Camino a la Autonomía

Camino a la Autonomía

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Chile ha construido su historia oficial desde la narración mítica del orden republicano centralista, una fórmula que le habría permitido superar la anarquía del resto de los países vecinos. El constitucionalismo centralista se ha considerado como el gran proyecto civilizador, paralelo a él hay un proyecto que ha intervenido en puntos neurálgicos del sistema conservador hasta irlo democratizando. El eje de este proyecto es una visión regional descentralizada que propugna la democracia regional. Es tan decisivo que incluso llega a formar parte de la Constitución de 1925, pero que no llegó a reglamentarse y finalmente se perdió. Se trata de un proyecto que forma parte de nuestra formación republicana. Esa fue la lucha del siglo XIX, en un desgarramiento de todo el país, penó durante todo el siglo XX y creo que todavía sigue penando. Los discursos políticos centrales siempre contemplan la idea de la descentralización, pero la verdad es que esta requiere de una democratización y otra figura de Estado, que es la que en su momento acogió la Constitución de 1828 y la comuna autónoma.

De aquí que postulamos la DESCENTRALIZACIÓN tanto administrativa como política, para nosotros, no basta la sola pero esencial descentralización administrativa, por cuanto sólo la conjunción de los dos tipos de descentralización en que se fundan, deben dar lugar a un proceso de perfeccionamiento del sistema democrático chileno, al conciliar la autoridad y mando con su requisito de existencia insoslayable que es el ejercicio de la libertad.

Parece aconsejable por ello iniciar el tránsito, al establecimiento de la democracia por la vía de la descentralización política agregándola a la administrativa, con la intención de avanzar hacia una democracia, en que las regiones tengan facultades para elegir sus propias autoridades a ese nivel, y detenten funciones de gobierno, de administración y facultades normativas regionales. Como regionalistas de izquierda nos apoyamos en el concepto mismo de la democracia para exigir una reconstrucción que siga el sentido ascendente de la ciudadanía. Pensamos que los problemas económicos y sociales de las regiones deben ser abordados en primer lugar por las propias regiones y resueltos a esa escala en la medida de lo posible (para lo cual se hace necesaria una autonomía más o menos amplia).

Lo que en nuestra región ha faltado principalmente es una conciencia regional vinculada a los problemas económicos, innovadora y acaso revolucionaria. En definitiva, a la anarquía del desarrollo neoliberal que el centralismo protege o consiente, la consecuencia es grave: la lucha contra el subdesarrollo ya no puede ser realizada con los medios financieros regionales. Desde hace mucho tiempo se sabe que solamente empresas de origen internacional o nacional estatal o privada compensan, y muy deliberadamente, la ausencia de iniciativa industrial regional.

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