Antenas de Celulares: LA CONTAMINACIÓN QUE NO SE VE
En Salud

Antenas de Celulares: LA CONTAMINACIÓN QUE NO SE VE

En Argentina las llaman “contaminación silenciosa”. Efectivamente, las ondas electromagnéticas que emiten las antenas y los celulares, son mucho más potentes que las ondas que encontramos en forma natural, como los rayos solares. O en forma artificial, como las que emanan de los cables de transmisión eléctrica o del televisor.

Las ondas electromagnéticas, al tener más potencia, pueden afectar en mayor grado a los organismos con quienes se topan en sus recorridos, ya que penetran nuestras células y las de todos los seres vivos, afectando en su funcionamiento.

Los médicos plantean varios argumentos:

1.- Las enzimas, que participan en la realización de distintos procesos celulares, se ven afectadas por las ondas electromagnéticas. Un ejemplo es cuando estas enzimas participan en la producción de ATP (adenosil trifosfato) que es una molécula que almacena energía en la célula. Para esto, las enzimas ocupan magnesio, que produce un campo magnético susceptible a ser interferido por estas ondas electromagnéticas.

La interferencia de estas ondas, puede impedir que la producción de ATP sea satisfactoria, afectando todo el metabolismo de la célula.

2.- Algunas células tienen imanes naturales (magnetita) que están cubiertos por una membrana. Las células que no contienen magnetita, absorben un 0.046% de la energía de la onda. Sin embargo, las células que si tienen, absorben un 30% de la energía de la onda.

Esta energía causa una vibración en la magnetita, abriendo la membrana que la protege. Esta abertura permite que el hierro que está contenido dentro se oxide y provoque la aparición de radicales libres, que son átomos que pueden provocar daños al interior de la célula.

3.- En el cerebro hay una barrera, llamada hematoencefálica, que cumple con la función de impedir el paso de sustancias nocivas para el cerebro y dejar pasar otras necesarias para su funcionamiento, como oxígeno y glucosa. En experimentos con animales, se llegó a la conclusión que las ondas electromagnéticas pueden alterar el funcionamiento de esta barrera, dejando ingresar sustancias que pueden ser nocivas para el sistema neurológico (neurotoxinas).

Estos argumentos son algunos de los que han esgrimido científicos honestos de todo el mundo que han alertado a la sociedad, de los riesgos de esta nueva contaminación. Sin embargo, los intereses empresariales mantienen en silencio las evidencias.

Casos que se atribuyen a efectos de la exposición a estas ondas hay múltiples. Desde estudios que informan sobre las consecuencias en aves y hasta seres humanos.

Entre las personas, hay quienes tienen una mayor sensibilidad a esta contaminación, llamadas electrosensibles. Estas personas, sufren reiteradamente de dolores de cabeza, cansancio, dificultades para concentrarse, insomnio, etcétera. Sin embargo, la mayoría se expone a esta irradiación sin manifestar mayores complicaciones, lo que no significa que su organismo esté inmune a ella.

Las alteraciones, a nivel celular, que vimos recién son el comienzo de una alteración de nuestro organismo que tarde o temprano puede manifestarse, generalmente en enfermedades degenerativas, como el cáncer.

Una necesaria cuestión

Si bien, el uso de teléfono celular está arraigado en nuestro quehacer social, eso no implica que eludamos el cuestionamiento acerca de la necesidad de planificar su uso. Hasta el momento, hemos recibido al celular como un producto más a comprar, sin embargo el Estado y menos el mercado ha puesto orientaciones a su uso.

 Los celulares pueden ser usados, hasta en los hospitales. Siendo que, en ellos hay una serie de instrumentos que pueden ser alterados por las ondas electromagnéticas. Pero así también, una antena puede ser instalada en cualquier parte. Basta con que el dueño de un terreno se lo arriende a alguna compañía y ésta comience los trabajos.

Los intereses empresariales son fuertes. No es menor que la OMS (organización mundial de la salud) aún siga negando que “el teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”, cuando Suecia ya reconoció la Electrosensibilidad como una causa de discapacidad laboral.

En nuestras ciudades se han dado luchas en contra de la instalación de las antenas, pero de forma aislada. Cada grupo de vecinos ha peleado solo, contra una legalidad a favor de las empresas. En San Vicente, en Villa Acero, en Barrio Norte, en Las Princesas, en Lorenzo Arenas y en tantos otros lugares se ha gestado una oposición. Es así como las empresas han optado por comenzar los trabajos de madrugada y los vecinos se han visto en la obligación de montar guardias.

Los vecinos organizados son los únicos que podrán discutir y plantear una política de prevención, donde se pongan los intereses de la comunidad antes de los de las empresas.

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