En Penco

Vecinos pagan las consecuencias de la construcción sobre humedales

altVecinos de la población Baquedano y Villa Esperanza han sido distribuidos en diversos campamentos al interior de Penco. Estas dos poblaciones vecinas en Cerro Verde Alto, tienen una historia en común; estaban construidas sobre humedales, con un relleno que nunca fue bien compactado, según indican los vecinos.

Elizabeth Soto, nos cuenta que Baquedano surgió como una población “emergencia”, luego que un incendio arrasó con varias casas en el sector Villa Alegre, hace ya 23 años. Ocho años más tarde, en 1995, se construyó la población Villa Belén, junto a la Baquedano.

Para rellenar el terreno, los vecinos de Villa Esperanza señalan que se extrajo tierra de un morro del sector Refugio, donde hoy se ubica el puerto de Lirquén. Al echar esta arena no se hizo una canalización de las aguas que “invierno y verano salían por las faldas del cerro”, según denuncian.

Esta irresponsabilidad cobró sus consecuencias, pues los terrenos que sostenían estas poblaciones cedieron, provocando la destrucción de las viviendas. Elizabeth plantea que ellos no deberían pagar las consecuencias, sin embargo lo están haciendo. El Serviu acudió una vez, pero no ha ido más. La Municipalidad tampoco ha dado respuestas a su preocupación por los terrenos que eran de su propiedad.

Mientras la incertidumbre asola, los vecinos han recibido mediaguas en condiciones paupérrimas de construcción.

El campamento en que viven vecinos de Villa Esperanza se hizo conocido por la quema de una mediagua que realizó una vecina, en reclamo por las condiciones que implica vivir en ellas. Los vecinos Fabriciano Castro y Norma Bascuñán cuentan que los militares hicieron las mediaguas a su antojo.

El alcalde Guillermo Cáceres les había prometido mediaguas con forros y ventanas de vidrio. Pero, como ventanas, recibieron un bloque de tablas un poco más gruesas que las de un cajón de tomates y como aislante térmico, “lana de celulosa” que no es otra cosa que papel de diario picado que fue pegado a todas las paredes y que con la lluvia de mayo se mojó completamente.

Esta “lana de celulosa” era un peligro, no sólo por la humedad y los hongos que alberga, sino porque los vecinos se calefaccionan con braseros, corriendo el riesgo que este papel picado se queme. Esto tampoco   fue considerado al repartir el impermeabilizante que, al ser un plástico, es inflamable.

Recién el día jueves 06 de mayo recibieron 4 baños químicos para 120 personas, pero estuvieron 15 días con solo uno.

Don Fabriciano dice que lo que se puso como techo, en realidad es lata de recubrimiento lateral y los clavos que la sujetan a las vigas de la mediagua, son clavos comunes y corrientes, sin la protección para el agua lluvia. Pero el agua no sólo se filtra por los bordes de los clavos, sino que por los agujeros que los militares dejaron cuando se equivocaban de lugar para clavar.

Después de la primera lluvia, el alcalde envió la gran solución: plástico. Así Cáceres obedeció a su correligionaria UDI, la intendenta Van Rysselberghe, cuando afirmó que ante un frente de mal tiempo “lo que vamos a hacer, aunque sea medio rudimentario, es entregar plástico al por mayor”.

Otro tema son los chocos que levantan la mediagua del suelo. Comúnmente, estos se llaman pollos o pilotes y son de cemento. Los de estas mediaguas son de pino y tienen un grosor irregular que oscila entre los 3 cms y los 20 cms. Cuando le falta altura, se le pone madera que la complete.

La lluvia no sólo entró por las perforaciones del techo, sino que también por las junturas entre los paneles y el piso. Esto porque los paneles los pusieron sobre el piso, lo que permite que el agua caiga en el borde del piso y entre bajo el panel hacia el interior de la mediagua. Todos los arreglos que les han hecho, han sido con los materiales que quedaron de sus destruidas casas.

El regreso de las fonolitas
A mediados de mayo, las familias de la población Baquedano comenzaron a vivir en las mediaguas que les asignaron. Aparte de que sólo hay 11 baños químicos para unas 150 personas, no tienen electricidad ni agua potable, los vecinos se llevaron la sorpresa que el techo era de la histórica fonolita; piezas de cartón cubiertas con alquitrán que las hace impermeabilizantes.

Fonolita fue la marca de una pieza de construcción usada por los pobladores de las “antiguas callampas” para construir sus techos. Se supone que el Chile del siglo XXI las había dejado en su historia, pues la masiva producción de techos de zinc y su consiguiente baja de precio permitió que la mayoría pudiese acceder a estos.

Sin embargo, ahora, la cosa es distinta. El precio de los materiales de construcción se ha elevado y los pobres siguen tocando lo peor; esta vez fue fonola.


Hasta el 19 de mayo, la Municipalidad tenía el siguiente registro del estado de las viviendas en Penco.

1748     casas inhabitables
437       casas inhabitables recuperables
842       casas con un colapso parcial
467       casas con un colapso total

Este catastro, aun está en construcción y sus cifras están sujetas a la pugna que vecinos tienen para que sus viviendas sean consideradas inhabitables. En casos como en Centinela en Talcahuano, los vecinos luchan para que sus viviendas sean declaradas inhabitables y aunque los daños estructurales lo ameritan, las instituciones todavía no lo hacen. Esto también puede pasar en Penco, por lo que nada está dicho aún.

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