¿Quién sostiene WikiLeaks? (Tercera Parte – Fin)

¿Quién sostiene WikiLeaks? (Tercera Parte – Fin)

altLa capacidad monopólica de difundir las filtraciones de WikiLeaks (WL) entregada por el editor Julian Assange a cinco grandes medios se convirtió en el talón de Aquiles de su credibilidad. Pero la cuestión no es tan simple, principalmente porque la campaña contra WikiLeaks en EEUU puede desembocar en un proceso judicial al editor Assange, invocando la ley “Espionage Act”, de 1917. Pero la mira más bien está puesta en el control absoluto de Internet. Y así, hasta quienes más desconfían de la preferencia del editor por esos medios ahora están empeñados en luchar por evitar que sea procesado en EEUU.

La alianza largamente negociada entre WL y los grandes medios estadounidenses y europeos encabezados por el New York Times y El País (más The Guardian, Le Monde y Der Spiegel) motivó la más obvia de las preguntas: ¿quién controla, decide y supervisa la selección, distribución y edición de los documentos que están llegando al conocimiento del grueso público? Lo esencial es que esos 250 mil documentos no están disponibles en Internet para eventuales interesados en bucear sus contenidos.

En los hechos, el control está en manos de medios que se han hecho célebres por su adicción a fabricaciones periodísticas. WL terminó subordinado a los grandes arquitectos de la desinformación, expertos en secundar los objetivos de la política exterior de EEUU.

La situación legal del editor de WL, condimentada por asuntos de promiscuidad privada, parece una cortina de humo que no deja ver claramente el boscoso trasfondo de las “revelaciones” manufacturadas a diario por quienes poseen la valiosa materia prima de los cables del Departamento de Estado. De ese banco de datos salen los proyectiles de la pesada artillería contra los principales blancos de la política exterior de EEUU -Corea del Norte, Irán, Cuba, Venezuela, Bolivia, etc.- y preparan el escenario de la próxima guerra, ante el agotamiento político de las demasiado largas aventuras bélicas en Afganistán e Irak. De vez en cuando este bombardeo ideológico produce también algún “daño colateral” alcanzando víctimas menores del “fuego amigo”, como Alán García, Silvio Berlusconi, el Papa y otros, como siempre ocurre en las guerras de EEUU.

La propaganda es instrumental a la guerra permanente, la guerra verdadera, indispensable para la reproducción del complejo militar-industrial-mediático que gobierna en la sombra al país del norte. Ese poder fáctico clama por nuevas grandes conflagraciones para dar salida al material bélico de alta tecnología que produce sin parar, incluso con financiamiento de terceros países -ajenos a la guerra- que invierten sus reservas de los bancos centrales en bonos del Tesoro de EEUU, que hoy carecen de valor real. Los blancos más probables de la próxima guerra son Irán, Corea del Norte y Pakistán. Irán está bajo sospecha de poseer la capacidad atómica que tanto teme EEUU. Corea del Norte no oculta su poderío nuclear. Pakistán obtuvo la bomba de EEUU y, por lo tanto, está al alcance del enemigo islámico. Entonces, puede haber una próxima guerra, pero nuclear. Una guerra que ya no será “local” y difícil de presentar como espectáculo de la TV, como viene ocurriendo desde la guerra del Golfo, la primera contra Irak en 1990-91.

Lo esencial es que esta movida probable -y muy sofisticada- “en aras de la libertad de expresión” tiene asegurada día a día la caja de resonancia de la prensa mundial, sin excluir las radios y estaciones de TV más pequeñas. Todos repiten incesantemente, y sin mayor análisis, las “privilegiadas revelaciones” de los mismos medios que en la última década se consagraron como campeones de la desinformación, principalmente el New York Time y El País.

Las filtraciones difundidas por el sistema “informativo” occidental explotan el apoyo de los estados del Golfo y Arabia Saudita a organizaciones musulmanas terroristas, un hecho ya conocido y extensamente documentado. Sin embargo, los informes no mencionan algo esencial para comprender “la guerra global contra el terrorismo”. Y es que los servicios de inteligencia de EEUU históricamente canalizan su ayuda a esas organizaciones terroristas a través de Pakistán y Arabia Saudita (Véase Michel Chossudovsky, America’s “War on Terrorism”, Global Research, Montreal, 2005).

Estas operaciones encubiertas de inteligencia de EEUU utilizan como intermediarios a agentes sauditas y pakistaníes. Los grandes medios explotan esos “leaks” para alimentar la ilusión de que la CIA no tiene nada que ver con redes terroristas y que Arabia Saudita y los estados del Golfo son los principales financistas de Al-Qaida, Talibán, Lashkar-e-Taiba y otros, cuyo financiamiento se provee según lo dispongan los servicios de inteligencia de EEUU. Los documentos más difundidos describen típicamente que adinerados donantes privados de Arabia Saudita y otras naciones del Golfo -a menudo de manera abierta- apoyan con mucho dinero a los mismos grupos que esos estados dicen combatir (WikiLeaks: Saudis, Gulf States Big Funders of Terror Groups -Defense/Middle East – Israel News- Israel National News).

Sobre Pakistán, “los cables en poder de varios medios periodísticos, dejan en claro que por debajo de los acuerdos públicos existen conflictos profundos entre EEUU y Pakistán respecto a objetivos estratégicos en temas como el apoyo pakistaní a los talibanes afganos y su actitud tolerante con Al-Qaida…” (Wary Dance With Pakistan in Nuclear World, The New York Times, 1 de diciembre, 2010).

La naturaleza de estos reportes otorga legitimidad a los bombardeos secretos, diarios, de EEUU contra supuestos blancos terroristas en Pakistán, que generalmente son aldeas donde mueren mujeres, niños y ancianos porque los terroristas no siempre viven y duermen en sus hogares. El uso e interpretación que los grandes medios hacen de los cables WikiLeaks perpetúan el mito de que Irán tiene un programa de armas nucleares y representa un peligro para la seguridad global. También entronizan que Arabia Saudita y Pakistán son patrocinadores de Al-Qaida y financian organizaciones terroristas musulmanas que se proponen atacar a EEUU y sus aliados de la OTAN. EEUU involucró a toda Europa en su proyecto de guerra permanente y la OTAN es ahora un ejército de mar, aire y tierra con carne de cañón multinacional, incluidos los “socialistas” españoles y ex países de la órbita soviética, empobrecidos por la crisis pero ávidos de sangre y “heroísmo” con tal de servir a Washington en los países islámicos más pobres del planeta.

Amistades corporativas de Assange

WikiLeaks y el semanario británico The Economist tienen una amistad de vieja data: Assange recibió en 2008 el premio “The Economist’s New Media Award”. El semanario tiene una estrecha relación con las élites financieras del Reino Unido, apoyó la guerra de Irak y entre sus accionistas relevantes destaca la familia Rothschild. Sir Evelyn Robert Adrian de Rothschild fue su director de 1972 a 1989 y su cónyuge, Lynn Forester de Rothschild, pertenece a la junta directiva actual. ¿Por qué Assange recibiría el apoyo de uno de los medios de prensa británicos más destacados en la continua campaña de desinformación?, preguntó el periodista canadiense Michel Chossudovsky. Para el analista, “si no se trata de un caso de ‘disidencia manufacturada’, apoyar y premiar a WL por sus acciones por la libertad de información constituye una manera de controlar y manipular ese proyecto y, a la vez, captarlo para los medios corporativos”.

En otra conexión, el abogado londinense de Assange, Mark Stephens -de la firma de abogados de la élite londinense Finers Stephens Innocent (FSI)-, es consejero legal de Rothschild Waddesdon Trust. Este dato no demuestra nada, pero encaja en el contexto del entorno social y corporativo de WikiLeaks: el NYT, el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por su sigla en inglés), The Economist, Time Magazine, Forbes, Finers Stephens Innocent (FSI), etc.

Michel Chossudovsky recurrió a un párrafo de Aldous Huxley para sugerir quiénes son tales amistades y cuál es su naturaleza: “Los grandes banqueros, al mover algunas simples palancas que controlan el flujo de dinero, pueden determinar el éxito o el fracaso de la economía de un país. Al controlar los comunicados de prensa sobre las estrategias económicas que delinean tendencias nacionales, la élite es capaz no sólo de tomar las riendas de poder de la estructura económica de esta nación sino también de extender el control a todo el mundo. Aquéllos que poseen un poder así quieren, lógicamente, permanecer en un segundo plano, ser invisibles para los ciudadanos comunes”.

Identidad de objetivos

Cuando WikiLeaks anunció sus objetivos dijo que sería “una versión sin censura de Wikipedia para la filtración y análisis de documentos de procedencia secreta” centrada “principalmente en los regímenes opresivos de Asia, el antiguo bloque soviético, África subsahariana y Oriente Medio, aunque también esperamos ofrecer un espacio para aquéllos que en Occidente deseen revelar comportamientos antiéticos de sus propios gobiernos y corporaciones” (CBS News – Website wants to take whistleblowing online, 11 de enero, 2007).

Julian Assange confirmó estos propósitos en una entrevista con The New Yorker en junio de 2010: “Nuestros objetivos principales son aquellos regímenes extremadamente opresivos de China, Rusia y Eurasia Central, aunque esperamos ofrecer un espacio para quienes deseen revelar  en Occidente conductas ilegales o inmorales de sus propios gobiernos y corporaciones”. Advirtió que “exponer secretos” podría hacer caer gobiernos que ocultan la realidad, incluyendo al gobierno de EEUU.

Para Chossudovsky, el enfoque geopolítico de WL en “regímenes opresivos de Eurasia y Medio Oriente” resultó “atractivo” desde el inicio para las elites estadounidenses, pues parecía coincidir con los objetivos de la política exterior de Washington. La inclusión en su equipo de disidentes chinos, más los propósitos de “exponer secretos” de gobiernos extranjeros sintonizaba con las operaciones encubiertas de EEUU y el interés de Freedom House por desencadenar “cambios de régimen” y promover “revoluciones de colores” en diferentes partes del mundo.

Chossudovsky: Si WL se propone combatir en serio la censura, surge otra pregunta obvia: ¿Cómo es posible que esta batalla contra la desinformación de los medios se lleve a cabo bajo la batuta de los arquitectos corporativos de la desinformación? La convocatoria a los arquitectos de la desinformación mediática para luchar contra esa desinformación resulta un procedimiento incongruente y autodestructivo.

“Los medios corporativos de EE.UU. y específicamente The New York Times, son una parte integral del establishment económico, conectado a Wall Street, los “think tanks” de Washington y el Consejo de Relaciones Exteriores”, añadió el canadiense.

Maquiavelismo corporativo

Para Chossudovsky, WL ofrece características de “disidencia manufacturada”. Se las ingenió para exponer mentiras gubernamentales y filtró información de crímenes de guerra de EEUU. Pero una vez que el proyecto se legitimó, fue vertido en el molde del periodismo corporativo para ser utilizado como instrumento de desinformación.

“Las élites corporativas deben aceptar por su propio interés el disenso y la protesta como características del sistema, siempre y cuando no amenacen el orden social preestablecido. El propósito no es reprimir la disidencia sino al contrario: manipular el movimiento de protesta para fijar los límites del disenso. Los medios mantienen su legitimidad y las élites económicas limitan y controlan las formas de oposición… Para ser eficientes, quienes concitan el movimiento de protesta deben regular y controlar cuidadosamente tales protestas (M. Chossudovsky, “Manufacturing Dissent”: the Anti-globalization Movement is Funded by the Corporate Elites, septiembre 2010). En otras palabras, “la empresa perdona un momento de locura”… siempre que la controle. Los mecanismos de propaganda del aspecto militar del “Orden del Nuevo Mundo” se vuelven cada vez más sofisticados.

En el “nuevo orden” los políticos son prescindibles; pueden ser reemplazados. El orden ya no descansa en la supresión abierta de conocimientos sobre crímenes de guerra de EEUU-OTAN. Ni requiere que se proteja la reputación de los funcionarios de alto rango del gobierno estadounidense, incluyendo al Secretario de Estado. Lo que se debe proteger y reforzar son los intereses de las élites económicas, que controlan el aparato político desde la sombra.

Los hechos descritos por las filtraciones conocidas están, teóricamente, en un banco de datos. Muchos documentos sirven a los intereses de la política exterior estadounidense, en particular aquellos que aluden a gobiernos extranjeros, mientras otras descripciones tienden a desacreditar al gobierno de EEUU. En el ámbito de la información financiera, la filtración de datos de un banco específico, eventualmente suministrada a WL por una institución rival, podría desencadenar el colapso o la bancarrota del banco afectado.

Todos los leaks difundidos fueron redactados selectivamente. Además, “analizados” e interpretados por grandes medios al servicio de las élites económicas. Si todo el banco de datos WL estuviera disponible “on line” -y no es el caso-, el grueso público no se tomaría el trabajo de consultarlo. En el imaginario colectivo sólo quedan las visiones elaboradas e interpretadas por los grandes medios. El público puede tragarse su parcialidad según su fe en el sello de “fuente confiable”, que a menudo auto-proclaman medios tan poco confiables como CNN en Español. En rigor, todo lo que aparece en los principales periódicos y cadenas de TV es una distorsión de la verdad cuidadosamente manipulada. O sea, propaganda.

Según Chossudovsky, el orden tolera algunas formas limitadas de debate crítico y “transparencia”, siempre y cuando refuercen el apoyo del público a las premisas básicas de la política exterior de EEUU, incluyendo la “Guerra Global contra el Terrorismo”. Esta estrategia ha sido exitosa en grandes segmentos del movimiento antibélico (“Estamos contra la guerra, pero apoyamos ‘la guerra contra el terrorismo'”). Para el autor, la verdad en los medios de comunicación sólo se alcanza desmantelando el aparato de propaganda, es decir, “combatiendo la legitimidad de los medios corporativos al servicio de los intereses de las élites económicas y del aparato militar global de EEUU”.

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