Me lo contaron mis viejos: EL CHACA CHAPATO

Me lo contaron mis viejos: EL CHACA CHAPATO

altA partir de hoy, Resumen publicará cada sábado, en nuestra sección cultura, uno de los cuentos premiados en el concurso literario de la cuenca del carbón  “Me lo contaron mis viejos”, organizado por el Centro Cultural Pabellón 83 de Lota, por cuatro años consecutivos.

El cuento con que iniciamos esta saga es “El Chaca Chapato”, premiado con el primer lugar en esta última edición.

EL CHACA CHAPATO

Cuentan las malas lenguas -que por estos lados abundan- que en unos de esos días en que los mineros recibían la “cancelación” o sea su sueldo de fin de mes, acostumbraban a “sacarle una alita”1 al pago para ir a compartir un trago con los amigos. Aparte del buen pipeño, salían unos camarones o pescaditas secas, todo para hacer sed total había con que apagarla.

Así nomas lo hizo ese día el minerito Peyo. Salió de su casa bien cacharpeada, su buena pinta, buenos zapatos y se despidió de su mujer con el típico: -¡¡¡Voy y vuelvo!!!-

-¡Mmmmh… Dios sabe cómo!-, le respondió la mujer , a lo que el contestó con una gran risotada .

Ella no se rió, al contrario, sabía lo que le esperaba. Lo más probable es que apareciera muerto de borracho y le tendría que sacar la ropa para acostarlo como siempre. Menos mal que ella era una mujer alta, fuerte y el por su parte era bajito y delgadito así es que en último caso lo agarraba del cinturón y lo arrastraba escaleras arriba hasta tirarlo en calidad de bulto a la cama. Lo bueno es que llegaba tranquilo y nunca le levantó la mano, en todo caso, a el le hubiera tocado la peor parte.

Todavía sonriendo, caminó por la bajada de las cenizas en Lota Alto contento como siempre y se las echó rumbo a las bodegas de la feria. En realidad no tenía decidido donde se iba a quedar.-donde primero encuentre un conocido -pensó-

Mientras tanto hacía como que vitrineaba, miraba los precios de la fruta, haciéndose el desentendido como que andaba en otra cosa. El estaba seguro que nadie adivinaba sus intenciones pero en realidad todo el que lo viera sabía que andaban en la búsqueda de alguien que lo acompañara a tomarse un trago porque no hay nada más fome que tomar solo- el trago con compañía y buena conversa sabe mejor.-aunque lo mas seguro que la conversación fuera de pura mina.

-Por donde anda usted compañerito?

-En las generales2…Y a usted no lo he visto en este turno…

-Me cambiaron al tercero con el mayor3 Jarita…

– ¡¡No yo ando con “boca e’ saco”…putah el gallo pa’fregao iñor!!! Que no hable nada como la gente a uno lo sube y lo baja a puras chucha’s.

-Bueno y es cierto que estuvieron paraos dos horas sin que corriera el corte ..?

¡Sí lo que pasa es que el “cerro pegó una cargá”4 y tuvimos que rajar5 hasta que volvieron a reforzar los postes. El jefe no nos dejo seguir tuvimos que esperar un rato hasta que llegó el superintendente con otros “cascos blancos”6 y aseguraron que el peligro había pasado.

-Bueno… ¡salud compañerito!

-¡Salud…!

-Así…con la cosa. Pedimos la otra compañero…?

¡Claaaro, pongámosle no mas….!

Y así pasó la tarde. Despeus de un rato se fueron a otras bodegas como turisteando y se encontraron con otros grupos de mineros que al igual que ellos andaban en son de descanso y distracción de la rutina diaria pero que paradójicamente siempre terminaban hablando de la mina, de la pega, de los jefes o de algún lío de faldas.

Se vino la noche. Al Peyo también ya le empezaron a temblequear las piernas y se le borraban las caras de sus contertulios. Le costaba seguir la conversación, se le enredaba la lengua y al final optaba por no hablar lo que hacía que sus compañeros se molestaran, es mas, lo hacían callar cada vez que quería intervenir. En ese momento comprendió que era hora de irse a su casa.

¡-Me voy compañeeee….wggua sido un plaaaaazzzzer!

-¡Chao no mas compañerito…Ta’ puro hueviando!

Y enfiló rumbo a su casa. Le esperaba un largo camino y debía recorrerlo solo porque ninguno de los que estaba con él vivía en el mismo pabellón. En la poca lucidez que le quedaba a esas alturas optó por seguir el camino de la línea del tren, hasta llegar al Estadio tomar la subida que daba al pabellón 55 y así llegar más rápido. En todo caso ese camino ya lo había hecho antes y en esas mismas condiciones.

Pero ese día se le pasó la mano más que de costumbre y le costaba avanzar un paso tras otro. No veía casi nada, solo sombras, el cuerpo no le respondía, trastabilló en reiteradas ocasiones, perdido, inconsciente, solo guiado por el instinto de los borrachos que al parecer funciona mejor que radar de aeropuerto.

De pronto sintió algo blandito a sus pies, respiró contento y se acostó. Por fin estaba en su camita – pensó- se acomodó y se dispuso a dormir arrolladito en posición fetal esperando que su mujer lo llegara a tapar.

Lo que el Peyo no sabía es que un par de “patos malos” lo habían seguido desde que salió de la bodega para cogotearlo7 y al verlo acostado durmiendo en el pasto se acercaron seguros que ya el minerito no colocaba resistencia y podían saquearle su plata y su ropa.

Se acercaron lentamente y lo movieron con sigilo para escarbar en los bolsillos del pobre hombre. En eso como que despierta y sin abrir los ojos comienza a hablarles feliz de estar en su camita y que la camará8 le estaba sacando la ropa

-¡¡¡CHACA CHAPATO! –

Se miraron extrañados y confundidos procedieron a sacarle los zapatos. En todo caso estaban casi nuevos igual podían conseguir unos pesos por ellos.

¡¡¡CHACA CACHETIN!- Le sacaron los calcetines.

-¡¡¡CHACA PANTANON! – le sacaron el pantalón.

-¡¡¡CHACA COBATA!- – le sacaron la corbata. Nunca habían asaltado a alguien que entregara con tanto cariño sus cosas.

-¡¡¡MAME BECHO!- y estiró la trompa para que su señora le diera un besito

Hasta ahí no mas le llegó al minerito no le llegó ningún bechito lo que le cayó fue una andanada de combos y patadas que hicieron que se le pasara la mona en el acto. Los asaltantes después de quitarle la ropa y darle una buena pateadura salieron arrancando y ahí recién despertó Juancho medio inconsciente sin saber si era por curado o por la golpiza

Se enderezó como pudo, miró a su alrededor, trató de ubicarse y lo primero que reconoció fueron los árboles del estadio. Ahí se dio cuenta que no estaba en su casa que se había quedado dormido en el pasto y que estaba pilucho y adolorido por la pateadura.

Como pudo llegó a su casa, afortunadamente estaba oscuro y ningún vecino lo vio. Al otro día ya mas repuesto se encontró a la entrada del pique con los mismos compañeros con los que había estado tomando en las bodegas al verlo tan magullado le preguntaron sonriendo

-¡Que le pasó compañero… se cayó a una mata de zarza o a una mata de combos..?

-¡No sabe na’lo que me pasó compañero, resulta…!

Y ahí mismo no mas les contó su desgracia, ellos me la contaron a mí y yo se la cuento a ustedes. En mala hora porque a partir de ese día cada vez que el pobre aparecía por el pique o en la corrida de carros que lo llevaban a los laboreos, más de alguien le gritaba. -¡CHACA CHAPATOOO!!!! –

Ya nadie recordó más su nombre. Todos le gritaban y hasta la fecha lo recuerdan con humor y picardía como el “Chacachapato”.

1 Expresión popular que significa “dejarse parte del dinero que se recibe”.

2 Sección de interior mina

3 Supervisor

4 Movimiento de tierra con amenaza de derrumbe

5 Correr

6 Jefes

7 Asaltarlo

8 Señora, mujer de minero

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