Héroes de La Moneda se reuniron con Presidente Allende

Ayer sábado 26 de septiembre fragmentos de los seis héroes del combate de La Moneda recientemente re-identificados por el Servicio Médico Legal, fueron sepultados en el Cementerio General de Santiago de Chile, luego de un homenaje a su memoria que se llevó a cabo frente al Monumento al Presidente Salvador Allende.  Allí ellos se despedirón del mandatario.

Luego de extensos análisis  de ADN a los familiares y a los pequeños fragmentos encontrados en una fosa militar del Fuerte Arteaga, en Peldehue, las pericias  dictaminaron que corresponden a los siguientes compañeros: Ricardo Pincheira Núñez (Máximo), asesor de la presidencia, 28 años;  Enrique Paris Roa, asesor de la presidencia, 40 años; Oscar Avilés Cofré, GAP, 28 años, Manuel Castro Zamorano (Víctor) GAP, 23 años; Jaime Sotelo Ojeda (Carlos) GAP, 33 años;  Luis Rodríguez Riquelme (Mauricio), GAP, 26 años.

El viernes 24 de septiembre  Oscar Avilés Cofré, Manuel Castro Zamorano, Jaime Sotelo Ojedas;  y Luis Rodríguez Riquelme, fueron velados en el local  de la CEPCH Confederación de Sindicatos, Federaciones y Asociaciones de Trabajadores del Sector Privado de Chile), en Valentín Letelier Nº 18. El velatorio tendrá lugar  desde el mediodía, y luego de la entrega de los fragmentos por el Instituto Médico Legal.

En el caso de Ricardo Pincheira y Enrique Paris, por decisión de sus familias,  los fragmentos fuerón recibidos el día 25, para luego dirigirse al acto convocado frente al monumento al Presidente Allende.

FRAGMENTOS DE HÉROES  (Por Livia Sepúlveda y Máximo Corvalán)

El 11 de Septiembre de 1973, enalt El Palacio de la Moneda y alrededores, un grupo de hombres combatió heroicamente en contra del Golpe de Estado fascista, defendiendo al Gobierno Constitucional, dando una lección de valor, lealtad y dignidad. Con este acto reflejaron su consecuencia con los compromisos asumidos: el estado de derecho, una democracia popular, el Presidente de Chile y su pueblo.

Estos hombres, en su mayoría Asesores y GAP (Grupo de Amigos Personales) resistieron heroicamente, junto al presidente Salvador Allende, en esas fatídicas horas, entregando sus vidas en la defensa de los sueños y la esperanza de un pueblo que quería un Chile más justo.

Parte de este grupo de personas fueron conducidos al regimiento Tacna, donde fueron salvajemente torturados. Los cadáveres de tres de ellos fueron encontrados algunos días después, en el río Mapocho, a la altura del puente Bulnes. La otra parte del grupo, cerca de 20 de los prisioneros, fueron conducidos al fuerte Arteaga en Peldehue, donde fueron fusilados uno a uno frente a un pozo seco de 10 metros de profundidad, el cual luego dinamitaron.

En 1978, se produjo la llamada “Operación Retiro de Televisores”, que consistió en el desentierro de los cuerpos para luego ser lanzarlos al mar a bordo de un helicóptero del Ejército. La orden la impartió el dictador Augusto Pinochet.

Se sabe, por los testimonios de los fusileros frente a la mesa de diálogo, que todos al ser fusilados conservaron una dignidad que impresionó a sus ejecutores.

Nuestros familiares y compañeros eran hombres imbuidos de sueños de justicia social, por lo tanto creyeron siempre, que los hombres deben ser el reflejo de las causas que abrazan en sus vidas y consecuentemente con ello, debían estar dispuestos siempre a entregar y poner lo mejor de sí con el objetivo de que sus semejantes y seres queridos pudieran vivir en una sociedad más libre, democrática y justa con los más pobres y necesitados del país.

Por esto, enfrentados a la felonía y la traición de los responsables de defender el estado de derecho, el 11 de Septiembre de 1973, junto al Presidente Salvador Allende ellos entregaron lo único que tenían
para ofrecer: “sus vidas”.

Mala identificación, la historia del primer duelo

Los familiares y amigos que hoy concurrimos a enterrar estos restos estamos repitiendo por segunda vez la ominosa escena de ir al Instituto Médico Legal, recibir el pequeño cajón con los restos, encaminarnos por los pasajes del cementerio general hasta el Memorial, imaginando de nuevo, las escenas de humillación y al mismo tiempo de arrojo que nuestros compañeros vivieron. Este es un segundo duelo, más doloroso que el primero, pues constituye una re-traumatización difícil de elaborar sino imposible, en los años de vida que nos quedan. Este entierro reabre heridas cerradas hace mucho tiempo. En el año 1994 cuando recibimos esqueletos completos, que tocamos y miramos frente a los informes del IML, que en su época establecieron claramente causa de muerte: “tortura”, cerramos una larga búsqueda, reconocimos el lugar de nuestro familiar en el memorial y empezamos a cicatrizar el largo e histórico dolor.

La única incógnita en el fondo de nuestras memorias, en ese momento, fue la pregunta ¿Qué hacían nuestros compañeros en el patio 29? La fuerza de la vida borroneó la duda, había un lugar donde llevar una flor y finalmente un cuerpo que reconocimos como nuestro.

Por fin la búsqueda había terminado, los hijos encontraron al padre, las mujeres a sus hombres, las madres a sus hijos, las hermanas a sus hermanos y los amigos a sus amigos.

Quizás, también había demasiado apuro, en la Concertación de ese momento por dar vuelta la página y cerrar capítulos que entorpecían los intentos por cerrar las heridas de un pasado que no terminaba de pasar, aguijoneando y molestando a los espurios vínculos con aquellos que fueron los autores de tanto dolor social. Había que dar vuelta la página por lo menos enterrando a los combatientes de La Moneda, que paradójicamente murieron defendiendo una institucionalidad construida con las luchas de muchas generaciones y que aun no puede ser restituida. Parte de estos intentos, “algunos bien intencionados” fue la mesa de diálogo que saco a la luz informaciones que eran parte de un pacto de silencio, ignominioso por cierto. El 2002 comienzan las investigaciones en el Fuerte Arteaga, allí donde siempre se rumoreó

que habían sido ejecutados.

Pese a todos los esfuerzos por hacer desaparecer a estos hombres, y pese a las “equivocaciones”, la verdad sale desde lo profundo de la tierra, dando cuenta de los actos atroces cometidos por la dictadura. La jueza Valdovinos ordena por primera vez  entrar al recinto militar donde se encontraban los restos.  Al excavar en la gran fosa ubicada al norte de la zona de campaña, la jueza recuperó cerca de 500 piezas óseas (fragmentos de cráneo, de extremidades y dientes) que corresponderían a los prisioneros ametrallados de La Moneda. Además halló restos de granadas y material balístico.

Luego de extensos análisis sobretodo de ADN a los familiares y a los pequeños fragmentos,  se dictamina que corresponden a los siguientes compañeros: Ricardo Pincheira Núñez (Máximo), asesor de la presidencia, 28 años;  Enrique Paris Roa asesor de la presidencia, 40 años; Oscar Avilés Cofré, GAP, 28 años, Manuel Castro Zamorano (Víctor) GAP, 23 años, Jaime Sotelo Ojeda (Carlos) GAP, 33 años;  Luis Rodríguez Riquelme (Mauricio) GAP, 26 años.

Estas leyendo

Héroes de La Moneda se reuniron con Presidente Allende