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No hay final para el desastre de Fukushima

27 noviembre 2016

Por Proyecto Censurado / Traducción de Ernesto Carmona / Mapocho Press

Cinco años después del terremoto 9,0 y del tsunami que destruyeron la central nuclear en Fukushima, Dahr Jamail reportó en Truthout que los funcionarios de la compañía Tokio Electric Power (TEPCO) responsables de la planta continúan lanzando al Océano Pacífico una gran cantidad de agua con desechos radioactivos. Arnold Gundersen, un ex vicepresidente de la industria nuclear, llamó a Fukushima “la catástrofe industrial más grande de la historia de la humanidad”. Como informó Jamail, expertos tales como Gundersen continúan advirtiendo a los funcionarios y al público que no se está saliendo de este problema. Como Gundersen le dijo a Jamail, “como en Three Mile Island y Chernóbil, y ahora con Fukushima, usted puede establecer claramente el día y la hora exacta en que comenzaron… pero nunca terminan”. Otro experto citado por Jamail en su artículo en Truthout, M.V. Ramana, un físico y conferenciante del Programa sobre Ciencia y Seguridad Global y Laboratorio Nuclear del Futuro de la Universidad de Princeton, explicó que “marzo de 2011 era apenas el principio del desastre, que todavía se revela… poco a poco”.

Aunque la planta de Fukushima haya sido puesta fuera de servicio desde el desastre, la fisión incontrolada continúa generando calor y requiriendo enfriamiento. El proceso de enfriamiento ha producido “cientos de miles, sino millones, de toneladas” de agua altamente radiactiva, reportó Jamail. TEPCO no tiene ningún sistema de seguridad de reserva o un plan proactivo para ocuparse de la acumulación de agua contaminada, que en gran parte se lanza al Océano Pacífico. Extrayendo informes de Asahi Shimbun y de Agence France-Presse, Common Dreams reportó, el 14 de septiembre de 2015: “a pesar de las objeciones de ecologistas y después de superar la oposición local de pescadores, la Tokio Electric Power Co. (TEPCO) bombeó al Océano Pacífico más de 850 toneladas de agua subterránea de debajo de la central nuclear de Fukushima”. Según estos informes, la TEPCO bombeaba cada día aproximadamente 300 toneladas de agua subterránea a la superficie para su tratamiento antes de ponerla en almacenamiento. Oficialmente no se lanza agua al océano hasta probar el contenido radiactivo, pero muchos expertos son escépticos frente a esta afirmación. Jamail reportó que “la compañía ha estado bajo fuego en varias ocasiones por descargar periódicamente grandes cantidades de agua radiactiva”.

Según Helen Caldicott, abogada antinuclear y escritora, una vez que se lanza “no hay manera de prevenir si el agua radiactiva alcanza las orillas occidentales del continente norteamericano después que circula alrededor del resto del Océano Pacífico… Por el momento pareciera que esto va a ocurrir por el resto de tiempo”. El agua radiactiva afecta a la vida en el océano con un proceso descrito por Caldicott como “magnificación biológica.” El efecto de la radiación expande cada eslabón de la cadena alimentaria, desde las algas, los crustáceos y los peces pequeños hasta las criaturas más grandes del océano.

Mientras la magnificación biológica en última instancia puede afectar la salud humana, un estudio de diciembre de 2015 de la Woods Hole Oceanographic Institution mostró un incremento de 50 por ciento en los niveles de radiación del agua de mar hasta 1.600 millas al oeste de San Francisco. Ese informe indicó que estos niveles están lejos por debajo de lo que considera peligroso el gobierno de EEUU, pero Caldicott y otros expertos cuestionan los estándares que el gobierno y otras agencias oficiales de EEUU utilizan para determinar niveles seguros de exposición a la radiación.

Mientras tanto, Linda Pentz Gunter, escribiendo para el Ecologist, dijo que el gobierno japonés desde el principio del desastre ha mantenido “en la oscuridad” a sus ciudadanos respecto a los altos niveles de radiación y sus peligros para la salud. “Para proclamar área segura a Fukushima”, escribió Gunter, “el gobierno incrementó veinte veces los límites a la exposición por sobre la norma internacional”, una determinación preliminar a la meta indicada por el primer ministro Shinzo Abe cuando al ordenar la evacuación aseguró que los desplazados forzados volverían a sus casas en marzo de 2017. Ahora la política del gobierno es “normalizar los estándares de radiación”, escribió Gunter, y decirle al pueblo japonés que todo va bien, a pesar de las pruebas científicas y médicas que indican lo contrario.

En una conferencia en febrero de 2016, el gobernador de la prefectura urgió a la gente joven a regresar a Fukushima. Hacerlo facilitaría la reconstrucción de la región y “ayudaría a llevar una vida significativa”, dijo el gobernador de Fukushima, Masao Uchibori. Sin embargo, como reportó Gunter, la gente joven parece no cooperar. En su lugar, la mayor parte de las personas evacuadas que regresaron son jubiladas, con lazos tradicionales más fuertes a la tierra y a sus cementerios ancestrales. Esto crea otro dilema a las autoridades locales, según Gunter: Los ingresos impositivos locales se recaudan de individuos y corporaciones, pero casi una cuarta parte de los impuestos recolectados por las prefecturas locales y los municipios provienen de individuos. “Los alcaldes y gobernadores tienen la responsabilidad de engañar a tantos trabajadores como sea posible para que regresen a sus ciudades y regiones para financiar con eficacia los servicios públicos locales”, escribió Gunter. Los ciudadanos jubilados no contribuyen con el impuesto sobre la renta.

Gunter divulgó las observaciones públicas de Tetsunari Lida, fundador y director ejecutivo del Instituto para Políticas Energéticas Sustentables (ISEP, siglas en inglés) en Japón: El primer ministro Shinzo Abe “dice que ‘todo está bajo control’… Sí, bajo el control de los medios!” Aunque Lida dirigió su crítica a la prensa de Japón, ésta podría aplicarse fácilmente a la cobertura y seguimiento sobre Fukushima de los medios corporativos de EEUU y sus consecuencias, según lo documentado por la socióloga Celine-Marie Pascale, académica de la American University. Pascale condujo un análisis de contenido de más de 2.100 artículos, editoriales y cartas al director sobre Fukushima, publicadas por el Washington Post, New York Times, Político y el Huffington Post entre el 11 de marzo de 2011 y el 11 de marzo de 2013. Su análisis se centró en dos preguntas básicas, “¿riesgo para quiénes?” y “¿riesgo de qué?” Pascale encontró que apenas el 6 por ciento de los artículos informó sobre el riesgo para el público en general. “Esto en sí mismo es un hallazgo significativo sobre el foco de los medios de noticias durante uno de los desastres nucleares más grandes de la historia”, dijo Pascale.

Más concretamente, Pascale encontró que la gran mayoría de la cobertura informativa que se centró en riesgos al público minimizó perceptiblemente esos riesgos. Sesenta y cinco de los 129 artículos que se enfocaron en el riesgo a la población en general lo caracterizaron como “muy bajo en base a comparaciones con otros riesgos o a reclamos sin ningunas prueba”. (Por ejemplo, escribió Pascale, “en la práctica, los medios de comunicación animaron al público a entender el desastre nuclear más grande de la historia como no más significativo que la radiación producida por el sol”). Los cuarenta y cuatro artículos adicionales caracterizaron como bajo el riesgo en base a pruebas inciertas. En otras palabras, las evaluaciones de riesgo incierto fueron interpretadas por los medios de noticias como riesgo bajo. Durante dos años, los cuatro grandes medios principales de noticias de EEUU que estudió Pascale divulgaron apenas diecisiete artículos que caracterizaron el desastre como “de alto riesgo potencial para la población en general”. Pascale concluyó: “El desastre nuclear más grande y más duradero de nuestro tiempo fue divulgado rutinaria y constantemente como de pocas consecuencias para la gente, el suministros de alimentos o el medio ambiente. Es impresionante que esto se hicieran sistemáticamente a través del New York Times, del Washington Post, de Político y del Huffington Post. En breve, la cobertura de los medios de comunicación fue presupuestada sobre la desinformación, la minimización de riesgos de salud pública y la exacerbación de incertidumbres”.

Una ráfaga de la cobertura de los medios corporativos a propósito del quinto aniversario del desastre reprodujo en general el modelo identificado por Pascale. Por ejemplo, el informe del aniversario de CNBC reconoció que “los elevados niveles [de radiación] de la costa de Japón demuestran que la situación no está todavía bajo control y que todavía se está escapando radiación desde la instalación”. Pero, continuó el informe, “los niveles observados cerca de Estados Unidos están muy lejos por debajo de los estándares de salud y seguridad, y también lejos quedan atrás de la radiación natural”.

En febrero de 2016, Associated Press y otros grandes medios de noticias reportaron que tres ejecutivos del TEPCO, fueron procesados formalmente por negligencia en el desastre nuclear de Fukushima, incluyendo a Tsunehisa Katsumata, el jefe máximo de la corporación atómica en la época del tsunami y el terremoto.

Fuentes:

Dahr Jamail, “Radioactive Water from Fukushima is Leaking into the Pacific,” Truthout, January 27, 2016, http://www.truth-out.org/news/item/34565-radioactive-water-from-fukushima-is-leaking-into-the-pacific.

Linda Pentz Gunter, “No Bliss in This Ignorance: The Great Fukushima Nuclear Cover-Up,” Ecologist, February 20, 2016, http://www.theecologist.org/News/news_analysis/2987222/no_bliss_in_this_ignorance_the_great_fukushima_nuclear_coverup.html.

Celine-Marie Pascale, “Vernacular Epistemologies of Risk: The Crisis in Fukushima,” Current Sociology, March 3, 2016, http://csi.sagepub.com/content/early/2016/03/03/0011392115627284.abstract.

Estudiante investigador: Harrison Hartman (Sonoma State University)

Evaluador: Peter Phillips (Sonoma State University)

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