno de la Nueva Mayoría.

Los trabajadores públicos son los más organizados del país: más del 80% se encuentran afiliados a sus gremios, en comparación al poco más del 10% que lo esta en el sector privado. Los funcionarios públicos, además, negocian todos juntos a lo largo de todo el país; en la única negociación ramal en Chile. Por el contrario, los privados negocian cada sindicato en forma individual -por empresa- e incluso en una sola empresa pueden existir varios sindicatos, todos los cuales negocian cada cual por su cuenta, para beneficio, por supuesto, de los empresarios.

Es por ello el afán de los grupos económicos, tras el gobierno, de propinar por segundo año consecutivo una derrota a este sector que el año pasado ya vio mermado sus salarios con un reajuste inferior al aumento del IPC. Por otra parte, las políticas de “modernización del Estado” que han promovido indistintamente todos los gobiernos post dictatoriales, continúan jibarizando el Estado, externalizando funciones a empresas privadas, precarizando las relaciones laborales, promoviendo la constante disminución de los trabajadores a planta y a la vez, el aumento de contratas y honorarios. Situación similar se vive a nivel de administración municipal.

Los grupos económicos ordenaron y sus empleados en la Moneda y el parlamento se cuadraron. En tiempo récord -menos de 4 horas- el parlamento con votación en ambas cámaras y sus respectivas comisiones, despachó este proyecto que atenta contra uno de los principales problemas del país: la desigualdad social debida a los bajos salarios, ya que las utilidades y el crecimiento no llega a quienes la producen, sino que se sigue concentrando en los grandes grupos económicos.

Como ya es habitual, los medios de comunicación lanzaron su guerra sucia, inventaron cifras tales como que el salario promedio del trabajador público pasaba los 850 mil pesos, luego bajaron a 770 mil. Sin embargo, la Fundación Sol respondió con un contundente informe que señala que el 50% de los trabajadores públicos recibe salarios inferiores a los 440 mil pesos, por lo cual este promedio tan abultado de los medios solo puede obedecer a los oscuros intereses de medios rastreros, que no tomaron en cuenta lo denunciado por la dirigenta del Registro Civil, Nelly Díaz, quien señaló que si se despedía a los operadores políticos enquistados en toda la administración publica, sobraba plata para pagar el reajuste que exigía la Mesa del Sector Publico.

Sin duda los trabajadores públicos tienen salarios mayores al resto de los trabajadores, por el hecho de estar organizados y también porque negocian por rama. Pero no hay que dejarse engañar, las cifras estaban manipuladas para generar antipatía en la opinión publica hacia los trabajadores movilizados, a través de la burda manipulación que realizan los grandes medios de comunicación de masas, sus correlatos locales y las cuentas de redes sociales afines al poder. Los públicos tampoco escapan a la precariedad laboral en este paraíso neoliberal, el informe de Derechos Humanos en Chile de la Universidad Diego Portales, también develó que el Estado chileno es un pésimo empleador.

Cabe mencionar, que en esta movilización hubo un factor que es tan determinante como el que tu enemigo de clase te quiera perjudicar y es que los propios trabajadores públicos han visto disminuir sus niveles de organización y confrontación, básicamente, porque sus dirigentes están domesticados por los partidos políticos que administran el Estado neoliberal: son estos dirigentes los que desde el inicio de la movilización generaron un petitorio a espaldas de sus propias organizaciones gremiales de bases, son los mismos que llevaron por segundo año consecutivo a los trabajadores públicos a sendos fracasos.

Será tarea de los mismos trabajadores públicos limpiar de esos dirigentes, como desde hace unos años lo ha hecho el movimiento estudiantil, ellos son parte fundamental de esta derrota porque contienen la capacidad de lucha de los trabajadores e impiden el desarrollo de su organizaciones, pues en definitiva, solo obedecen las ordenes de sus respectivos partidos políticos, hoy cual de todos más manchado de corrupción, que no es otra cosa que su servicial entrega al poder económico.

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