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Crónica de Ruperto Concha: "Demografía" E-mail
Escrito por Ruperto Concha (resumen.cl)   
Martes, 28 de Mayo de 2013 14:51

PARTE 1

PARTE 2

En Chile impactó fuerte, y sigue provocando ásperas discusiones, ese anuncio presidencial del 21 de mayo, de dar una propina de incentivo a las mujeres que parieran un tercer hijo. En realidad, la idea no surgió del singular ingenio del presidente Piñera. No. Piñera se apropió de una idea planteada en 2011 por el presidente de Rusia Dmitri Medvedev, quien estaba preocupado por la contracción de la población de su país, desde 288 millones 600 mil habitantes en 1989, a sólo 139 millones en 2001, según informe del Banco Mundial. Es decir, en sólo doce años la población de Rusia habría disminuido en casi 150 millones de habitantes.

En Chile, por el contrario, la población está aumentando a una velocidad alarmante. En la última década la población creció en algo más de un millón y medio de habitantes, de 15.116.450, a 16.634.610. O sea, a un ritmo de aumento de ciento cincuenta mil personas adicionales por año.

En el caso de Rusia, la preocupación estaba bien justificada, pues la natalidad era insuficiente para compensar la mortalidad natural. La relación es de 160 muertes naturales al año, por cada 10 mil habitantes, frente a sólo 105 nacimientos en el mismo período. Es decir, un fenómeno completamente distinto del de Chile.

Cuando el presidente Medvedev envió su proyecto al Parlamento, los diputados reaccionaron severamente. De hecho, tanto un sector amplio del propio bloque oficialista, como la oposición derechista y los comunistas, calificaron el proyecto como una acción populista, del gobierno, en la forma que llevaba. Por ello, lo modificaron en un cuerpo legal amplio y complejo que no se basaba en propinas o bonos populistas, típicos de la cercanía de elecciones.

Lo que finalmente se aprobó en Rusia fue una política de fuertes inversiones sociales, particularmente en educación, sobre todo técnica e industrial, y un incremento enorme en el número de becas, más otros alicientes como un sistema de auxilio en vestuario y alimentos para cada uno de los colegiales de las familias de ingresos insuficientes, además de seguros médicos durante todo el período estudiantil de hijas e hijos.

La verdad es que desde 2011 la discusión sobre el brutal crecimiento demográfico de nuestra especie ha alcanzado una intensidad dramática, particularmente a la luz de las cifras y estadísticas que se relacionan no sólo con la crisis económica generalizada, sino con el contexto profundo de las causas de esa crisis.

Los defensores de la economía neoliberal son enemigos acérrimos de frenar o detener la explosión demográfica. Y para publicitar su miedo a que la humanidad deje de aumentar su número, ellos acuñaron una expresión que es básicamente una falacia, una falsedad. Es lo que ellos llaman “el envejecimiento de las naciones”.

Con eso tratan de hacer creer a la opinión pública que si no hay aumento de la población, pronto dejaremos de ver niños o jóvenes, y ante nosotros se extenderá una multitud de carcamales decrépitos.

Obviamente eso no es así. Basta echar una mirada a cualquier calle europea para ver que ese supuesto envejecimiento es irreal. De hecho, el punto de equilibrio de la población de un país se produce cuando las mujeres tienen un promedio de dos hijos. Es decir, dos recién llegados que a su debido tiempo reemplazarán a sus padres cuando estos ya no estén.

Usando las cifras del ejemplo de Rusia, tendríamos que la media de 160 muertes anuales por cada diez mil personas, se enfrentaría a una media de también 160 nacimientos por diez mil.

Si en Chile se lograra una planificación familiar suficiente para estabilizar nuestra población, con una maternidad promedio de dos hijos por mujer, seguiríamos viendo exactamente la misma cantidad de niños que vemos actualmente.

Es decir, ese supuesto envejecimiento es una falsedad. Pero, como siempre ocurre, las falsedades aparecen cuando se quiere encubrir alguna otra maniobra que en realidad sirve a otros intereses que tienen poco o nada que ver con ese supuesto anhelo de felicidad para las mujeres que dicen sentir los políticos, los gobernantes y, los empresarios, sobre todo los operadores financieros.

¿De qué se trata entonces?...

Eso de que hay un envejecimiento de la población mundial es una realidad únicamente dentro de la práctica económica neoliberal. De hecho, como lo ha definido el economista y Premio Nobel Joseph Stiglitz, la práctica neoliberal como se impuso en los últimos 30 años, es exactamente una aplicación del esquema de Ponzi, eso que en Chile hemos llamado “La Pirámide”.

La ganancia financiera se produce a través de enormes emisiones de dinero, que invariablemente tiene carácter de deuda. Esa deuda siempre se paga con intereses. O sea, las entidades financieras cobran más de lo que entregaron. Así, para que se pueda pagar la deuda existente y se ponga en juego una nueva oleada de deuda, la cantidad de deudores tendrá que ser cada vez mayor. Si no aumentan los deudores, la pirámide pierde su base y se derrumba.

Esta pirámide resultó clarísima sobre todo en la previsión social y las prestaciones sociales de los estados a la gente común, particularmente a las personas de mayor edad, los jubilados.

El financiamiento de las prestaciones del Estado se estructuró con el mismo modelo de la Pirámide: Los trabajadores jóvenes, con sus imposiciones, debían financiar los servicios de los trabajadores retirados. Eso podía funcionar bien mientras el número de trabajadores nuevos y recién ingresados, fuese considerablemente mayor que el número de los que jubilaban o quedaban discapacitados.

Pero año tras año, los avances de la ciencia y la tecnología se traducen en dos fenómenos muy claros. Por un lado, la gente vive más años manteniéndose con razonable buen estado de salud. Y, por el otro, nuevas máquinas e instrumentos aumentan la productividad de todas las industrias, pero a la vez hacen que un número cada vez mayor de trabajadores humanos se vuelvan innecesarios. Y por supuesto, esas máquinas e instrumentos son parte del capital y no del concepto “trabajo”.

La población económicamente no productiva está siendo cada vez mayor, a la vez que las ofertas de trabajo disminuyen. Y fuera de eso, sobre todo en Europa y los países más desarrollados de Asia, las familias están reduciendo el número de hijos. Es decir, la Pirámide de Ponzi no sólo se esta quedando sin base. Peor aún, parece estar invirtiéndose, y en vez de crecer en su base, comienza decrecer.

Y, detrás de este decrecimiento no planificado, ha llegado la crisis que de hecho ha derrumbado ya muchas de las mayores economías mundiales, sobre todo en Europa, a partir de Grecia, Irlanda, Portugal, Italia, Francia y España, además de Gran Bretaña que ya está también en plena recesión.

En Estados Unidos, también el financiamiento de los servicios sociales del Estado son una parte decisiva en la crisis actual. Los programas de servicio a la gente mayor, sólo en el año 2010, tuvieron un presupuesto de 1 millón 600 mil millones de dólares. Más de la mitad del total del presupuesto no militar de ese año. Y ahora, llegada la edad de retiro de la llamada “generación de los baby boomers” la cifra aumentará a un volumen enorme.

Los llamados “baby boomeres” fueron la generación de las décadas de gran prosperidad en Estados Unidos, en que se puso de moda para la clase media acomodada tener muchos hijos como demostración de solvencia económica y status social.

Según el economista político Nicholas Eberstadt, tanto en Europa como en Estados Unidos, el costo de los servicios del estado a los adultos mayores está llegando a la mitad del gasto total de cada nación.

Ello, por supuesto, hace inimaginable que ese enorme presupuesto tenga que depender del aumento de la población y del supuesto aumento de pagos que harán los supuestamente nuevos y más numerosos trabajadores que supuestamente se integrarán a la vida laboral.

Sobre todo, atendiendo a la realidad de que, por ejemplo, Estados Unidos ha disminuido 9 millones de puestos de trabajo que existían hacia 2011, debido a sus ex portaciones de inversionistas hacia países donde los trabajadores ganan apenas una fracción de lo que los norteamericanos ganaban por hacer igual trabajo.

Ahora se está planteando la tesis de que el gasto social de los estados debe financiarse sobre todo a través de impuestos al valor agregado que generan las industrias. Es decir, ya que menos trabajadores ahora producen más mediante las nuevas tecnologías, debe ser esa mayor producción la que financie el gasto social del estado.

La socióloga británica Lisa Hymas, que además es asistente social, entrevistada por el periódico The Guardian, hizo un ferviente llamado a las activistas de los derechos de la mujer, promoviendo la consciencia de lo que es la planificación familiar. Según ella, se ha tratado de inducir en la opinión generalizada de las mujeres una noción egoísta e irracional respecto de la maternidad. De hecho, Lisa Hymas señala que de ha tratado de convencer a las mujeres de que tener guaguas es un recurso contra la depresión y la frustración existencial. O sea, que las guagüitas tienen un “efecto farmacéutico”.

En realidad, señala la dra. Hyman, a menudo una maternidad no verdaderamente deseada suele tener precisamente un efecto contrario. Produce frustración al limitar las posibilidades de desarrollo personal de la mujer, y a la vez recarga las necesidades económicas familiares.

Pero sobre todo, la dra Hyman enfatiza que no basta con pensar que son los países más ignorantes y pobres los que siguen teniendo explosión demográfica, esos países donde las mujeres, por falta de educación y apoyo social, echan al mundo parvadas de niñitos y niñitas a los que no tienen cómo darles de comer, ni menos cómo darles acceso a la medicina o a una educación eficiente.

Utilizando cifras oficiales, la Dra Hyman recalca que, en términos de polución planetaria y consumo de recursos, cada niñito que nace en países como Estados Unidos, Alemania, Japón, Suecia, China, Corea del Sur, entre los más relevantes… cada niñito que nace allí, repito, equivale en su efecto polucionador a más de 25 niñitos que nacen en el mundo subdesarrrollado.

Es decir, según la doctora Lisa Hyman, la responsabilidad planetaria en el mundo desarrollado o en avanzadas vías de desarrollo, es 25 veces mayor que la responsabilidad de los países más subdesarrollados.

Y ella ilustra esta responsabilidad con un ejemplo: una familia de Etiopía o de Uganda, consume un kilo de carbón o su equivalente en leña, para cubrir sus necesidades energéticas diarias. Una familia de Estados Unidos, para cubrir necesidades equivalentes, consume cada día 25 kilos de carbón o su equivalente en petróleo o gas natural.

Todos los informes científicos serios y fundamentados en la realidad concreta y verificada, todos y prácticamente por unanimidad, muestran que la alteración del clima está en relación directa e inocultable con el aumento abrumador de la población del planeta, con su obvia secuela de consumo, emisión de desechos y agotamiento de recursos naturales.

Cuando miramos el calendario del aumento de la población, salta a la vista cómo al comienzo el crecimiento demográfico era lento y seguía el ritmo de los procesos naturales. De hecho, pasaron muchos miles de años antes de alcanzar la primera cifra enorme de mil millones de habitantes.

Los estudiosos en procesos demográficos históricos, estiman que 8 mil años antes de Cristo, cuando recién se fundaban las primeras ciudades como Ur de los caldeos, y en Palestina, los cananeos fundaban Jericó y Jerusalén la población humana total debe haber alcanzado una cifra en torno de los 5 millones de personas. Fíjese bien: toda la humanidad de entonces, entera, cabría en la actual ciudad de Santiago de Chile, y aún habría dejado casas y edificios vacantes, como espacios sin ocupar.

No hay manera de establecer la fecha suficientemente aproximada en que nació la guagüita número mil millones, pero se estima que debe haber sido alrededor de 1805, mientras Napoleón Bonaparte avanzaba victorioso cambiando para siempre la faz de Europa… y, claro, cuando nuestro querido Ludwig Van Beethoven, que ya estaba sordo, escribía esa cumbre de la música, que es la Novena Sinfonía, incluyendo el poema de Schiller “Oda a la Alegría”.

O sea, pasaron como 10 mil años hasta que la humanidad llegó a tener mil millones. Y, fíjese Ud. bastaron sólo 120 años para que esa cifra se duplicara. En 120 años, hacia 1925 o quizás 1930, la Humanidad llegó a los dos mil millones.

Bueno 10 mil años para el primer millar de millones, y 125 años para el segundo. ¡Vaya aceleración! Pero eso era poco. Para alcanzar los 3 mil millones, bastaron apenas 30 años, pues la guagüita de los 3 mil millones nació al parecer en 1959, en plena Guerra Fría.

Pero incluso 30 años era mucho. Bastaron sólo 15 años más, y la población humana llegó a los 4 mil millones. Ya con esas cifras de explosión demográfica hubo un número importante de hombres de ciencia que comenzaron a preocuparse del tema. En 1968, el gran médico y Premio Nobel de Biología, Paul Ehrlich, publicó su libro “La Bomba Poblacional”, advirtiendo que la explosión demográfica comenzaría a tener efectos desastrosos ya hacia 1970… Lo que, de hecho se cumplió según los análisis del origen del cambio climático.

Pero para entonces íbamos apenas en los 4 mil millones.

Los 5 mil millones llegaron oficialmente el 11 de julio de 1987, según las Naciones Unidas, aunque los organismos científicos especializados afirman que esa cifra se produjo un año antes. Hubo algunos empresarios y publicistas que trataron de convertir esa fecha en una fiesta. Pero en los círculos científicos y en los altos grupos de análisis político, la cifra de 5 mil millones comenzó a ser tomada con clara preocupación. El Presidente del Instituto Americano de Demografía y Población, declaraba en el New York Times que la cifra de 5 mil millones es un llamado a la cordura y a enfrentar la explosión demográfica y las amenazas que entraña.

Pasaron apenas 12 años más, y el 12 de octubre de 1999 nació en Bosnia el pequeño Adnán Nevic, que este año cumplirá 14 años, y que entonces fue homenajeado como el Bebé número 6 mil millones. Supuestamente, llegábamos al siglo 21 con una multitud de 4 mil millones de personas más de las que había en la época en que se bailaba Charleston y Alemania había perdido la Primera Guerra Mundial..

Y, sólo 11 años después, las Naciones Unidas anunciaron el nacimiento de la guagüita número 7 mil millones, supuestamente en el estado de Uthar Pradesh, en la India, donde si Ud reúne a 10 mujeres, reunirá también a 38 niñitos y niñitas, pues la taza de fertilidad es de 3,8 criaturas por mujer.

En tanto, las consideraciones que formuló el británico Thomas Malthus a finales del siglo 18, se han vuelto súbitamente respetables. En 1795, Thomas Malthus formuló un sencillo diagnóstico que decía “El poder de reproducción de la especia humana es tan desmesuradamente mayor que el poder de regeneración de recursos de la Tierra, que llegará el momento en que no habrá subsistencia, y la muerte prematura, de una u otra forma, llegará a los seres humanos”.

Según los cálculos de los especialistas, hay fuerzas políticas que instan a mantener una alta tasa de natalidad que, si se mantiene, hace prever que todavía la población mundial aumente hasta 9 mil millones hacia 2050.

Pero, si tuvieran éxito esos políticos como Piñera que siguen apostando al aumento ciego de la población a fin de tener más consumidores que se endeuden con los bancos y los supermercados… bueno, se estima que en ese mismo plazo la población podría llegar hasta 15 mil millones de personas.

Ellos se dicen “optimistas”, y hay un viejo cuento que dice que cuando un optimista se cayó desde el décimo piso, lo escucharon decir “¡Hasta aquí voy bien!” cuando pasaba frente a la ventana del segundo piso.

Sequías, súper tornados y súper huracanes en Estados Unidos, el Caribe y el Mar de la China... Por primera vez aparecen tornados y trombas marinas en Rusia, en Brasil y en el océano ártico. Microbios y parásitos están haciéndose más poderosos. Incluso se está difundiendo a nivel mundial la alarma por una nueva cepa de influenza aviar que ahora sí que se contagia fácilmente a los humanos y entre los humanos.

Hay agotamiento crítico de acuíferos y ríos en grandes zonas de Estados Unidos, África, Australia y Asia. Países climáticamente marginales, como Chile, también presentan escasez de lluvias, avance de la desertificación y agotamiento de los mares.

Un gran porcentaje de los yacimientos mineros están ya agotados o son explotables sólo a alto precio... y en estos momentos la contaminación de gases con efecto invernadero ha alcanzado un nivel sin precedentes, pues que las potencias industriales hacen caso omiso de los acuerdos ecológicos internacionales.

¿Cómo podríamos extrañarnos de que los jóvenes e incluso los niños ahora desconfían de los que somos adultos, y sienten que los hemos traicionado y les hemos arruinado el futuro que les pertenece a ellos?... A mi me da mucha vergüenza. Y estoy seguro de que a Ud. le ocurre lo mismo.

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Comentarios  

 
0 #2 hernan 05-06-2013 03:00
Resulta que la población chilena sería de 15.8 M, y no de 16.3.
Por lo tanto tenemos una población cada vez más vieja, que no se reproduce, que no produce, y que gasta más en requerimientos médicos; tampoco es apta para una guerra.
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+1 #1 hernan 31-05-2013 23:36
La nueva cepa de virus aviar no es natural, es el resultado de manipulación genética en laboratorios de UE y USA con claros fines bélicos y depoblación del mundo. Usando hurones obtuvieron virus trasmisibles entre mamíferos, los que tienen un 50% de letalidad y pueden ser esparcidos por drones. No son sensibles a Tamiflu. Han aparecido en Arabia.
En todos los países desarrollados hay un descenso de la natalidad, por ej. en la UE la población de 497 M descenderá a 493 M en 2050 y ello especialmente en la población blanca; así mismo se observa un envejecimiento, por ejemplo en USA el 13% mayor de 65 años, pasará a 78%, de modo que esas mujeres no se reproducirán en absoluto, y los hombres escasamente (v. Brzezinski, Strategic vision).
El objetivo próximo de los neocon es la declinación drástica de la humanidad (excepto los germanos, anglosajones y judíos) del orden del 90%, por medio de guerras, hambres, epidemias, etc.
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