¿Por qué un neoliberal en el Ministerio de Educación?

¿Por qué un neoliberal en el Ministerio de Educación?

En la década del 50, Tom Davis, académico de la Universidad de Chicago pronosticó que el sistema económico chileno tenía un gran defecto, los capitales de la seguridad social, que podría transformarse en una fortaleza. El sistema de seguridad social chileno de ese tiempo proveía de una cuantiosa suma de capitales que, si se invertían de buena forma en el mercado, lo dinamizaría dándole recursos bastante valiosos, pues son fondos que práctcamente no son reclamados hasta la edad promedio de jubilación. El académico señalaba, por cierto, sus dudas acerca de si esto se podría lograr en un país democrático.

Todo proceso de producción capitalista requiere una acumulación de capital, lo que Adam Smith   -uno de los fundadores del capitalismo- denominó “previous accumulation”. En el fondo quiere decir que si usted quiere instalar un negocio, necesita una determinada cantidad de recursos para financiarlo.  Usted podrá señalar que eso lo pueden hacer solo las personas con dinero, lo que es cierto. Pero el cuestionamiento no se agota ahí, porque da lugar a la pregunta acerca de como los ricos generan riqueza.

La revolución industrial a la par del capitalismo naciente de hace unos siglos, generaron su riqueza a través del trabajo de la mano de obra esclava, a través del robo, la matanza y la esclavización a los indígenas en América y el saqueo de Oriente, etc. Su previous accumulation es en el fondo, la violencia perpetrada por las potencias imperiales de esa época. Es lo que oculta el sistema, su acumulación originaria.

El sistema económico capitalista tiene crisis cíclicas -que se producen cada cierto tiempo- pues está  gobernada por el caos de la producción, por la voluntad de generar más riqueza del capitalista. Las crisis capitalistas a lo largo de la historia han sido pagadas por los marginados por el sistema. Es así como ocurrió en la crisis del 80 en Chile. Una de las figuras eponimas del neoliberalismo- José Piñera, hermano del Presidente Sebastián Piñera- hizó efectivas las sugerencias de los economistas de Chicago y le dio dinamismo al sistema chileno: generó los sistemas de AFP’s e ISAPRE, que invirtieron y siguen invirtiendo en negocios de los dueños de esas instituciones. Hasta la fecha de hoy, seguimos sufriendo sus consecuencias; jubilaciones miserables y acceso según ingreso a la calidad del sistema de salud.

Las medidas en educación fueron similares, es en los 80 donde se genera el sistema de subvenciones a privados por entregar el producto educativo. Mediante este sistema, las subvenciones financian los  negocios de los sostenedores, negocios que también se llaman universidades. Por eso el fin al lucro con la educación es una demanda histórica y estratégica, pero poco comprendida. Las subvenciones del sistema escolar y los AFI y AFD del sistema universitario, el pago de aranceles en las universidades permiten generar sacos gigantes de capital que se pueden invertir en otros negocios. Por eso solo hay y habrá, si los afectados no logran detenerlo, solo tecnócratas en los cargos importantes de educación. No hay interés de poner fin a la educación de hoy, desigual, segregadora y de mala calidad porque el sistema educativo chileno produce acumulación de capital.  

Meten las manos en nuestros bolsillos, cobrándonos por nuestros derechos, para financiar la inversión privada.

Las medidas del neoliberal Lavín- que clasificó de revolución silenciosa, el abuso de los neoliberales defendido por la  dictadura- van en la senda de amarrar el sistema de subvenciones, tanto en la escolaridad como lo universitario y técnico profesional. En como consolidar la segregación en el sistema escolar-rememorandonos su militancia opus dei- y en profundizar aún más la privatización de los recursos en las universidades. El hombre trabaja en silencio, o mejor dicho, a espaldas de los estudiantes, docentes y la comunidad.

En manos de los estudiantes está desenmascarlo, ya que la actitud del colegio de profesores, los últimos años, deja mucho que desear.

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