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#NoMásAFPs: un sistema que discrimina por ser mujer

10 noviembre 2016

Por Carla Bustamante Fredes / resumen.cl

Chile es uno de los 16 países en el mundo que tienen un sistema de pensiones privado y en donde la pensión recibida depende de lo que el trabajador ahorra en su cuenta de capitalización individual y de cómo su AFP realiza la gestión financiera de dichos fondos, invirtiéndola en grandes, y cuestionadas, empresas- como Cencosud o Colbún-. Si bien, luego de la Reforma Previsional que se efectuó en el 2008, en donde se instauró un “Pilar Solidario” con el fin de mejorar las pensiones, estas siguen siendo insuficientes e incapaces de cubrir las necesidades básicas de los pensionados y pensionadas de nuestro país.

Según la Superintendencia de Pensiones, para mayo del 2015 la pensión de vejez promedio era de $152.929 para los hombres y de $98.585 en el caso de las mujeres. Con este ingreso mensual, las personas que lo reciben no superan la línea de la pobreza que, cómo publicó el Ministerio de Desarrollo Social, este año se encuentra en $152.191. En ambos casos la situación es precaria, pero para la mujeres mucho más, ya que de por sí las pensiones del sector femenino son más bajas que la pensión promedio de un hombre.

Las razones para estas pensiones tan bajas son múltiples y en el caso de las mujeres esto se debe a la cultura machista que está arraigada en nuestra sociedad y que se manifiesta en factores culturales (división sexual del trabajo; invisibilización del trabajo de cuidado no remunerado; costo de la reproducción social que recae en las mujeres), económicos (menor participación de las mujeres en el mercado laboral; mayor desempleo; bajos salarios) y demográficos (envejecimiento de la población y demanda de cuidados; mayor expectativa de vida de las mujeres; afectación de la base contributiva por decisiones reproductivas). Fruto de la interacción de estos factores, las causas de las bajas pensiones de las mujeres se pueden resumir en las siguientes:

Alta tasa de “inactividad”

Aunque se ha intentado mejorar, según la Ocde, Chile es el sexto país con menor participación laboral femenina entre los países miembros con un 48,2%. En la base de ésta inactividad se encuentra arraigada la cultura machista, con una fuerte división sexual del trabajo, donde mayoritariamente el hombre cumple el rol de proveedor y las mujeres de cuidadoras y partiendo por el concepto que no reconoce el trabajo en la crianza y el cuidado como legítimo por no ser remunerado en un mercado. O sea, que todo lo que hace la mujer en su vida activa y fuera del mercado laboral, en realidad no tiene valor para los encargados de entregar las pensiones.

Una de sus expresiones es el embarazo adolescente o la maternidad como único proyecto de realización personal de algunas mujeres, lo que disminuye las posibilidades de que las jóvenes continúen educándose, exponiéndolas a trabajos informales, mal remunerados y/o a no tener acceso a la fuerza laboral. En el año 2015, el 74,3% de las mujeres que estaba fuera de la línea laboral lo hacía por “razones familiares permanentes” (NENE, Mar-Abr-May 2015) Es decir, por esta razón más de un millón de mujeres no están acumulando ahorros en sus cuentas individuales de previsión social.

Segmentación laboral y bajos salarios

Muchas mujeres reciben bajos salarios al trabajar en secciones que se consideran más “femeninas” socialmente y que generalmente representan una extensión de su rol de cuidadoras. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, INE, casi la mitad de las mujeres que trabaja remuneradamente lo hace en actividades de Comercio, Enseñanza y Servicio Doméstico. Mientras que el porcentaje de hombres que ejerce este tipo de trabajos es mínimo, lo cual no hace más que reproducir modelos y estereotipos de género que conservan a la mujer en su rol más pasivo de cuidadora o de dueña de casa.

Además, debido a la maternidad y a la falta de corresponsabilidad, generalmente deben optar por trabajos a tiempo parcial, sin posibilidades de capacitación y con menos responsabilidades. Esto, sumado al posible gasto que el empleador debería gastar en sus trabajadoras en edad fértil, en un posible pre y post natal, derecho a sala cuna, o permisos en caso de enfermedad de los hijos, no hace más que seguir reproduciendo estereotipos y justificando los bajos salarios entregados al sector laboral femenino.

Históricamente, además, se ha considerado a las mujeres como económicamente dependientes o como “perceptoras secundarias” de ingresos, definiendo –a priori– que no es necesario pagarles tanto como a sus colegas hombres, pues no necesitan “mantener a una familia”. En la base de estas segregaciones, se encuentran los agentes de socialización primaria; la familia; la escuela y los medios de comunicación masiva, quienes son los encargados de la reproducción de estereotipos académicos- en el caso de la escuela- donde a las niñas se les fomentan sus “habilidades blandas” y se estimula poco su desempeño en ciencias y matemáticas, por ejemplo.

Menor densidad de cotizaciones: Lagunas previsionales

Las lagunas previsionales -o períodos sin cotizar- son frecuentes en el caso de las mujeres, en concordancia con el ritmo de la maternidad, los cuidados y la crianza de los niños. Así, la intermitencia de la mujer en el sector laboral, sumado a la alta tasa de desempleo femenino (6,6%) va en directa inferencia en la acumulación de fondos y en su futura jubilación, ya que el actual sistema de AFPs no se hace cargo de la maternidad y de lo que ésta conlleva, discriminando aún más a la mujer, por el simple hecho de ser mujer y poder embarazarse.

En un reciente estudio del economista Ricardo Paredes -pro AFP, partícipe de la Comisión Bravo y promotor de la propuesta A- que consideró a los pensionados por vejez en edad legal de jubilación (65 años para los hombres, y 60 años para las mujeres), los resultados arrojaron que en promedio, sólo el 33,7% de las jubiladas aportó por más de 20 años a su cuenta previsional. No olvidar que el sistema fue diseñado pensando en una cotización constante durante 35-40 años, es decir, por toda la vida laboral. Es decir, dicho estudio responsabiliza a las propias mujeres por recibir bajas pensiones.

Las mujeres son más propensas a sufrir estas lagunas previsionales y el sistema actual de pensiones no las protege del fenómeno, no reconoce su rol de madre y cuidadora como un trabajo en sí, por no ser remunerado y no entrega facilidades ni seguridad a las mujeres que deben dejar de trabajar en algún periodo de su vida o que no han trabajado remuneradamente en general. Las discrimina y las segrega, les hace el vivir aún más difícil, por el sólo hecho de nacer biológicamente mujer.

Mayor esperanza de vida

Actualmente en Chile, según el INE, las mujeres tienen una esperanza de vida mayor a los hombres, con 81,7 años para ellas y 76,5 años para ellos. De igual manera, la esperanza de vida al momento de jubilar es mayor para ellas, con un promedio de 21,2 años, mientras que para los hombres es de 17,9 años. Por lo tanto, incluso con igualdad de sueldos y número de cotizaciones que un hombre, una mujer tendrá menor pensión en un sistema de capitalización individual, pues deberá solventar un mayor número de años de inactividad tras la jubilación.

De esta forma, se hace urgente abolir el actual sistema de pensiones, que no sólo no está garantizando una buena jubilación para las personas que deseen retirarse del mundo laboral, sino que además, acentúa e incrementa las desigualdades de género, al incentivar estereotipos y al discriminar y segregar a la mujer por contar con una edad fértil y por tener una esperanza de vida mayor que la del hombre. Al respecto, el vocero comunal de la Coordinadora No Más AFP en Concepción, Bernardo Neira comenta cómo se busca combatir esto, desde la propuesta de un Sistema de Reparto, Solidario y Tripartito.

“En la Propuesta de Sistema de Reparto, Solidario y Tripartito se elimina la variable de expectativas de vida en el cálculo de pensiones para las mujeres y hombres.

Además, se eleva la tasa de reemplazo a un 70% del sueldo en vida activa como Pensión Garantizada, con esto casi se triplica el monto que las AFPs entregan a las mujeres que se van a pensionar, y eleva a 260 mil pesos la Pensión Universal que, si se compara con las Pensiones Básicas que reciben las mujeres -$98.585-, el monto se triplicaría. Y, finalmente, para las mujeres que cotizaron se les asegura un monto que parte en 260 mil pesos” afirma.

De este modo, si a los bajos salarios sumamos alta inactividad, informalidad, desempleo, menor edad de retiro y sistema de capitalización individual, es esperable que las mujeres tengan bajas pensiones y menores que las de los hombres. Pero no hay que olvidar que esta precariedad laboral no es antojadiza, sino que responde a los roles de género tradicionalmente asignados y a la fragmentación productiva, social y sindical promovida desde la dictadura pinochetista. Se hace necesaria la conformación de nuevas políticas en donde se redefinan y se redistribuyan de forma equitativa los roles, tiempos y recursos del hogar y en el ámbito público. Así y sólo así, tomando responsabilidades y cuestionándose los actuales beneficios, es como se podrán eliminar la serie de desigualdades laborales que aquejan a las mujeres y que se ven reflejadas al momento de jubilar.

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