Indulto: vergüenza nacional

Parecía que la obsesión de la derecha por imponer un indulto que beneficie a los criminales pinochetistas había quedado archivada. Pero no, seguía en la agenda pública del gobierno de Piñera y de la derecha política en pleno.

 Las anteriores intentonas fueron derrotadas, se truncaron o no tuvieron el coro parlamentario que les hacía falta para imponerlas. Pero estos fracasos no significaron que Piñera y la derecha gobernante hayan dejado de lado sus propósitos. Ahora es el incendio producido en la cárcel de San Miguel, donde murieron 81 reos, el que les sirve de pretexto para volver al ataque en su afán de liberar a los milicos criminales. Al decir milicos me refiero a milicos, pacos, marinos, aviadores, detectives y civiles que, formando parte de las instituciones armadas y policiales, o formando parte de los aparatos represivos de la dictadura, cometieron crímenes de lesa humanidad o crímenes contra los derechos humanos.

 El mencionado incendio dejó al desnudo lo que todo Chile sabía: el aberrante hacinamiento y las inhumanas condiciones de vida en que permanecen recluidos los reos en las cárceles y prisiones del país. Por lo visto todo Chile lo sabía, menos la clase política gobernante. En una actuación propia de un cocodrilo, se ha visto a la derecha rasgando vestiduras de asombro y consternación por la tragedia. Puro show.

Hasta que a un astuto gerente asesor del segundo piso de La Moneda, con el pretexto y el discurso propagandístico de disminuir la población penal, se le ocurre la idea de reactivar el indulto que no se pudo aplicar en el Bicentenario.

 ¡Brillante! Porque eso auto justifica plenamente a los gobernantes para liberar a sus amigos pinochetistas. ¡Hay que descomprimir la población penal! No importa que el manoseado discurso de terminar con “la puerta giratoria” de la justicia se vaya tacho de la basura. No importa que las promesas de Piñera de que él no indultaría delincuentes se vayan por el desaguadero. No importa que los milicos jamás hayan estado presos en los recintos normales de prisiones y que la crisis carcelaria no les cause ni un resfrío. No importa que los milicos estén recluidos en cárceles que no son cárceles sino verdaderos resort, como el de Punta Peuco, o apart hotel, como el ridículamente llamado Penal Cordillera. No importa que el bullado indulto tan solo vaya a reducir en un 5% el total de la población penal, con lo que las cárceles y recintos penitenciarios seguirán teniendo una sobrepoblación en torno al 50%, y Chile seguirá siendo el país con la tasa más alta de población penal en América Latina. Nada de eso importa.

 Lo único que a la derecha y al gobierno les importa es que esta es la gran oportunidad de pagar sus favores a los milicos criminales y sentirse menos culpables de los delitos que entre ambos cometieron. Desde España, el gobernante Piñera, talvez sintiéndose más reyezuelo (luego de su visita a los reyes), ya manifestó que una ley de indulto “no se debe hacer ninguna distinción cuando se habla de civiles y militares, son todos seres humanos”. Está en lo cierto, pero está equivocado. No es la condición la que es objeto de discriminación, es el delito. Estos criminales, son causantes de crímenes o delitos de lesa humanidad y contra los derechos humanos, y estos delitos sí deben y pueden diferenciarse respecto de los delitos de delincuencia común. (Del mismo modo que, aun en al ámbito del delito común, el legislador diferencia respecto de los delitos de droga, violaciones, sicópatas o crímenes aberrantes)

 No vengan los gobernantes y políticos derechistas o de cualquier pelaje, con el cuento de las razones humanitarias para justificar la asquerosa conducta de indultar milicos. No vengan con que están viejitos y están enfermos. Ya con el cuento de que estaba enfermo, loco y viejo, salvaron al tirano Pinochet de pagar en prisión por sus crímenes. Estos criminales estaban rozagantes de poder y de salud cuando mataron y mandaron matar a ancianos, a mujeres y a niños, además de los jóvenes y adultos que fueron asesinados por estos “viejitos enfermos”. Estos criminales estaban robustos de maldad y de gloria cuando torturaron y mandaron torturar a niños, a mujeres y a ancianos, además de los jóvenes y adultos que fueron flagelados y torturados por estos “viejitos enfermos”. Pero en aquel entonces lo único que se escuchó de los políticos fachos fue el silencio cómplice o la justificación aberrante. No se escuchó a Piñera ni los fachos decir que los milicos no debía matar ni torturar seres humanos ¿o acaso las víctimas no eran seres humanos?¿o acaso las familias de las víctimas no son seres humanos? ¿o acaso la derecha los sigue considerando humanoides como lo manifestaban en su tiempo de gloria dictatorial?

 No vengan de nuevo con el cuento infame del perdón y la reconciliación nacional. Para que haya perdón primero tiene que haber verdad, segundo tiene que haber justicia y tercero tiene que haber arrepentimiento de los culpables. La verdad ha surgido después de décadas, paso a paso, piedra a piedra, palabra a palabra, y por exclusivo esfuerzo y voluntad de las familias de las víctimas. La justicia a llegado con cuentagotas y demasiado tardía, tanto que ya no es justa; y lo poco que se ha logrado también ha sido por la dedicación y sacrificio de los familiares de las víctimas. De lo tercero, ni hablar, eso no existe en criminales profesionales en el oficio de matar seres humanos.

La clase política chilena es cada vez más vergonzante y sinvergüenza.

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