El genocidio del pueblo Selk´nam: Uno de los origenes de las grandes fortunas en Chile

El genocidio del pueblo Selk´nam: Uno de los origenes de las grandes fortunas en Chile

alt“Indudablemente la región se ha presentado muy apropiada para la cría de ganado, aunque ofrece como único inconveniente la manifiesta necesidad de exterminar a los fueguinos” Diario Daily News (Londres 1882)

La Leyenda

Un día, Kenos, quien había inventado a los Selk´nam, se sintió cansado, acompañado de tres ancianos, se echaron en el suelo a esperar la muerte, pero ésta no llegó. Kenos entonces fue al Norte, a donde tal vez conseguiría morir. Partió con tres ancianos, tras largo viaje llegaron a destino, un lugar lleno de gente. Los recién venidos pidieron que, una vez que los cuatro se acostaran en el suelo, los envolvieran en sus capas de piel y los dejaran descansar. Así ocurrió y de tal forma por fin los encontró la muerte. Pero la muerte no era eterna, de modo que después de yacer un largo tiempo, todos vieron que Kenos y los demás comenzaban a suspirar y a recuperar los movimientos. Entonces se irguieron, se miraron, eran jóvenes otra vez. De modo que todos los Selk´nam decidieron hacer lo mismo que Kenos. El viejo que había perdido las ganas de vivir se envolvía en su capa y se tendía en el suelo, como si estuviera muerto. Pero con el tiempo la vejez se adueñaba de nuevo de los cuerpos y a veces sucedía que alguien ya no se levantara más. Sin embargo, no desaparecía, sino que se transformaba en un cerro, en un pájaro, en una cascada… Cuando a Kenos le llegó la hora de volver por fin a su casa celeste, los que tuvieron el privilegio de acompañarlo se convirtieron en las estrellas y los planetas que pueblan el luminoso cielo de la Tierra del Fuego. Arnoldo Canclini, Leyendas de Tierra del fuego, Planeta, B. Aires, Arg.

Los Selk´nam u Onas

En Tierra del Fuego, al menos por más de 6 mil años habitó un pueblo de cazadores y recolectores que utilizaron boleadoras para cazar y herramientas para manipular los alimentos. De estatura elevada, contextura robusta y gran agilidad: Los Selk´Nam, en su lengua: clan de la rama selecta, aunque son más conocidos como Onas, forma en que los llamaban los yamanas y que significaba hombres de a pie o del norte. Este pueblo cultivó normas estéticas que los obligaba a depilarse el cuerpo, excepto la cabellera, que usaban larga y abundante. Como vestuario utilizaban capas de pieles de guanaco, al igual que para el calzado. La utilización de pintura corporal tenía una doble finalidad: por una parte, protegía de los rigores del clima y por otra, era un adorno que reflejaba un estado de ánimo, así como ritos de iniciación y pubertad (kloketen). Se organizaban socialmente, en familias extendidas que podían tener 3 o 4 generaciones por descendencia paterna, ocupaban un territorio específico llamado haruwenh, cuyos límites eran respetados usualmente por los vecinos.
Su estructura social no tenía el orden de caciques, jefes, presidentes, etc. lo único que tenían, era un buen cazador de ballenas y un distribuidor.

Tras miles de años de vida seminómade, hacia fines del siglo XIX, Tierra del Fuego concitó el interés de las grandes compañías ganaderas. La introducción de las estancias ovejeras creó fuertes conflictos entre los originarios y los colonos europeos, argentinos y chilenos, que adquirió ribetes de guerra de exterminio o genocidio.

El exterminio

Las grandes compañías ovejeras, comenzaron con la cacería, llegaron a pagar por cada selk’nam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas. Las tribus del norte fueron las primeras afectadas, iniciándose una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar a las masacres.

Eduardo Galeano asegura en su blog que “los alambrados de José Menéndez y la introducción de cientos de miles de lanares en la tierra de los Onas, a fines del siglo XIX, espantaban los guanacos, sustento principal de los selk’nam (por su carne como alimento, sus tendones como cuerdas y sus pieles para sus vestimentas), quienes vieron una alternativa en el ‘guanaco blanco’ (como denominaban a la oveja), desconociendo que era ‘propiedad privada’”. Añade, a continuación, que “pronto, los grandes estancieros se organizaron y comenzó la cacería de los selk’nam. Federico Echeuline, mestizo selk’nam-noruego fallecido en 1970 testificaba “Y así, pa’ no morir de hambre, buscaban los animales de los Menéndez. Por eso los mataba Menéndez”. José Menéndez, fue un inmigrante asturiano, conocido como “Rey sin corona” de Patagonia y Tierra del Fuego, por la extensión de sus propiedades, se propuso utilizar éstas para la crianza de ganado ovino, para mejorar sus ganancias contrató cazadores profesionales los cuales debían limpiar sus tierras de pumas, perros y selk’nam.

En un primer momento el pago se efectuaba por un par de orejas, pero cuando los campos fueguinos se llenaron de Onas sin orejas, para garantizar el crimen se exigían los testículos, senos y cabezas.

Las compañías ovejeras contrataban a criminales como: Stubenrauch, Mac Rae, Mr Bond, Kovasich, Peduzzi: expertos cazadores de indios a sueldo, algunos tan despiadados como Sam Ishlop los torturaban y profanaban luego los cadáveres. Colonos como Julius Popper, Menéndez y Mac Clelland, pagaban una libra esterlina por cada indio asesinado.

El jefe de policía Ramón Cortés, en su diario, fechado 05-03-1897 escribía “… un inglés llamado Saham (o Sam Ishlop) y un italiano llamado Peduzzi. Estos individuos se ocupan pura y exclusivamente en la caza de indios, ya sea en territorio chileno o argentino… mediante una libra esterlina por cada individuo macho y 5 chelines por cada muchacho o mujer” .

Principales masacres colectivas

La historia también registra matanzas colectivas, como las de Cabo Domingo, perpetrada por el Chancho Colorado, administrador de las estancias de José Menéndez, dejó un saldo de 400 cadáveres esparcidos e insepultos (J. M. Borrero 1974: pág. 48-49). Otra Matanza colectiva fue la producida en Cabo Peñas, donde otros cientos de indígenas fueron asesinados. Mr. Rigby, capataz de la estancia San Sebastián, escribía a su patrón Mauricio Braun en julio de 1900 “No hemos enviado más expedicionarios a cazarlos”.

Hubo también, envenenamiento de ovejas con estricnina para obsequiarles como carne a los Selk’nam, tratamiento con venenos a ballenas varadas antes que los Selk’nam llegaran para consumirla (J. M.Borrero 1974).

En Bahía San Sebastián, una expedición dirigida por Ramón Lista, héroe del Estado argentino, perpetró una masacre de 28 varones en 1887 y muchas mujeres fueron tomadas prisioneras y deportadas a Buenos Aires.

En Playa de Springhill, el envenenamiento de una ballena provocó 500 muertes. En Punta Alta, tras más de dos días de resistencia, una tribu Selk´nam fue masacrada completamente (25 muertos).
En la primera década del siglo XX, Un inmigrante italiano, que recorría la isla en busca de yacimientos de oro, descubre los cadáveres de unos 80 Onas. A esta masacre se le llamó El Hallazgo del Italiano.

Campo de concentración en Isla Dawson

A los sobrevivientes de la cacería humana y las matanzas colectivas, se les recluyó en un campo de concentración que el Estado chileno entregó en administración a la congregación católica salesiana el año 1890. El campo de concentración y la postre de exterminio adquirió el nombre de “Misión San Rafael” y era dirigida por un sacerdote italiano: Fagnano, quien terminaría con la tarea de limpiar los campos de indígenas, para goce de los terratenientes. Isla Dawson reunía a Selk’nam, yámanas y kawasqar o alakalufes; su objetivo era ‘civilizarlos’ haciéndolos perder su identidad étnica, para transformarlos en brazos útiles para los hacendados que antes los cazaban como animales. A los hombres se les enseñaba a criar ovejas y a las mujeres a hilar la lana.

Allí, los Selk’nam se encontraron en un mundo extraño, llamaron a la isla Arská (Tierra lejana), constantemente deseaban escapar a su Karukinka, pero los aislaba el mar (L. A. Borrero 1991). Allí no había huanacos, ni nutrias, ni ñandues, los sacerdotes apenas hablaban algo de español, y nada de las lenguas originarias.

Esta Misión contaba con el apoyo de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, esa institución era el “Auschwitz” de los Selk’nam. Braun Menéndez informa de un envío al destierro de 225 selk’nam, cuya tribu “había sido sorprendida in fraganti” (L. A. Borrero 1991).

A Isla Dawson se llevaron más de 3 mil Selk´nam, población que fue disminuyendo rápidamente por enfermedades, la soledad y la pena, cuando aún quedaban unos cuantos cientos de Selk´nam se organizó una fuga masiva de prisioneros, sin embargo, fueron delatados por otros selk´nam cristianizados y occidentalizados, registrándose incluso un combate entre ellos. Sus captores, los curas salesianos, procedieron a quemar las embarcaciones en que se fugarían los rebeldes. Ese día los Selk´nam dejaron de comer alimentos, iniciando una trágica huelga de hambre, uno a uno irían muriendo.

Los últimos Selk´nam que se mantuvieron fieles a los sacerdotes católicos morirían años más tarde (1925) por una epidemia de sarampión. “Hubo muchos muertos -dijo la ona Lola Kiejpa, según Anne Chapman- muchos muertos, muertos, muertos. No sirve Xohat Xoon (médico blanco). El cementerio está lleno. Tanta gente muriendo”.

Ni un solo Selknam sobrevivió a la pérdida de libertad, en 1911 cerró el campo de Dawson transformándose en un enorme cementerio.

La Historia se repite

Cuando los últimos Selk´nam libres eran casados con perros, en las estancias ganaderas comenzaron a vivirse nuevas masacres, esta vez las víctimas eran trabajadores: chilenos, chilotes, argentinos e inmigrantes europeos. Desde la semana trágica de 1919 en Santa Cruz, hasta las matanzas en las haciendas patagónicas de 1921, donde trabajadores ovejeros, son asesinados por el ejército argentino y guardias blancas de los terratenientes, hechos que motivarán el proceso histórico conocido como la “Patagonia Rebelde”, investigada por el historiador trasandino Osvaldo Bayer y llevada al cine por el gran director argentino Héctor Olivera.

Isla Dawson fue convertida a partir del 20 de septiembre de 1973 en un campo de prisioneros políticos por la dictadura de Pinochet, hacia 1974 Dawson llegará a tener 400 prisioneros políticos y permanecerá abierto por los militares hasta junio de 1977.

Hoy en pleno año 2010 prisioneros políticos mapuche, en diversas cárceles del Estado chileno recurrieron a una huelga de hambre que puso en riesgos sus vidas, para denunciar la situación de exterminio que vive su pueblo ante la expansión de diversos proyectos capitalistas: forestales, energéticos, turísticos y mineros.

Ayer y hoy, los asesinos siguen siendo los mismos, aquellos que anteponen sus mezquinos intereses, su afán de riqueza y desprecian no sólo la naturaleza, sino hasta la propia vida humana.

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