La precariedad del empleo juvenil: Si no te gusta, te vai

La precariedad del empleo juvenil: Si no te gusta, te vai

Los romanos tenían un refrán para describir lo vigorizador del trabajo humano. Decían “labor omnia vincit”, que quiere decir, el trabajo todo lo vence.  Los judíos recluídos en los campos de concentración nazis, señalaban que en la entrada de Auschwitz, el mayor campo de exterminio, colgaba en su pórtico la frase: El trabajo los hará libres.

El trabajo define la relación esencial que hay entre el hombre y la naturaleza, se inserta en el proceso cultural que transforma la propia vida del ser humano para lograr adaptarse a la realidad.

Hoy esa realidad, para los jóvenes de la Región -históricamente reconocida por ser una de las cunas del movimiento obrero chileno- es una realidad mezquina y precaria. Y crítica.

Algo huele mall

Manuel es chorero. Tiene 20 años y estudia en una Universidad tradicional. Entró a trabajar a una tienda en el mall, por una necesidad eminentemente económica. Y humana. Carga con la responsabilidad de ser padre de una hija, e hijo de una familia humilde, por lo que se vio en la obligación de trabajar, aunque ello signifique arriesgar su carrera.

Trabaja de vendedor parttime, como la mayoría de los trabajadores jóvenes en el mall. La empresa en la que trabaja, se ahorra la colación, bonos de locomoción, entre otras cosas, por contratarlo a media jornada. Ello se expresa también en su salario: cerca de $100.000, 72 mil menos que el mínimo. Lo que significa que vive con $3300 diarios con lo que tiene que cubrir necesidades de su hija, su alimentación, vestuario, materiales y locomoción. Todos los meses tiene que pagarse quincena, pues como nos señala “ya no alcanza y hay que cortarle la cola. Si yo tuviera que hacerme cargo de mi familia, económicamente no podría, no habría forma”. Nos comenta que para los jóvenes en su condición casi no hay trabajos dignos. Sobretodo por el horario “porque tengo que trabajar cuando el empleador quiera. No tengo fin de semana libre, ni feriados libres”

Manuel se desahoga. “Bajo la excusa de entregar horarios flexibles se aprovecha de utilizar a los jóvenes por sus necesidades económicas. Aquí el mall está lleno de caras largas por los horarios y los bajos sueldos.” Un estudiante puede saldar con algunos gastos por el empleo, pero muchos de estos jóvenes no son estudiantes y han encontrado en estos trabajos su sustento permanente. “Hay harta gente que no estudia y trabaja aquí y realmente, no le alcanza. Yo no me imagino como sobreviven. Yo a veces me salvo con los vales de comida o por mi familia. La gente aquí tiene que depender de otros para sobrevivir con estos sueldos.”

No hay feriados ni domingos para pasarlos en familia, lo que degrada las relaciones sociales, pues el trabajo termina aislando. Comparamos el cierre del comercio el fin de semana, con lo poco explicable de que el mall esté abierto todos los días, a lo que Manuel nos señala “ es terrible, porque no hay preocupación por la gente, sino que por el empresario que quiere seguir ganando”

Por último, Manuel nos comenta “con el sueldo de un trabajador, se puede contratar dos y hasta tres partime, porque se ahorran todo lo que es locomoción, colación.  Más encima trabajan más y vienen solo las horas que se necesitan. Si hay que suplir a alguien, ahí está el partime. No está en el contrato, pero es tu obligación”.

Su propina es mi sueldo.

Pero no todos son críticos al empleo. Nicole tiene 20 años y trabaja en empaque en un Supermercado Santa Isabel. Trabaja porque quiere tener plata, pero no por una cuestión de necesidad. Sin contrato y sin salario, hace sus ganacias con las propinas. Sus turnos los toma a través de una página de Internet y los tiene que pagar.

Las condiciones para ser llamado son “ser estudiante de educación superior y uniforme. La polera la tienes que comprar y sale como $3500 y lo demás son pantalones de tela y zapatos o zapatillas negras.”

Cuando le comentamos los injusto de la situación -trabajar sin contrato, pagar por los turnos y por el uniforme y hacer su dinero por medio de propinas- nos señaló  “Sí, igual es penca, pero te ayuda ene. Y si no, te buscas otra pega no más.”

Cuando un poco atónitos le preguntamos si es que era una persona que no podía perder el trabajo, nos comentó “que igual no es tan terrible. Además es un trabajo super relajado y como todo, tiene sus cosas malas”.

A pesar de ello hay cosas que Nicole encuentra injustas. “Hay encargados que siempre se quedan en las mejores cajas -las que dan más dinero-, siendo que el resto está rotando en distintas. Además tenemos que ordenar carros y canastos cuando en realidad no nos corresponde porque somos externos al supermercado.” y agrega “igual es penca, pero hay que hacerlo no más. Al final, uno se acostumbra”

Lo macabro del daño que provoca el sistema de trabajo a las personas, es cuando consideran la injusticia como una cuestión natural.  

$450 la hora.

C. trabajaba hace poco en un bar-restaurant. Fue mesero y su labor consistía en llevar papas fritas, salchipapas, etc. a las personas que frecuentaban el local. C. al igual que Manuel y Nicole, es estudiante de educación superior. Trabajó en el local por necesidades económicas “tenía que sacar plata de algún lugar, así que comencé a repartir currículum. Dos días después, me llamaron para que fuera a trabajar”. Su remuneración era por decir lo menos, paupérrima: $5000 pesos por 11 horas. Cerca de $450 la hora.

C. nos comenta que “independientemente, que algunas personas vean esto como una oportunidad para ganar algunas monedas, mi opinión es bastante crítica. Las condiciones laborales son pésimas, eran super explotadores. 11 horas trabajando, sin contrato y bajo la lógica de que siempre tengo que estar disponible, sin saber cuando me llamarían, tenía que estar siempre a disposición de ellos y si yo manifestaba algún tipo de descontento…bueno, hay “caleta” de gente que quiere trabajar, así que como dicen: “si no te gusta, te vay”.

Le preguntamos acerca de la opinión que tenían sus compañeros del trabajo y nos respodió  que “Yo cacho que se retiraron porque se cansaron. Como te decía, debido a las malas condiciones y a la necesidad de trabajo, hay una permanente renovación de gente. Conversando con mis compañeros, ellos manifestaban su descontento respecto de las condiciones laborales, pero bueno, como sucede en casi todos los trabajos, muchos agachaban el moño nomás, considerando que esa era la oportunidad de trabajo y hoy por hoy cuesta mucho encontrarlo. De hecho, donde yo trabajaba, no solo había gente de nuestra edad, también había un caballero que tenía entre cuarenta y cincuenta años que también era mesero. Estaba súper enojado con las condiciones. Incluso, a los meses después que dejé de trabajar, me encontré con un ex compañero que también lo había dejado, a quien le pregunté que por qué había dejado de trabajar ahí y me dijo que era por lo explotador que era el loco (el jefe), sin embargo, él estaba trabajando ya en otro local.”

El empleo para los jóvenes en general, es bastante precario. C. nos comenta que “sobre todo con los estudiantes universitarios puedo decirte que, la necesidad tiene cara de hereje. Sobre todo con los estudiantes que necesitan monedas, los locales se aprovechan. Pero no solo estos locales, solo que estos son los más cercanos a los estudiantes universitarios. Porque ¿qué estudiante no ha trabajado de mesero? Yo cacho que si has estudiado y no has trabajado en lugares así, no cumples con el prototipo de estudiante universitario. Y yo cacho que hay gente consciente de eso, que los estudiantes necesitan trabajar y por eso se aprovechan.”

Trabajo, hay. Poco, pero hay. Lo que falta, la mayor parte de las veces es la dignidad. Como dice alguien por ahí: la peor dictadura, es la que nos hace creer libres.

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