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Salud dental:¿Cómo proteger nuestros dientes?

altLa salud dental es muy importante. La mayoría de las enfermedades, molestias y dolores bucales o dentales se deben a nuestros malos hábitos, que nos pueden acarrear la pérdida de piezas dentales. Muchos problemas se pueden prevenir con una buena higiene o cambiando hábitos perjudiciales.

El primer problema es el sarro por una higiene insuficiente. Es conveniente cepillar nuestros dientes por lo menos tres veces al día. Malos hábitos, como el consumo de azúcar, alimentos refinados, café, tabaco, e incluso el estrés, son factores importantes en la aparición de sangrado, dolor e inflamación de encías, mal aliento, enrojecimiento de encías y su retracción. Algo muy fácil de hacer para fortalecer nuestros dientes es consumir alimentos naturales ricos en vitamina C y vitamina E. Se ha descubierto que las personas con déficit de vitamina C tienen muchas más posibilidades de contraer enfermedades periodontales. Por lo tanto, se debe incluir en nuestra dieta una importante cantidad de frutas y verduras frescas, además de grasas esenciales, y eliminar todo producto que contenga azúcar, sin abusar de los carbohidratos.

Para nuestra salud bucal es posible ayudarnos con enjuagues, después de cepillarnos: agua y plantas medicinales como salvia, menta y manzanilla. Algunos dentistas y terapeutas naturales recomiendan usar pasta de dientes que contenga propóleo. Otras hierbas importantes para la higiene bucal son las flores de saúco, malva, albahaca, tomillo y echinacea. La prevención siempre es un muy buen aliado, también de nuestros dientes y encías. Según especialistas la coenzima Q10 también puede ayudarnos en una buena higiene bucal. Se han observado notorias mejorías en quienes utilizan este suplemento nutricional.
El dolor de muelas es producido por caries, traumatismos, roturas de las piezas dentales o infecciones. Es un dolor intenso, muy semejante a una descarga eléctrica, que se incrementa con el tiempo a medida que avanza el problema, afectando toda la zona lateral de la cabeza y el oído.
Existen terapias y remedios naturales para el dolor de muelas. Por ejemplo, para la inflamación y el dolor, se pueden utilizar aceites esenciales de árbol de té, clavo de olor, menta, mirra, manzanilla y espliego. Como bactericidas están los aceites esenciales de lavanda, albahaca, hinojo, árbol de té, limón, canela, salvia, clavo de olor, sándalo y eucalipto, entre otros. El clavo de olor es anestésico y antiséptico.
La medicina tradicional china recomienda friccionar con un cubito de hielo la zona afectada o presionar durante algunos minutos la zona que une el pulgar y el índice -por el lado exterior de la palma de la mano-. También es posible aliviar el dolor con acupuntura. La fitoterapia da cuenta de una inmensa variedad de plantas medicinales para el dolor de muelas, entre ellas el amargo sueco, o colocarse en la zona afectada clavo de olor, o un diente de ajo, cebolla cruda, infusiones de sauce –que es analgésico-, melisa -que actúa como relajante-, hojas y flores de tomillo -en infusión pueden utilizarse para hacer enjuagues con agua tibia, el máximo tiempo que podamos aguantar-, etc. El propóleo también ha sido utilizado desde la antigüedad como un remedio natural eficaz para el dolor de muelas y el cuidado dental. Se ha descubierto que el propóleo es anestésico y antiséptico, entre otras muchas cualidades.
Para prevenir enfermedades dentales y principalmente la pérdida de calcio de nuestros dientes, se debe evitar el consumo de azúcar y bebidas carbonatadas -que son ricas en ácidos como fosfatos-, que promueven la pérdida de calcio.
Hoy es posible encontrar enjuagues bucales y pastas de dientes a base de menta, mirra, arcilla, propóleo, salvia, caléndula, etc. Se ha documentado que el té verde y el mate son grandes aliados para la prevención de las caries.
Las caries son una enfermedad infecciosa que destruye los tejidos duros del diente a consecuencia de una desmineralización, producida por el consumo de productos ácidos (principalmente azúcar, harina blanca, aceite hidrogenado, alcohol, café, agua carbonatada, grasas animales) que generan la placa bacteriana, es decir, bacterias que se acumulan en la boca y se depositan en dientes y mucosa, provocando enfermedades. La placa bacteriana se acumula en nuestros dientes a los treinta minutos de haber ingerido estos productos mal llamados alimentos. La mala o deficiente alimentación y los malos hábitos son factores importantísimos en la aparición de las caries y la pérdida de piezas dentales. El alto consumo de azúcar -golosinas, galletas, queques, dulces, chocolates, helados, pasteles, refrescos, bebidas de fantasía, etc.-, es el principal responsable de la profusión de caries en nuestra vida moderna. También lo es el consumo de fármacos, pues alteran el ph provocando “saliva ácida”, que erosiona el esmalte dental y permite una mayor acción de las bacterias que producen caries.
El ajo, el clavo de olor y la cebolla cruda, han sido utilizados por terapeutas naturales y herbolarios, desde tiempos remotos para calmar el dolor de muelas. Estos súper alimentos naturales destruyen las bacterias que provocan las caries. A ellos se agrega el té verde, que además de poseer un efecto antibacteriano, fortalece el esmalte dentario pues naturalmente contiene flúor. El té negro también contiene flúor. Asimismo, el laurel ha sido utilizado para combatir las bacterias bucales. La bergamota previene las caries y el neem -árbol de la India- se utiliza en pastas dentales para evitar o combatir las caries e infecciones bucales.
Una alimentación adecuada es importantísima para nuestra salud bucal. Por ejemplo, consumir verduras crudas y cítricos. Masticar manzanas limpia los dientes, refuerza las encías y aporta vitamina C, esencial para mantener los dientes y huesos. La Homeopatía recomienda el aconitum y la calcárea fluórica. La Oligoterapia recomienda flúor, manganeso, manganeso-cobre, y manganeso-cobalto, entre otros.
Especialistas naturópatas y dentistas honestos atribuyen también a las amalgamas -que utilizan mercurio- muchos de nuestros problemas dentales. El análisis mineral del cabello es un método efectivo para determinar el grado de acumulación de mercurio en nuestro organismo. Hay siete metales pesados en extremo venenosos y dañinos para la salud: mercurio, bario, plomo, cadmio, arsénico, berilio y aluminio. Productos naturales que se pueden utilizar para prevenir la intoxicación crónica son el selenio, la vitamina C y la vitamina E.
Según la Sociedad de Investigación de Acupuntura y Medicina Oriental A.C., las amalgamas de mercurio poseen una conexión con enfermedades como la artritis, la esclerosis múltiple y el Alzheimer, entre otras. El doctor Stortebecker, del Instituto Karolinska de Estocolmo, publicó el libro Envenenamiento por Mercurio de las Amalgamas Dentales – Un Peligro para el Cerebro Humano, en el que advierte del peligro del transporte del mercurio en nuestro cuerpo hacia el cerebro, su gran toxicidad y acción dañina en nuestro sistema nervioso. Por su parte, el doctor Fuentes Franco advierte: “Ciertos ácidos van despedazando el esmalte dentario de una forma lenta, que incluso puede pasar sin que la persona se dé cuenta, sólo hasta que de pronto comienza a sentir dolor por temperatura, sabores dulces o por la fractura misma del borde de los dientes. Estas erosiones, desgastes o ‘salpicaduras’ incluso pueden ocurrir en lugares donde hay un perfecto aseo dental. La acción de los ácidos es descalcificar los dientes, ‘sacar el calcio al esmalte dentario’. Eso es lo que sucede con los ácidos que están presentes en las bebidas gaseosas con un gran contenido de ácido fosfórico, medicamentos ácidos administrados oralmente, y contaminantes presentes en ambientes industriales”. A eso se agrega el cloro en el agua, que también deja como efecto secundario “agua ácida”.
La saliva es una gran protectora de nuestros dientes pues elimina los agentes que causan erosiones dentarias neutralizando los ácidos de los productos refinados y bebidas gaseosas. Nuestra saliva posee naturalmente calcio y fósforo. Minerales que mantienen la superficie del esmalte dental saturada, remineralizándola. Pero, “si hay poco flujo salival, como sucede por la noche cuando la secreción salival disminuye, el bebedor de gaseosas y consumidor de azúcares provoca un gran desequilibrio en su grado de acidez bucal y la tendencia a la descalcificación y erosión de sus dientes es grande”, agrega Fuentes Franco. “El mejor consejo es utilizar nuestro dominio propio y evitar la ingesta de alimentos ácidos, como por ejemplo las chispiantes, refrescantes ¡pero dañinas! bebidas gaseosas”, concluye.
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