La salud que enferma

La salud que enferma

Lo que a continuación expongo desea ser más que un pequeño testimonio, y pretende hacer reflexionar un poco a nuestros dirigentes gremiales, a las personas, a los lectores.

Por estos días he estado visitando a mi pareja en el hospital Higueras, de Talcahuano, pues seremos padre y madre. En el sector maternidad. Siempre he sido una persona que defiende la salud pública, que pienso que debe ser un derecho efectivo.

Pero las condiciones en que se está en el Hospital no puede hablarse de defender algo. Para muestra una mirada superficial: el porta sueros que traía hoy una madre que había concebido, era un palo pintado de blanco con unos clavos puestos. La persona que conocía como manejar la maquina que proporcionaba el suero, no estaba cerca y había unas 6 personas que intentaban hacerla funcionar sin éxito, algo así como lo que pasaba en la bodega de la ONEMI, donde faltaba el jefe de bodega que era el único que sabía utilizar el software para saber el stock de las bodegas de todo el país. No hay capacitación.

Para que una mujer sea llevada a la zona de partos, debe desocuparse antes una cama, pues no alcanzan (si, una mujer a punto de parir). Hay tres comidas, si es que se les puede llamar así, por lo precarias; en la mañana, al almuerzo y en la tarde como a las cinco al parecer unas sobras del almuerzo. Más tarde se ofrece agua caliente.

Junto a mi compañera, estaba una mujer bien pobre, que ni siquiera tenía ropa para irse y estaba siendo presionada para que dejará el hospital, por falta de camas. Tuvo que conseguirse unos pantalones y pedir plata en las afueras, porque no se pudo esperar a que la fueran a buscar.

Gran parte del tiempo, no hay anestesista en el Hospital. Por lo que notarán que la sala de partos es parecido a una cámara de tortura.

Hoy, tras el sismo de 7°, obviamente no hubo evacuación, ni hay un plan para ello.

Pero eso es una parte del problema. Otra parte, y que es más preocupante, es que al parecer muchos funcionarios creen que están haciendo caridad con los pacientes. El trato es bastante malo (Hoy, por ejemplo, un médico se burlaba de una paciente que tenía diarrea). El hospital está bastante deshumanizado, hay pocas palabras que no van más allá de tomar la temperatura y ver la presión, dos cosas que cualquier persona un poco instruida puede hacer en su casa. Para obtener información, si no conoces a alguien estás frito. Pueden tener a una persona ahí por días, sin saber que pasa (una chica de 16 años estuvo botando líquido amniótico, y se dieron cuenta al tercer día). Matronas, enfermeros, técnicos pasean por las salas, y al parecer si no ocurre un accidente no hablan entre ellos.

Pienso que hay muchos que si tienen vocación y compromiso, pero son muy pocos. Una razón puede ser que un técnico en enfermería por ejemplo, tiene contrato a plazo fijo durante años, y gana unos $240 mil pesos mensuales. Gran parte de los funcionarios está externalizado.

El sistema no necesita defenderse, sino refundarse. Pero el discurso sobre la defensa de la salud pública está, oficialmente, obsoleto. ¿Qué piensa una persona común y corriente acerca de la salud pública? Lo que sufre cada vez que va a un Hospital. ¿Por qué defenderlo entonces?. A la concertación le encanto mantener las cosas como están. A ellos les pertenece ese defender. Para poder privatizarlo.

Nosotros necesitamos mucho más. La propuesta no puede ser solo salud pública. Se necesitan proyectos desde y de los trabajadores y usuarios. Porque hoy la salud pública está muerta.

Estas leyendo

La salud que enferma