SOBRERREACCION ANTE UN TSUNAMI ANUNCIADO

El Gobierno de Sebastián Piñera estuvo en el límite de un fiasco al decretar emergencia nacional en todo el litoral chileno por la llegada a nuestras costas de un tsunami generado por el megaterremoto 8.9 Richter desde Japón. Se salvó sólo por una leve salida del mar en algunos puntos del Maule, Talcahuano y Dichato.

Fue tal la paranoia mediática desplegada, que una vez más se ignoró a los científicos que indicaban escasas probabilidades de daño de un evento de campo lejano como el ocurrido, confinado a las mismas bahías de exposición noroeste afectadas el 27/F.

Se prefirió la sobreactuación para dar la impresión que este gobierno- a diferencia del anterior- sí tomaba medidas precautorias a favor de los chilenos. La utilización política de la maniobra pretende dar la impresión de un gobierno que cuida a sus ciudadanos. En la práctica, primero magnifica un evento de escasa probabilidad, asusta a la población, despliega medios innecesariamente y se autofelicita del éxito de la operación con cero víctimas.

Piñera parece ignorar que los habitantes de las zonas costeras no creen en las autoridades ni en los organismos de prevención y actúan por instinto y cultura, transmitida por generaciones, evacuando los lugares peligrosos por iniciativa propia. No esperan que algún ministro emita un comunicado para decidir si enviar o no sus hijos a clases; menos para decidir hacia donde y cuando abandonar sus lugares habituales. Esa actitud es la que salvó más vidas durante el tsunami de febrero de 2010.

Luego de pasada la “emergencia” los voceros y ministros piñeristas, con cara circunspecta, se felicitan entre ellos por el logro de la operación preventiva, en un show que no convence sino a los más incautos.

Todo este despliegue puso en segundo plano la verdadera tragedia que ocurría en Japón. El gobierno prefirió mirarse al ombligo que hacer un gesto que retribuyera en parte la inmensa solidaridad desplegada por el mundo con los chilenos hace un año, en similares circunstancias trágicas.

Tampoco hace una reflexión del riesgo de introducir energía nuclear en la generación eléctrica chilena, como lo ha planteado su ministro estrella Golborne, a la luz el desastre nuclear en las centrales japonesas. Un medio nacional explicitaba que la visita próxima de Obama a Chile tenía como objetivo el acuerdo de instalación de centrales nucleares, entre otros no declarados. Seguro que los negocios nucleares -por ser estratégicos- se firmarán sin prensa ni comunicados con el imperio, a espaldas de la ciudadanía.

Chile y Japón, los países de mayor sismicidad de la cuenca del pacífico, deben descartar toda posibilidad de generación de energía en centrales nucleares. Es un hecho que un megaterremoto, como el que hemos vivido en ambos países, no garantizan la seguridad de la opción núcleo-eléctrica, aumentando los riesgos de un desastre nuclear de proporciones como el que ocurre hoy en Japón, uno de los países con más tecnología del mundo.

(*) Licenciado en Geografía, UdeC.

Concepción, 13 de marzo 2010.

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