La otra barrera que saltan las mujeres para llegar a la universidad

La otra barrera que saltan las mujeres para llegar a la universidad

“Por los puntajes nacionales me tocó mucho más estar con hombres, habían pocas niñas. En la ceremonia que se hizo en la municipalidad yo era la única mujer, entonces uno se siente un poco incómoda”, dice Diana Orellana, que logró el máximo resultado en la última PSU de matemáticas.

Bastaba ver las imágenes de los alumnos en La Moneda junto al Presidente Sebastián Piñera para darse cuenta: las mujeres son minoría entre los mejores puntajes de la prueba. Y eso que juegan de local: según las estadísticas del Demre, en la última década siempre hubo más mujeres inscritas para dar la prueba. Más interesadas, ya que su porcentaje de asistencia también es mayor. Y mejores alumnas en la educación superior, porque en promedio logran mejor rendimiento y se titulan en mayor proporción. No obstante, en promedio, los hombres obtienen los mejores resultados de la PSU, especialmente en Matemáticas (517 puntos contra 486) y Ciencias (516 versus 486).

Una barrera que se reflejará también para los más de 67 mil estudiantes seleccionados por las universidades tradicionales que conocen el resultado de su postulación desde este miércoles. Pese a que más mujeres que hombres rinden la prueba, al momento de matricularse otra vez son minoría. En el último proceso de admisión, un 55% de las postulantes se inscribieron en una carrera universitaria, frente a un 62% de los hombres, una diferencia de más de 3 mil estudiantes.

Daniela Saavedra, puntaje nacional en Matemáticas, lo vivió en el Liceo Zapallar de Curicó: “No es común entre las mujeres, siempre hay más hombres. A mí me atrajo el lado de las empresas, me gustaría tener una propia y yo quería estudiar algo que me permitiera hacerlo, así que postulé a ingeniería”, dice. Según cuenta la única alumna que logró el máximo resultado desde un liceo fuera de Santiago, “puede ser que algunas lo vean como más complicado, porque en el colegio nos separan por electivos y las que hacíamos física y matemáticas éramos súper pocas comparadas con los hombres”.

Una experiencia que comparte Diana, que en el Liceo Nº1 de Niñas también era minoría: “En física éramos tres de mi curso, entre 45. Y las ‘físicas’ del liceo eran como 90, de 500 por nivel”, calcula. “A veces intentaba explicarle a mis amigas lo que hacía y no suelen entenderme mucho. Para ellas era una cosa aparte, decían que era como semidiosa -cuenta entre risas-. En general mis compañeras decían que eso es de otro mundo, que no se puede, no es entendible para el resto de los mortales”, relata.

“Uno se puede preguntar en qué medida la prueba, como instrumento, no contiene sesgo ya en su construcción”, cuestiona Teresa Valdés, investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer (Cedem). Por ejemplo, ¿cuánto se plantea en las áreas en que tienen mejor desarrollo las mujeres que los hombres, como literatura y lenguaje? ¿O cuánto está cargado a aquellos ámbitos en los cuales los hombres muestran mejores resultados?”, señala.

La investigadora del Cedem considera que es un proceso que se inicia “prácticamente desde la cuna”, verificable a lo largo de los años: “En los resultados del Simce de 4º y 8º Básico ves que ya hay estas diferencias en resultados de matemáticas en favor de los varones, y favorables a las niñas en lenguaje y literatura. Para los hombres desde muy pequeños está el desafío de desarrollar su capacidad intelectual y abstracción, y para las niñas las expresivas, la literatura, etc.”, afirma.

Idea que comparte Sonia Montecino, académica de la Universidad de Chile, quien afirma que los estereotipos hacen “natural” que niños y niñas asuman ciertos roles: “Cuando en un parvulario, por ejemplo, hay un rincón donde los niños juegan con autos, locomotoras, y otro donde las mujeres juegan con muñecas y cocinas, eso construye conceptualizaciones sobre dónde deben estar hombres y mujeres, y obviamente se otorga cierta valoración a esos espacios”, indica.

Teresa Valdés, por su parte, cita estudios en terreno para apuntar que “las mismas profesoras les preguntan más a los hombres que a las mujeres, los sacan más a la pizarra, les ponen más desafíos. Tú les reflejas esto a las profesoras, y nunca se han dado cuenta”.

Sonia Montecino, que ha firmado distintos estudios de género, sostiene que “son sutilezas que solo se observan en el aula, porque obviamente ningún profesor va a decir que discrimina por género, pero uno lo tiene como gramática inconsciente. Le pide a los hombres hacer ciertas cosas y a las mujeres, otras. En los puntajes, los mandatos de género tradicionales están funcionando: las mujeres no son ‘buenas’ para las matemáticas, pero sí para Lenguaje, Ciencias Sociales o Historia. Un síntoma que se expresa también en los programas de estudio como “currículum oculto”, según explica. Basta pensar, dice, que en los programas de Historia los personajes relevantes son los héroes, siempre hombres.

Una desigualdad que se acentúa en los sectores de escasos recursos, expresada  en las escasas siete mujeres egresadas de un liceo que obtuvieron puntaje nacional en Matemáticas. “Las mujeres de colegios particulares tienen más acceso al mundo laboral, a las mejores carreras, y por lo tanto, a mejores sueldos,  que las mujeres de sitios en que el capital cultural es precario”, ratifica la antropóloga.

¿Qué se puede hacer para revertir la inequidad de género? Para las investigadoras, la clave está en la formación de los profesores. “En el currículum de las pedagogías deberían existir cursos de género. Un ramo en el que pudieran conocer y tener herramientas para actuar frente a los alumnos y también hacer una autocrítica hacia sus propias prácticas pedagógicas, muchas veces sexistas”, responde Sonia Montecino, quien asegura que en EE.UU. y Europa se han implementado programas de estudio que consideran esta variable. “Es una preocupación de los países ‘desarrollados’ y perfectamente podríamos releerlo hacia nuestra realidad”, dice.

Según Teresa Valdés, aquella falta de preparación de los docentes se refleja en los actuales resultados: “En las universidades no ponen ningún énfasis en las consecuencias que tienen las desigualdades de género en los resultados académicos. No hay ninguna escuela de pedagogía que tenga formación en género. Ninguna. Los resultados muestran que los niños y niñas tienen puntajes diferentes en el Simce y da lo mismo. No se han dado cuenta de que van formando profesores sin las habilidades para que la educación sea eficiente. Y la educación es ineficiente si las mujeres sacan malos resultados. El problema no es de las mujeres”, concluye.

Fuente: Radio Universidad de Chile

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