Velatón en Homenaje a caidos en la Matanza del 23 de Agosto

Velatón en Homenaje a caidos en la Matanza del 23 de Agosto

altEste lunes, la Coodinadora de Cesantes de Hualpencillo realizó un homenaje a los militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, asesinados por la CNI el 23 de agosto de 1984. La velatón fue en el tradicional barrio de Hualpencillo, en la Avenida Grecia, donde fue asesinado Luciano Aedo y hoy existe una estrella y una piedra que honra la vida de él y la de los combatientes que cayeron.

Cuendo el equipo de Resumen se retiraba del lugar fue interceptado por carabineros, quienes vestidos con cascos y chalecos antibalas les exigieron abrir sus bolsos y entregarles los carnet de identidad. Los vecinos del lugar increparon a la policia, diciéndoles que no había motivo para que tomaran tales procedimientos y que orientaran su labor a la captura de los narcotraficantes, que impunemente, siguen enviciando a los jovenes huapeninos en la pasta base.

Matanza del 23 de agosto: La verdad se impone. La justicia tarda.  

Hace ya casi un año que se realizó la reconstitución de escena de la matanza del 23 de agosto del 84. En la diligencia, el Ministro en Visita don Carlos Aldana, juez especial para casos de derechos humanos, hizo comparecer a una treintena de inculpados por los asesinatos de Luciano Aedo Arias, Nelson Herrera Riveros y Mario Lagos Rodríguez. También concurrieron numerosos testigos de los crímenes. Estas personas durante años y años han mantenido sus declaraciones a pesar de las presiones y amenazas de que han sido objeto.  

Luego de las diligencias efectuadas en Hualpencillo, la Vega Monumental y camino a Santa Juana, el juez Aldana decretó el procesamiento del Brigadier de Ejército en retiro Marcos Derpich Miranda, quien se sumaba a una decena de procesados en las diversas aristas del caso. Recordemos que aquel operativo represivo se extendió por Concepción, Los Ángeles, Temuco y Valdivia.

Según lo revelan fuentes ligadas a las investigaciones judiciales, la acción de inteligencia previa y el operativo final, estuvo bajo el mando del jefe de la División Regionales de la CNI, el entonces coronel de ejército Marcos Spiros Derpich Miranda, alias “Gitano”.

En el transcurso de los meses previos, la CNI había trasladado desde Santiago a más de 60 agentes de la División Antisubversiva, comandada por el mayor de ejército Álvaro Julio Corbalán Castilla, alias “Faraón”, especializados en la persecución a la resistencia y al MIR.

A los hombres de Corbalán, se sumaban los agentes de las Brigadas Regionales de la CNI de Concepción, Chillán, Los Ángeles, Temuco, Valdivia, Osorno y Puerto Montt, que dependían de la División de Derpich.  

La matanza comenzó en Hualpén.

Durante el proceso y en la reconstitución de escena ha quedado de manifiesto que a eso de las 12:30, cuando Aedo Arias regresaba caminando al barrio de Hualpencillo donde vivía, fue interceptado por los hombres que le seguían. Testigos de los hechos detallan con precisión que un auto taxi Toyota, con patente de Santiago, se atraviesa en la calle Grecia obstruyendo el paso de Aedo, quien trata de escapar. Viniendo en sentido contrario, un jeep rojo se suma a la maniobra de cerco; por un pasaje perpendicular otro equipo que se movilizaba en un furgón utilitario le cerraba toda posibilidad de escapatoria.

Desde el taxi, “El Flaco Palta”, desciende disparando su revolver. Aedo Arias es impactado por la espalda y cae herido en medio de la calle Grecia. Del furgón se baja “El Petete”, Roberto Farías Santelices, disparando sobre Aedo con un fusil. Desde la maletera del taxi, “El Vitoco”, Luis Hernán Gálvez Navarro, que oficiaba de chofer, extrae un fusil y dispara también sobre el mirista herido; luego se acerca hasta donde está caído Aedo, lo patea y nuevamente le dispara una ráfaga para rematarlo. Acto seguido, lo toma de los pies y lo arrastra hasta el borde de la acera.  

De modo simultaneo otros agentes se acercan para depositar armas, panfletos y papeles junto a Aedo y montar la tantas veces vista y repetida escena que la prensa y televisión servil de la época mostraba y repetía con una complicidad solícita y escandalosa. Todo esto ocurre a no más de dos cuadras del domicilio de Aedo, en plena avenida Grecia, a mediodía y en el corazón de un barrio popular que se caracterizaba por realizar masivas y violentas protestas contra el régimen dictatorial. De ese modo quedaba nítido el mensaje de los cerebros del plan de exterminio: reprimir de modo que resultara atemorizante y aleccionador para el populacho subversivo.

La orden era matar.

A las 16:05, cuando el microbús de la línea Las Bahías, conducido por Pedro Segundo Aguayo, que cubría recorrido entre Talcahuano y Concepción, llegaba a la Vega Monumental, fue interceptado por vehículos de la CNI y de Carabineros que estaban apostados en el lugar.

Nelson Herrera Riveros y Mario Lagos Rodríguez, habían abordado el microbús frente al mercado de Talcahuano. Desde ese momento, unos ocho equipos represores montaron el seguimiento con el propósito de cumplir la orden de ejecución. Los jerarcas decidieron que sería en la Vega Monumental para seguir propagando su mensaje de terror. El bus fue interceptado. Carabineros acordonó el lugar. Los agentes de la CNI habían adoptado posiciones ventajosas. Montado en un jeep de la Brigada Especial, por medio de un megáfono, el agente Jorge Vargas Bories, alias “Polanco”, conminaba a los dirigentes miristas a “dejar libres a los rehenes y permitir que los pasajeros descendieran del bus”. Esa falacia era parte del montaje con que intentaban justificar los crímenes que se aprestaban a cometer puesto que nunca hubo rehenes, ni toma de micro, ni nada parecido. Por lo demás, así lo aseveró siempre el chofer del micro y otros testigos presenciales del hecho. La nutrida presencia de público en la siempre concurrida Vega Monumental les proporcionaba el escenario ideal para desatar una acción aleccionadora sobre los adversarios del régimen que intentaran oponerse o resistir a los designios de la dictadura.

Los carabineros atacaron el bus con bombas lacrimógenas lo que terminó de convencer a los pasajeros que la guerra era contra ellos. Rápidamente abandonaron la micro y corrieron a protegerse detrás de las rejas de la Vega Monumental. Poco después Mario Lagos bajó por la puerta delantera con las manos en alto. Nelson Herrera hacía lo propio por la puerta trasera del microbús..

Ese fue el instante propicio en que el equipo de Hugo José Hechenleitner Hechenleitner, alias “Comandante Martínez”, “El Siete Fachas”, Egon Antonio Barra Barra, y “El Bareta”, Manuel Ángel Morales Acevedo, abrieron fuego contra Lagos causándole la muerte inmediata.

Nelson Herrera al percibir lo que ocurría con su compañero echó a correr pero tropezó y cayó. Sufrió contusiones en el cuerpo y un raspón en la cara. En ese momento, los agentes del equipo comandado por José Abel Aravena Ruiz, alias “El Muñeca”, junto al “Guatón Órdenes”, Sergio Agustín Mateluna Pino, y al “Cavieres”, Luis Enrique Andaur Leiva, se abalanzaron sobre Herrera tomándolo prisionero para llevar a cabo su propio cometido criminal. Lo esposaron y, anunciando a viva voz que trasladarían al detenido hacia el hospital porque se encontraba herido, lo llevaron caminando hasta el automóvil taxi en que se movilizaban. Lo introducen al vehículo y se alejan raudamente del sitio de los sucesos. Pero en lugar de dirigirse al hospital como habían anunciado, cruzan el Bío-Bío por el Puente Viejo, doblan camino a Santa Juana, y unos ochocientos metros después se detienen en un trecho eriazo y descampado, en la berma entre la carretera y el río. Allí bajan a Nelson Herrera del auto y el verdugo designado le descerraja un disparo en la cabeza. Ejecutado Herrera lo suben de nuevo al auto y vuelven sobre sus pasos para dirigirse al hospital. Nelson Herrera ingresó muerto al centro asistencial a las 16:40 horas.

La larga espera

Han transcurrido también 26 años de búsqueda de verdad y justicia en este caso. En este empeño los familiares de los miristas asesinados no han cejado nunca en su afán. Ha sido un proceso lento y difícil, lleno de dificultades y tropiezos. Durante años la fiscalía militar no hizo sino dilatar la investigación y proteger o encubrir a los criminales. Recién hace un año, en agosto del 2009, el caso fue definitivamente traspasado a la justicia civil y desde entonces lo lleva el ministro Aldana.

Junto a la persistencia y tenacidad de los familiares por exigir verdad y justicia, la existencia de testigos y la actitud íntegra y de constante denuncia que han mantenido estas personas han sido factores decisivos para lograr, por fin, avances sustanciales en este proceso.  

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