Visión de un norteamericano que apoyó a Allende (Segunda Parte): ¿Qué está pasando hoy en Chile?: La lucha continúa

Visión de un norteamericano que apoyó a Allende (Segunda Parte): ¿Qué está pasando hoy en Chile?: La lucha continúa

altLa primera parte de este artículo exploró el actual clima político en Chile a través de muchas personas que siguen trabajando por un cambio social significativo. Esta segunda parte explora estas luchas con mayor profundidad. Como el autor es psicólogo, este artículo aborda la dinámica psicológica de la lucha social y política, pero también alude las luchas en la vecina Bolivia. Estos artículos se basan en conversaciones con activistas en Chile y Bolivia en septiembre y octubre de 2010.

Necesidad psicológica de luchar por el cambio social

Psicológicamente, la necesidad de luchar por la dignidad, la igualdad, por la conexión empática con nuestros semejantes -que es la forma más elevada de la comunidad-, es esencial para nuestro requerimiento de un sentido de la vida. Esto es a menudo olvidado, ignorado o negado, incluso por la psicología en sí misma. Muchos psicólogos de mediados del siglo XX (Erich Fromm, Viktor Frankl y Herbert Marcuse, por ejemplo) reconocieron el papel crucial de la participación personal en el cambio social, pero la psicología ha ignorado sus contribuciones. La psicología actual en EE.UU. está dominada por un enfoque desde la neurofisiología, mientras la psicoterapia depende más -en gran medida- de los medicamentos recetados.

En Chile persisten prácticas regresivas -como considerar la homosexualidad una enfermedad a ser “curada”-, junto con el ascendiente de la psicofarmacología. Afortunadamente, estas perspectivas reaccionarias no son universalmente compartidas. Por ejemplo, el respetado psiquiatra chileno Lucho Weinstein, a quien conocí en los ’70, cuando estaba construyendo la organización comunitaria en apoyo de las políticas de la Unidad Popular, sigue subrayando la importancia de la comunidad, de la relación con nuestros semejantes, como el núcleo del bienestar psicológico.

Los humanos son animales sociales. A través de la empatía, percibimos lo que sienten los demás. Aun cuando nosotros mismos no seamos víctimas directas, nuestra empatía nos conecta con quienes lo son. Una de las contribuciones más perdurables de la psicología es el entendimiento de que es perjudicial la represión de las necesidades psicológicas fundamentales. Las necesidades humanas no desaparecen si se las niega. Cuanto más se trate de mantener los sentimientos y necesidades fuera de la conciencia, es más probable que esto cause problemas psicológicos, síntomas, pensamientos y acciones destructivas. La represión de la conexión empática con la comunidad más allá de nosotros significa amputar parte de nuestra condición humana, dañar nuestra integridad psicológica. Todo ser humano necesita sentir auto-respeto y ser tratado con respeto. La necesidad humana de vivir y actuar según las propias convicciones no cede a la oscuridad ni a la vergüenza. Es tan universal como la necesidad de amor y afecto.

La comunidad humana que necesitamos, como cualquier otra aspiración, no llega a pasar simplemente por el deseo de que así sea. Puesto que la vida no es un proceso hacia un destino, el sentido de la vida lo otorga la lucha misma y nos libera psicológicamente. Al trabajar para resolver problemas en beneficio de la mayoría, y no para unos pocos, quienes se comprometen mantienen su integridad y dignidad.

Los pueblos indígenas reclaman sus derechos

Uno de los retos más importantes para el orden mundial proviene de los pueblos indígenas, a menudo entre los más marginados, oprimidos y empobrecidos del mundo. Pero se atreven a alzar su voz.

En Bolivia, pueblos indígenas sometidos durante siglos condujeron a la presidencia a uno de los suyos -Evo Morales- y luego llevaron a la calle la exigencia de aprobar una nueva Constitución que trasladó el poder de la élite empresarial a la mayoría de los pueblos originarios. Esta nueva Constitución define a Bolivia como “plurinacional”. Por primera vez en la historia se reconoce que es una sola entidad que abarca varias naciones, cada una con su propia identidad. El gobierno de Evo ha promulgado también una nueva ley que hace ilegal toda forma de discriminación, en particular la discriminación racial.

Los mapuches en Chile no tienen la ventaja de constituir la mayoría de la población. Como explica de manera elocuente Paulina Acevedo, activista y periodista del Observatorio Ciudadano, las potencias coloniales y neocoloniales hicieron todo lo posible para destruir la cultura de los pueblos indígenas, imponer su lengua y su religión. Ellos privaron al pueblo de sus tierras, lo esclavizaron o “permitieron” su ingreso a la sociedad sólo en el nivel más bajo de subsistencia.

Sin embargo, esta dominación no ha logrado borrar por completo el sentido de identidad de los pueblos indígenas. Los mapuches, como muchos pueblos originarios de América del Norte y del Sur, han conservado su historia, sus creencias, sus formas de entender el mundo. En EEUU, por ejemplo, aunque encerrados en las estériles llanuras del centro-norte del país, la Nación Lakota ha mantenido los nombres ancestrales, su idioma y costumbres. Muchas otras naciones indígenas de América del Norte, México y de Nuevo México a Canadá, continúan luchando por sus derechos, a pesar de las invasiones genocidas que han reducido a su gente y su tierra a una fracción de su extensión original. Ellos celebran las glorias y conmemoran las matanzas de su pueblo. Al igual que las recuerdan los pueblos indígenas de Bolivia y los mapuches de Chile.

Con la ayuda valiente de periodistas como Acevedo, la lucha de los pueblos indígenas se abre paso en la conciencia del resto del mundo. Los presos mapuches tuvieron que morirse –literalmente- de hambre en más de 80 días de ayuno para lograr que saliera a la superficie el horror de la forma en que estaban siendo reprimidos en Chile. Fueron marcados a fuego con la palabra más devastadora que pueda ser utilizada hoy día: “terroristas”. Sus actos de protesta eran juzgados en virtud del atroz estatuto del “terrorismo” escrito bajo la dictadura implacable de Augusto Pinochet y mantenido intacto en los 20 años de gobierno de la Concertación. Sin embargo, la gente finalmente se dio cuenta que debía deshacerse esa acusación condenatoria de terrorismo. Todavía siguen acusados, aún los presos políticos, pero su lucha se hizo visible gracias al trabajo de sus partidarios.

Del mismo modo, la victoria de Evo Morales y de los pueblos indígenas de Bolivia es a la vez muy importante y dolorosamente limitada. Las corporaciones multinacionales dejan claro que los fondos de desarrollo de importancia crítica se secarán al instante si el gobierno de Morales no cede a sus deseos. La oligarquía local arrastra a su favor a la “clase media” que, al igual que en Chile, ha sido diseñada para apoyar el statu quo. Sigue siendo enorme la diferencia entre su vida medianamente cómoda y la de aquellos en el nivel de subsistencia. El gobierno de Bolivia reduce la desesperación con bonos, pagos directos en efectivo a las personas mayores y a quienes tengan hijos en edad escolar, por ejemplo, pero no puede borrar siglos de desigualdad que dejan a millones sin acceso al agua potable, hospitales y otros servicios públicos esenciales.

Ésta es una lucha compleja. El gobierno de Evo -al igual que los de la Concertación en Chile- significa una gran mejora sobre aquellos que le precedieron. Sin embargo, de tanto ceder a las empresas multinacionales y locales, y favorecer a sólo unas pocas organizaciones, impide el cambio, mientras se reprime a los demás. Eliana Quiñones, de la Fundación Abril, una organización fundada por Oscar Olivera -quien dirigió la exitosa batalla contra la corporación global Bechtel por el control de los preciosos recursos hídricos de Bolivia-, considera al gobierno de Morales como una piedra en el camino para organizaciones de base como la Escuela de la Fundación Pueblo (www.fundacionabril.org). Calixto Vásquez, quien trabaja con organizaciones de base en las afueras de Cochabamba, expresa una frustración similar. La Red Tinku (véase, por ejemplo, http://www.youtube.com/watch?v=SZ9Fy1XnuU0), un grupo que los medios de comunicación corporativos describen por sus diarios murales informativos en plazas y paseos, se ha convertido en blanco de las agencias de gobierno que tratan de eliminarlos, en un esfuerzo por “limpiar la imagen” de los espacios públicos.

Con estas salvedades, la importancia del aumento del poder indígenas no debe ser subestimado. Por ejemplo, Casimira Rodríguez, una mujer indígena que fue nombrada ministra de Justicia en 2006 por Morales, hace hincapié en cómo las personas que en su propio país han sido tratadas como basura por fin logran el reconocimiento y el respeto. Con férrea determinación y claridad política, Casimira destaca, al igual que muchos otros con quienes hablé, que “son irreversibles los cambios fundamentales en la percepción de sí mismos y en la dignidad de los pueblos indígenas”. Este es el tipo de cambio irreversible que luchan por alcanzar los mapuches de Chile y quienes trabajan por sus derechos. Como sostiene Paulina Acevedo, la información es su aliado más poderoso.

Muchos modos y ejes de lucha

No hay una ruta única para desafiar el status quo. Una vez que las personas se comprometen a trabajar por el cambio, incluso el horror de la prisión, la tortura y el exilio no detienen su voluntad de luchar. El documentalista boliviano Ismael Saavedra, por ejemplo, recientemente escenificó su propia tortura a manos del violento golpe militar encabezado por Luis García Meza, a fin de contrastarlo con el espíritu de los habitantes de Bolivia en una celebración de Evo Morales por su victoria histórica.

Otros intentan poner de relieve la urgencia de hacer frente a la amenaza de la devastación nuclear. Un estudiante de seminario en Bolivia, por ejemplo, trabaja con un grupo que ha creado un sitio web y obtuvo veinte millones de firmas en una petición por la paz que se presentará en Naciones Unidas (http://www.armsdown.net).

En Chile continúa la batalla por mejorar las condiciones de trabajo. Una estrategia cada vez más común entre las empresas multinacionales y locales consiste en operar a través de terceros. Sus trabajadores no son empleados directamente, sino “subcontratados” a través de otras empresas subcontratistas, sin beneficios sociales ni seguridad. Cristián Cuevas, cuya lucha por aumentar la conciencia de los trabajadores en cuestiones más allá de los salarios se trató en la primera parte de este artículo, también ha dedicado sus esfuerzos a la organización de los trabajadores de la gran minería del cobre, erróneamente llamados por los medios “contratistas” o “subcontratistas”. Transnacionales mineras, compañías locales y la estatal Codelco utilizan esta intervención de terceros para evadir su responsabilidad ante las deplorables condiciones de trabajo que a menudo conducen a la muerte de los mineros. Las manifestaciones y huelgas siguen siendo herramientas fundamentales para sacar a la luz estas violentas injusticias.

Además de formas de lucha como la organización del trabajo, las artes siguen siendo un frente activo para llegar al público. Leopoldo Pulgar, crítico de teatro en medios como Punto Final y La Nación, contribuye a llamar la atención pública en favor de obras como Chef y Siameses, dos piezas de vanguardia que desafían abiertamente la imagen de la clase media y la “sociedad de consumo” como modo de satisfacción de la existencia. Mientras El Mercurio condena tales obras, o hace caso omiso de su existencia, Pulgar ha sido capaz de hacerlas accesibles a quienes estén interesados en visiones alternativas de la sociedad. Me relató cómo la animada escena teatral de Santiago, incluyendo a menudo un contenido social significativo, es otro testimonio de la vitalidad continuada de la lucha por el cambio social.

El resurgimiento de la actividad política y social empieza a ser percibida también entre los estudiantes universitarios. Por ejemplo, el presidente de la FEUC, Joaquín Walker, habló duramente en el acto en conmemoración de los estudiantes de la Universidad Católica, profesores y empleados que fueron asesinados por la dictadura militar, en el primer homenaje en memoria realizado casi 40 años después en un recinto de la UC. Los estudiantes de psicología han salido a las calles para denunciar la injusticia de la discriminación contra el derecho a las propias preferencias sexuales (http://www.ocepweb.blogspot.com/). Juan Carlos, un portavoz del grupo, habló con fuerza sobre la voluntad de los estudiantes de exigir respeto por individuos cuyas preferencias sexuales no se ajustan a las rígidas normas tradicionales. Estudiantes y trabajadores también han salido a las calles unidos en el apoyo a la causa de los derechos de los mapuches y han mostrado su voluntad de arriesgarse para exigir justicia.

Mantener la llama encendida

Ésta es una lucha larga… Y hay pocas victorias fáciles. A menudo me recuerda una historia contada por el escritor francés Marcel Pagnol en su novela La Gloire de Mon Père. Un niño se ha separado de hecho de su padre y se pierde irremediablemente. El niño se acuesta y quiere darse por vencido, incluso si esto significa perecer de frío. Pero recuerda una cita que su padre le había mandado a escribir una y otra vez como ejercicio: No es necesario esperar a fin de luchar ni tiene que haber éxito para perseverar (Il n’est pas besoin d’espérer pour entreprendre ni réussir pour persévérer). El niño se levanta y sale a buscarlo de nuevo. Y ésta vez tiene éxito: encuentra a su padre.

Aquellos que luchan por una sociedad más justa y más equitativa se parecen mucho al personaje de esta historia. El objetivo está lejos y a menudo hay muy poco que mostrar como resultado de nuestros esfuerzos. No obstante, la tarea es seguir adelante, seguir haciendo lo que uno puede.

Otro paralelismo es Fahrenheit 451, una novela de ciencia ficción de Ray Bradbury. En un estado fascista de un futuro no muy lejano, todos los libros son requisados para ser quemados. Poseer un libro es un crimen. El trabajo del héroe de la historia es quemar libros, pero empieza a leerlos, fascinado e iluminado. Y termina uniéndose a un grupo de rebeldes que los memoriza para preservarlos. Cada persona se convierte, en efecto, en un libro vivo, que a su vez enseña a otra a memorizar el texto. No importa cuántos libros quemen los fascistas… Seguirán viviendo en la mente de las personas.

Ahora es el momento para memorizar los libros. Es el tiempo de llegar al entendimiento de que la opresión, el sometimiento y el empobrecimiento de la gente no es la consecuencia inevitable de la civilización, sino la consecuencia específica del capitalismo rapaz, en su actual versión de lobo con piel de oveja llamada neo-liberalismo. La lucha continúa…

*) Jon Mack es un norteamericano que vivió y trabajó en Chile apoyando la presidencia de Salvador Allende en 1972. Psicólogo, PhD, profesor emérito de la Universidad Estatal de Nueva York, Mack regresó a Chile a fines de 2010. Según el autor, “estas reflexiones se basan en conversaciones que tuve con algunos individuos profundamente comprometidos. Además de Chile, también hablé con gente en La Paz y Cochabamba, Bolivia. Por lo tanto, estos son los puntos de vista de un extranjero, pero un extranjero que ha tenido la oportunidad de hablar con personas extraordinarias”.

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