El Bicentenario “reguleque” de los medios chilenos

El Bicentenario “reguleque” de los medios chilenos

Un año excepcionalmente noticioso fue el 2010, y no trajo precisamente buenas nuevas. Si bien los medios de comunicación cumplieron un rol informativo fundamental, su desempeño deja mucho que desear, según evaluaron los expertos consultados por el equipo de www.radio.uchile.cl sobre el tratamiento de los hechos que marcaron estos 365 días que no nos dieron tregua.

Un año de arduo trabajo para los medios de comunicación fue este acontecido 2010. Más malas que buenas, las noticias no dieron tregua al país y los medios ocuparon un rol fundamental a la hora de informar, pero muchas veces olvidaron la vieja premisa y se convirtieron también en los protagonistas.

El equipo de www.radio.uchile.cl consultó a expertos en comunicación sobre la cobertura noticiosa que dieron los medios nacionales a los hechos que  tuvieron mayor impacto en estos 365 días que pasaron casi sin respiro – terremoto, huelga de hambre mapuche, rescate de los mineros, conflicto medio ambiental en Caimanes, huelga de los trabajadores de Farmacias Ahumada y el incendio en la cárcel de San Miguel- y la evaluación no fue positiva.

Los especialistas concluyeron que hubo un tratamiento liviano de las noticias, donde se optó por explotar el dramatismo o farandulizar los hechos en vez de buscar un análisis más profundo que contribuyera al debate nacional. Peor aún, algunos coinciden en que en las noticias que afectan a grupos económicos o políticos poderosos hubo deliberadamente una distorsión de la realidad o simplemente se silenció.

Los que resultaron peor parados en este recuento fueron, sin duda, los canales de televisión, que convirtieron informativos en espectáculos, aprovecharon hasta el agotamiento el dolor humano y callaron cuando había intereses en juego. Un grave síntoma si consideramos que el 70 por ciento de las personas dicen informarse preferentemente a través de la TV.  Las críticas también tocaron a los diarios y su relación con los avisadores. Nuevamente la radio fue la que obtuvo una mejor nota y la mayor credibilidad.

La comparación con los medios internacionales fue lapidaria: los extranjeros cubrieron mucho mejor los hechos ocurridos en Chile que salieron al mundo.

Terremoto: La obsesión, el morbo y el caos

Hay coincidencia en que la televisión jugó un rol social importante en las primeras horas que sucedieron al terremoto: llegó pronto a lugares devastados y dio las primeras luces de su magnitud, pese a las precariedades que enfrentó. “La filmación de lo que ocurrió en la Onemi es importante como documento, hay una reconstrucción bastante buena de lo que pasó, porque no supimos durante horas lo que estaba pasando, como tampoco sabía la Presidenta ni las autoridades”, explica la directora del Observatorio de Medios Fucatel, Manuel Gumucio.

No obstante, esa tarea cambió con el correr de los días. Según el académico del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, Cristian Cabalín, las repetidas imágenes de la destrucción y los posteriores saqueos en el Bío Bío provocaron una sensación de caos. “Los medios habían sido capaces de transmitir cierta tranquilidad. Sin embargo cuando estaban instalados, recurrieron a la competencia absoluta para conseguir rating y descuidaron cierta prolijidad editorial para manejar temas como los saqueos, donde claramente había una intencionalidad de darle aun más dramatismo a una situación ya dramática”, dice.

“Por repetir la noticia morbosa que podría traer audiencias, se muestra la misma imagen veinte veces en el día, entonces la gente cree que se ha saqueado veinte veces. Se repite la figura del señor con el refrigerador en la espalda durante cuatro días”, coincide Herman Chadwick, presidente del Consejo Nacional de Televisión, que ha realizado dos estudios sobre la cobertura del sismo.

El cerco informativo y el poder del silencio

Y así como durante el 2010 existió una cobertura excesiva sobre algunos hechos, también se manifestó una absoluta indiferencia mediática en relación a temas de igual importancia y valor periodístico.

Fue el caso de dos de las huelgas de hambre más extensas de los últimos años: la de los 31 presos políticos mapuche (85 días) y la de los once comuneros de Caimanes (81 días) en la región de Coquimbo, que solicitaban el cierre del tranque de relaves tóxicos de la minera Los Pelambres.

Ambas protestas pasaron inadvertidas para más del 70 por ciento de los chilenos que se informan, principalmente, a través de la televisión y de los grandes medios de circulación nacional. Tanto fue así, que las informaciones sobre los mapuche comenzaron a aparecer cuando  ya habían pasado más de dos meses de ayuno y la vida de los comuneros corría peligro.

Si bien, Cristián Cabalín reconoce que esta situación se condice con el tratamiento “discriminatorio” que reciben los temas mapuche en la prensa, asegura que cuando se desató “la exigencia de la propia sociedad por conocer lo que pasaba y la huelga se transformó en un problema político importante para el gobierno de Piñera, (los medios) no pudieron obviarlo”.

Este silenciamiento fue reconocido incluso por el CNTV, que en su acta del 15 de noviembre ratificó que los noticiarios de televisión abierta no mostraron informaciones en relación a la huelga de hambre y, en específico, a la reunión que sostuvieron diputados de la comisión de Derechos Humanos con los voceros de los huelguistas. Sin embargo, pese a que el organismo declaró la omisión, no emitió sanciones porque “no podemos introducirnos en la programación de los canales y la forma que tienen de mostrar las noticias”, precisó Herman Chadwick.

Criterios que tampoco quedaron claros en la protesta de Caimanes. “Se trataba de algo tan importante como la defensa del medio ambiente y de la violación a los derechos humanos hacia nuestras comunidades. Por eso creímos que la cobertura iba a ser más amplia. Esta huelga no sólo representaba a la comunidad de Caimanes sino que a los problemas que se dan en todo el país e incluso a en el mundo, porque no he escuchado otro caso donde se haya hecho una huelga para defender el derecho a la vida, el agua, la tierra, la cultura, las raíces y nuestro patrimonio e identidad”, sentenció Cristián Flores, vocero de los huelguistas.

Luis Cuello, editor de la Otra Prensa y uno de los que denunció la omisión de las informaciones de la huelga mapuche ante el CNTV, aseguró que este proceder de los medios es “frecuente” y manifestó que su intención con el reclamo era “visibilizar que los canales de televisión ejercen prácticas discriminatorias y actúan como actores políticos toda vez que quieren excluir de un modo absoluto determinados temas, personajes y conflictos”.

Y, precisamente, en estos dos casos quedó en evidencia la enorme influencia que ejercen los poderes políticos y económicos sobre los medios de comunicación.

Rescate en la mina: Uniformes y cursis

“Tienen algo de cadena nacional los canales, cambiando no tienes la posibilidad de tener otros protagonistas”, critica Manuela Gumucio al referirse a la uniformidad de la cobertura del rescate en la mina San José. “Por eso tendemos a asfixiarnos con la insistencia en un solo tema, lo de los mineros terminó por agobiar a todo el mundo. No sería grave que todos hablaran del mismo tema si fuera desde puntos de vista distintos”, explica la especialista, quien lamenta además que la transmisión oficial fuese realizada por el Gobierno y no por el canal público, TVN.

Cristian Cabalín, residente en Estados Unidos al momento de la operación, afirma que “la cobertura del rescate fue excesivamente cursi en Chile. Evidentemente era un momento emocionante, pero había un montón de expresiones que denotaban un afán por darle aun más dramatismo. Hubo periodistas que se dedicaron solo a recitar la frase hecha para la galería”, señala.

En cambio, según Cabalín, medios como CNN y el New York Times fueron más cautos: “Enfatizaron lo importante del evento, pero con respeto a la gente y los familiares, solo saber antecedentes para dar contexto. No hubo el afán por meterse tanto en la vida de los mineros como en Chile, donde hubo interés desmesurado por las andanzas, las anécdotas, las tragedias familiares antes del derrumbe. Es decir, un afán por conocer desde el punto de vista más trágico a los mineros”.

La huelga bajo la alfombra

La dirigenta de los trabajadores de Farmacias Ahumada (FASA), Juana Figueroa, tiene una opinión dividida respecto de cómo los medios de comunicación difundieron la huelga legal que por 32 días protagonizaron 759 empleados del Sindicato Número 1 de la farmacéutica realizaron en octubre.

En primer lugar, la representante de los trabajadores señaló que mientras en la televisión abierta se constató un ocultamiento de la información, en las radios y en los medios escritos sí hubo una cobertura de la movilización.

Según la dirigenta, la publicidad que FASA tenía contratada en la televisión abierta en horario de alta audiencia influyó de forma directa para que los canales no informaran sobre el paro.

“La televisión mostró lo que quería. Cuando fuimos detenidos, cuando fuimos a funar la salida de los mineros al balcón en La Moneda, cuando pintamos las micros. Nuestro  balance sobre el trabajo de la televisión en la divulgación de la huelga es malo y para la radio en cambio es un 10, nada que decir”, afirmó la representante de los empleados.

En relación a este punto Juana Figueroa agregó “la única forma que tuvimos para visibilizar el conflicto fue bloqueando los locales estratégicos e invitando a la gente a no comprar mientras estábamos en huelga. Todo el mundo supo del paro, porque nosotros lo hicimos saber, no porque la prensa televisiva lo hizo saber”.

Para Cristian Cabalín, “los medios no podían obviarlo porque era un tema de alto impacto, pero tuvieron que construir la noticia con cierto cuidado en ese tema. Las farmacias son un avisador sumamente importante en los medios de comunicación que ya habían tenido un episodio conflictivo en el caso de la colusión y ahora se veía FASA en particular enfrentada a un caso de reivindicación sindical. Entonces los medios no pueden desconocer que funcionan como empresas, por lo tanto, también cuidan sus fuentes de ingreso”.

El show del dolor en el incendio en la cárcel de San Miguel

Otro hecho que causó gran impacto social este año fue el incendio en la cárcel de San Miguel, que dejó a 81 presos muertos la madrugada del 8 de diciembre.

Sobre el tratamiento que tuvo este tema, el presidente Consejo Nacional de Televisión destacó la explotación del dolor de los familiares de los presos, precisando que “estamos viendo cómo se usó el dolor ajeno, de las familias, cómo se repitió con sensacionalismo algunas noticias. Pero también tengo que reservarme la opinión y la sanción posible si es que la hay porque soy jurado. Todos ese 8 de diciembre pudimos ver cómo los canales se comportaron durante las 24 y 48 horas porque fue la única noticia en todas las pantallas de televisión abierta nacional”.

Para la directora general del Observatorio de Medios Fucatel aquí también influyó un factor social. Según Gumucio, se hizo “un tratamiento bastante clasista, una falta de respeto en general en los medios en cómo se invade la privacidad de la gente de menores recursos. Hay un tratamiento que no se le haría a una persona de otros estratos sociales”.

Una de imágenes que perdurará en la retira como un mal recuerdo del 2010 será, precisamente, la que mostraron detalladamente en TV con el llamado una a una de las familias de los reclusos muertos y cómo ellos intentan ocultar sus caras de dolor ante las cámaras que los hostigaban.

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