Las huellas de la tiranía. Nuestros últimos muertos

altLa represión desatada por el régimen dictatorial que encabezó Pinochet no solo afectó a los miembros activos de organizaciones políticas, sociales y populares. También golpeó a personas de la población civil por el solo hecho de ser pobres, o por ser parte de un pueblo en protesta contra el sistema.

Si recordamos a algunos de los últimos caídos en nuestra región durante la dictadura nos encontramos con ejemplos de esta violencia indiscriminada sobre la población. Junto a estas víctimas aparece un par de héroes populares que entregaron también su vida en la lucha contra el régimen tirano.

 El 08 de marzo de 1988, con ocasión de la celebración del Día Internacional de la Mujer se produjeron manifestaciones e incidentes en todo el país. Desde luego la zona penquista no fue la excepción. Estas manifestaciones fueron reprimidas según la costumbre, es decir, a mansalva y sin limitaciones. Producto de ello, en la ciudad de Curanilahue resultó muerto el pirquinero Roberto Eliécer Valdebenito Vira, de 30 años de edad.

En horas de la noche, Carabineros arremetió intentando disolver actos callejeros que se realizaban en la población Javiera Carrera de esa ciudad. Roberto Valdebenito se encontraba formando parte de una fogata cuando fue alcanzado por una bala disparada por los uniformados. El pirquinero fue llevado gravemente herido hasta el Hospital Regional de Concepción en donde falleció el día 10 de marzo.

El crimen quedó sin investigar, sin responsables, sin justicia. Eso se llama impunidad total.

 El 25 de junio de 1988, en Coronel, muere el obrero agrícola José Iván Ulloa Sáez, de 49 años de edad. En un confuso incidente José Ulloa cae abatido por disparos efectuados por Carabineros de la Comisión Civil de esa localidad.

La investigación posterior no arrojó ningún resultado. El hecho también quedó impune.

El 17 de julio de 1988, falleció como consecuencia de las torturas recibidas el poblador lotino Germán Reinerio Rivera Cubillos, de 40 años de edad.

Este trabajador había sido detenido por Carabineros de Lota el día 12 de julio por gritar consignas contra el régimen en la plaza de la ciudad. Enseguida fue trasladado a la Comisaría de Lota Bajo. Allí fue brutalmente golpeado por personal uniformado. Al día siguiente lo trasladan a la cárcel de Coronel y el día 14 es dejado en libertad.

Sin embargo, Germán Rivera debe dirigirse de inmediato al Hospital de Lota en donde queda internado producto de las graves lesiones que evidencia. El día 17, se dispone su traslado al Hospital Regional debido al estado de gravedad que presenta. Germán Rivera muere en el trayecto hacia Concepción.

 El 8 de septiembre de 1988, muere la estudiante universitaria Silvia Calfulén Quintriqueo, de 22 años de edad. Silvia era alumna de Pedagogía en Español en la Universidad de Concepción. Ella muere al dispararse un arma en forma accidental durante una acción de resistencia que llevaba a cabo el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR).

 El 16 de septiembre de 1988, muere en un enfrentamiento con efectivos de seguridad del régimen, el contador penquista Héctor Leonardo Ramírez Pino, de 38 años de edad.

Alrededor de las 13:00 horas de ese día, en la intersección de las calles Carrera con Lincoyán de la ciudad de Concepción, se produjo un intercambio de disparos entre Héctor Ramírez, militante del FPMR, y agentes de la CNI. Producto de los disparos, Ramírez queda gravemente herido, falleciendo poco después.

 El 4 de diciembre de 1988 se produce en la ciudad de Los Ángeles el último crimen de la dictadura en esta zona. Luis Alberto Correa Vergara, de 28 años de edad, comerciante, murió a las 7:15 horas en dependencias de la Policía de Investigaciones de esa ciudad.

Luis Correa había sido detenido la madrugada del 3 de diciembre por personal de Investigaciones en su domicilio, en la localidad de Santa Bárbara. La causa de la detención habría sido una supuesta denuncia por robo de animales.

Fue conducido hasta el Cuartel de Investigaciones de Los Ángeles en donde fue sometido a brutales golpizas y torturas durante su interrogatorio. Estos hechos fueron denunciados por otros detenidos en ese mismo sitio y ratificados posteriormente en forma judicial.

A la mañana siguiente, Luis Correa aparece muerto en una celda, ahorcado, atado al cuello con un polerón y pendiendo de los barrotes de una ventana.

Como siempre, la investigación judicial posterior no arrojó responsables.

Estas víctimas, como aquellas del primer día desde el golpe militar, forman parte de la secuela dolorosa de atropellos y crímenes cometidos por la dictadura, pero son también parte y expresión de las luchas populares de todo ese oscuro período de la historia.

Estas leyendo

Las huellas de la tiranía. Nuestros últimos muertos