Estallido social en Grecia

altLa ciudadanía griega mostró ayer, en una de las mayores movilizaciones que ha vivido este país, su furia y su rechazo al plan de ajuste económico impuesto por la Comisión Europea y el FMI con el fin de reducir el déficit público.

Las masivas manifestaciones, «las mayores jamás organizadas en Grecia», según el principal sindicato del sector privado, fueron reprimidas por la Policía, y en Atenas los gases lacrimógenos lanzados por unidades antidisturbios se mezclaron con la humareda de contenedores incendiados, pero también ardieron automóviles y la sede de una oficina de inspección de Hacienda. Por la noche las calles céntricas mostraban el aspecto de los restos del una batalla campal.

En uno de esos incendios, tres personas murieron en una sucursal bancaria de la capital griega. Una de las tres personas que murieron era una mujer embarazada y empleada del banco, según la prensa local.

La empleada del banco pereció de asfixia, al igual que sus compañeros, cuando intentaba escapar de las llamas a una planta superior del edificio situado en el centro de la capital.

Las otras dos víctimas mortales eran un hombre y otra mujer, también empleados del Marfin Eganatia Bank, propiedad del magnate griego Andreas Vgenopulos, considerado como uno de los hombre más ricos del país. Una cuarta persona sufrió heridas graves tras arrojarse desde un balcón para huir de las llamas, según la Policía. El ministerio de Sanidad informó de la hospitalización de cuatro heridos por este incendio.

La noticia corrió como la pólvora entre los participantes en las protestas, lo que exacerbó aún más los ánimos, como pudo comprobar Efe en los alrededores de la Plaza de Sintagma, donde a media mañana ya habían comenzado las cargas policiales frente al Parlamento, asediado por decenas de miles de personas.

«Que se queme, que se queme, el burdel del Parlamento», corearon algunos de los manifestantes. También se escucharon gritos contra la Policía entre los más de 100.000 manifestantes, según los sindicatos, que se reunieron bajo el lema «Que paguen los ricos».

En las pancartas podían leerse lemas contra los organismos internacionales que han impuesto a Grecia los recortes a cambio de préstamos y contra el Gobierno. En la entrada del Parlamento, cuando los manifestantes intentaron romper el cordón policial, los policías lanzaron gases lacrimógenos, que invadieron todo el centro de la capital, así como bombas de ruido y gas pimienta, y los incidentes se extendieron por el centro de la ciudad.

Furia popular

Según France Press, se lanzaron cócteles molotov contra comercios, policía, bomberos y una oficina de hacienda. Según la Policía, 44 personas resultaron heridas. En otras ciudades griegas, como Salónica, Patras e Ioanina, también se produjeron protestas y daños materiales.

El gobierno había declarado el estado de alerta en Atenas y había ordenado a las fuerzas policiales que se mantuvieran en sus dependencias para estar dispuestas a intervenir, ante la previsión de las protestas.

Mientras las calles y avenidas del centro de la capital griega eran el escenario de la furia popular por el draconiano plan de recortes anunciado por el Gobierno. El primer ministro heleno, Yorgos Papandréu, fue al Parlamento, donde compareció ante la comisión de Asuntos Económicos para defender el plan de austeridad aprobado el domingo a cambio de una ayuda de 110 millones de euros por parte del FMI y de la zona euro.

Papandréu dijo estar consternado por lo que calificó como «tragedia» y «asesinato», en referencia a las tres muertes, y defendió, una vez más, las «decisiones difíciles y responsables» adoptadas para «salvar al país».

El presidente de Grecia, Carolos Papúlias, declaró que «el país ha llegado al borde del abismo» tras lamentar las muertes en el incendio de la oficina bancaria. «Ahora está en nuestras manos si damos el salto al vacío», añadió el jefe de Estado. Por su parte, el ministro para la Protección del Ciudadano, Mijalis Jrisojoídis, declaró que «hoy es un día negro para la democracia». Todos los partidos políticos de oposición condenaron también el ataque contra la sucursal.

Por su parte, los sindicatos de empleados de banca convocaron una huelga para denunciar las tres muertes. «El tráfico suceso que ha hecho perder la vida a tres compañeros es consecuencia de las medidas antipopulares que han desatado la cólera popular» indicó en un comunicado la Federación de empleados de banca OTOE.

«El Gobierno tiene una seria responsabilidad porque parece no haber tenido en cuenta la gravedad de las consecuencias que sus decisiones van a tener en la sociedad griega», añadió.

La huelga general convocada ayer por los sindicatos griegos es la cuarta en lo que va de año y paralizó el tráfico aéreo, marítimo y ferroviario en todo el país, mientras que el metro de Atenas funcionó sólo a horas convenientes para ir a las manifestaciones.

Stazis Anesti, portavoz de la confederación de trabajadores GSEE, declaró a Efe que «la participación en la huelga ha superado el 80% en los puestos de trabajo».

La jornada se saldó además con una nueva caída de la bolsa de Atenas, que cerró con un desplome del 3,91%.

«Los trabajadores no vamos a pagar los platos rotos»

La rabia de los manifestantes frente al Parlamento griego era manifiesta. «Es el principio de una gran guerra -afirmaba a France Press Helene Galani, una periodista que participaba en la huelga- ¿O es que alguien se pensaba que íbamos a permanecer de brazos cruzados mientras pisotean nuestros derechos como trabajadores y dejan a nuestras familias en la ruina»?

«En Grecia somos siempre los trabajadores los que pagamos los platos rotos y esta vez no lo vamos a consentir. Vamos a seguir protestando, a diario si es necesario», afirmó el secretario general del sindicato de funcionarios Adedy, Ilias Ilioipoulos.

Un funcionario opinó que el gobierno no va a recular con un solo día de huelga «Tenemos que permanecer en la calle un mes. Y cada vez más griegos se nos unirán porque la situación va a ir a peor», añadió. GARA

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