La realidad de El Morro no es la de una “aldea”.

altLa Caleta El Morro fue golpeada abrupatamente por el maremoto. Casí la totalidad de las 196 familias de la caleta, lo perdieron todo, el resto pudo salvar su casa, aunque la mayor parte de sus enseres los destruyó el mar.

Viven en un sitio contiguo al histórico estadio El Morro, en carpas rusas. Aquí han recibido 20 mediaguas, hasta el 03 de mayo, pero su preocupación no es la recepción de ellas, sino que es el tiempo en que vivirán en ellas.

Alfonso Alvear, representante de los damnificados, afirmó a Resumen que los acosa la incertidumbre a cerca del tiempo que estarán bajo esta situación. Tienen el antecente de que para el maremoto de 1960, antiguos vecinos damnificados de Rocuant, estuvieron 14 años viviendo en un campamento, supuestamente de emergencia y en el mismo lugar que ellos están actualmente.

Este mal augurio se confirma con los antecedentes de que en Chile, lo provisorio tiene carácter de definitivo. De hecho, el Gobierno ya le puso un buen nombre a estos campamentos: Aldeas. En un tiempo más tarde, será difícil imaginar que en una “aldea”, más de 500 personas tengan que compartir 20 bañosalt químicos, que los niños se revuelcan del dolor estomacal, causado por las infecciones gastrointestinales, que las familias viven en un estado de tensión constante, producto de la falta de intimidad y de espacios propios o producto de la cesantía y de los sueldos miseria.

Dentro de las imagenes que evoca la palabra Aldea, no están la angustia, la frustración, las moscas o la hediondez. “Aldea” evoca armonía y conformidad. “Aldea” es el nuevo invento de la vieja técnica de cubrir la verdad con parches y maquillaje.

Don Alfonso dice que el 80% de los vecinos de El Morro son pescadores artesanales, por lo que muchos de ellos están cesantes, pues perdieron sualts medios de trabajo. La falta de trabajo se suma a que desde el 27 de abril dejaron de recibir las raciones alimenticias, enviadas por el Estado, por lo que es nuevo gasto gasto que deben afrontar.

El riesgo sanitario que representan los baños químicos, descargados cada 4 días y el de las moscas que invaden, especialmente el sector, donde antiguamente estaba el Regimiento Aldea, se suma a la falta de electricidad. Algunos vecinos compran bencina para echar a andar un generador eléctrico y otros reciben electricidad del sistema público. Sin embargo, en ambos casos, el suministro es inestable y no permite a nadie cumplir con sus quehaceres con normalidad.

Los niños y jóvenes que deben estudiar, lo hacen con una serie de obstáculos, como la falta de espacio y la falta de luz en las tardes y noches.

Los vecinos afirman que las mediaguas han sido entregadas bajo el criterio de: una casa destruida, una mediagua. En las casas destruidas podían vivir familias numerosas o incluso más de una familia que no caben en una mediagua, por lo que han tenido que seguir usandolas para dormir. alt

La demanda de los vecinos de El Morro es la misma que puede escucharse de parte de todos los damnificados: Casas Dignas, nada más ni nada menos.

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