Hoy periodismo ciudadano, antes prensa popular

Hoy periodismo ciudadano, antes prensa popular

altMucho se habla de la irrupción del “periodismo ciudadano” en nuestros tiempos, pero la verdad es que este tipo de periodismo ha existido desde tiempos remotos. Ya la creación de la imprenta permitió que ciudadanos comunes y corrientes empezaran a expresar y difundir sus ideas a través de modestas hojas impresas que no pocas veces circulaban clandestinamente. “La Aurora de Chile”, del recordado fray Camilo Henríquez podría decirse que fue nuestro primer periódico ciudadano.

Durante la dictadura, se acuñó el término “prensa alternativa” para agrupar a medios como las revistas Análisis, Cauce, Hoy, Apsi, o diarios como el Fortín Mapocho, que mostraban aquello que el régimen se empeñaba en acallar.

Pero no fueron los únicos. Más silenciosamente, con tiraje limitado, con recursos precarios, muchas veces con impresiones deficientes, circularon boletines e informativos que formaron lo que se denominó “prensa popular”. Era la voz de los pobladores, de los jóvenes, de los profesores, de los trabajadores, de ciertas organizaciones, que se desplegaba a veces sólo en un par de hojas oficio dobladas en dos, impresas a mimeógrafo, primero y luego en sencillas máquinas off set, en blanco y negro, con fotografías recortadas o dibujos, para dar cuenta de lo que ocurría en su entorno más cercano, pero también para contar lo que no aparecía en los medios tradicionales.

Boletines como “El Asomao”, del Servicio de Educación Popular; “Mano de Obra” del Taller de Análisis Sindical y Social; “Mar Sindical” del Sindicato de Trabajadores de Emporchi; “Encuentro” de la Iglesia Evangélica Luterana; “Gente Nueva” del Grupo Cultural de Nonguén; “Presencia de Mujer” del Departamento Femenino del Movimiento Sindical Unitario; “El Agechiano” de la Asociación Gremial de Educadores de Chile, por mencionar sólo algunos de los numerosos que circularon en aquellos tiempos en Concepción y en otras comunas de la región del Bío Bío, contribuyeron a fomentar la expresión y la información, ofreciendo un espacio que en muchos casos implicaba un gran esfuerzo para quienes decidían emprender este desafío.

Sus tirajes nunca fueron masivos, entre cien a 300 ejemplares como máximo y mientras algunos se regalaban y por otros se pedía un aporte voluntario.

Quienes se dedicaban a esta labor eran autodidactas que se las ingeniaban como podían para sacar adelante sus boletines. Las más de las veces la técnica era reemplazada por el voluntarismo y las ganas, algo que igual era valorado por quienes se informaban a través de estos boletines populares.

Viendo el tremendo potencial que estos medios de comunicación populares significaba,  tres instituciones, la Vicaría de Pastoral Obrera, el Servicio Evangélico para el Desarrollo y Educación y Comunicaciones, decidieron aunar sus voluntades y ofrecer un Taller de Prensa Popular. La primera versión se realizó en 1985, en Concepción y lo recuerdo perfectamente porque me tocó participar directamente en la preparación de dicho taller y también aportar mis conocimientos profesionales. En ese tiempo yo había iniciado mis labores como periodista a cargo de la Unidad de Comunicaciones de la Pastoral de Derechos Humanos, también conocida como la “Vicaría” de Concepción.

Así como en la actualidad se habla del “reportero ciudadano”, entonces acuñamos la expresión “reportero popular”, porque se reivindicaba mucho la expresión del pueblo, lo que surgiera de allí, las ideas y propuestas del mundo popular, y de alguna forma se quería que ellas tuvieran su espacio en estos boletines.

No se trataba de “profesionalizar” a la prensa popular, nada más lejos de eso, lo que se buscaba era el trasvasije de experiencias -por lo menos así lo entendí yo- pues las técnicas y conocimientos del periodismo tradicional debían adaptarse a la realidad de quienes hacían prensa popular para ayudarles a mejorar sus boletines y también a lograr un mayor grado de efectividad, mejorando contenidos y presentación.

El aporte de estas publicaciones populares estuvo en su cercanía con quienes eran su público objetivo: un grupo de trabajadores, vecinos de una población determinada, integrantes de una organización… que esperaban ese boletín que les contara aquello que no escuchaban en la radio, no leían en los diarios o no veían en la televisión. Un esfuerzo que hoy prácticamente es desconocido, pero que vale la pena rescatar, conocer y re-conocer.

Por María Eliana Vega S.

Periodista

Directora www.tribunadelbiobio.cl

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