Fobias

altEl colectivo Brot Bord nos hará llegar, de forma más o menos regular, textos de temàtica antipatriarcal. Este colectivo catalán publica la revista Accent Bord, de donde escogerán y traducirán algunos de los artículos y secciones para que aparezcan en Resumen.

Los textos van firmados por personajes imaginarios un tanto curiosos, como la psicóloga Doctora Maeso, la becaria Bella Mia, la incendiaria Gloria Hole, el filósofo Morales o la entrañable Tieta.

El Brot Bord es un grupo de acción que lucha contra la homofobia y la transfobia, centrándose sobretodo en el trabajo conjunto con los colectivos antipatriarcales, la izquierda independentista, las libertarias y el resto de movimientos sociales; para encender la chispa de la revuelta sexual en los Països Catalans.

En el blog del Brot Bord encontraréis más información y todas las revistas publicadas: www.brotbord.blogspot.com

Aquí va el primer artículo!

Fobias
Por Doctora Maeso

El mundo patriarcal recoge y se alimenta de diversas fobias: homofobia, transfobia, lesbofobia, intersexfobia.
Las fobias no son un concepto fácil de definir, ya que pueden aflorar de formas muy diversas y sus síntomas, causas y efectos se pueden expresar en un abanico muy amplio de reacciones.

En todo caso, la causa más habitual es el miedo a lo desconocido -fruto posiblemente de la ignorancia- y se desencadena en un efecto de rechazo y/o repulsión.

Las teorías sobre cómo enfrentarlas son diversas, en todo caso está claro que el sujeto a tratar es el que sufre la fobia, ya que su estructuración mental es la causa, y no al contrario. Es evidente que quien sufre aracnofobia sufre un problema psicológico y no el mundo arácnido.

En el caso de la homofobia, la transfobia o la intersexfobia, hay que entender que hablamos de fobias sociales, creadas a través de valoraciones culturales e históricas, y que gozan de una cierta aceptación en determinados entornos sociales y políticos (a menudo dentro de parámetros religiosos) que hacen apología o que simplemente lo neutralizan, considerando «normal» la expresión patológica de rechazo o repulsión.

El hecho de que sea una fobia social, por tanto extendida, hace que sea extremadamente necesario erradicar las causas. Así pues, cualquier visibilización de hechos gays, lésbicos, transexuales o intersexuales son positivos para ellos mismos a la hora de combatir esta problemática.
Es habitual que se tilde estas visibilizacions de «provocativas», por el impacto social que pueden causar y que el rechazo hacia estas sea demostrado en agresiones físicas, verbales o de opinión. Es cierto. Es el impacto de una terapia de choque, en que el rechazo se puede extremar momentáneamente y hay que ser conscientes que, por tanto, toda visualización puede provocar situaciones violentas de rechazo. Pero hay que ser muy contundente a la hora de entender que la causa directa de estas situaciones es el impedimento patológico de gestionarlas de las personas que sufren fobias.

Para entender estas fobias patriarcales hay que señalarlas una por una:

Homofobia. Se trata de la aversión a hechos gays y lésbicos. Si bien hace tiempo que todo eso es más o menos visible, hay bastantes malentendidos a la hora de comprenderlo. La homofobia no se interrelaciona directamente con gays y lesbianas. Por un lado, estos pueden ser perfectamente sujetos homófobos, ya sea por desencadenantes psicológicos en el entorno del auto odio o por una aceptación parcial de estos hechos, en que se considera que actos visibles de atracción «homosexual» se pueden dar en ciertos guetos (intimidad, locales de ambiente …) pero no en la totalidad de los ámbitos (bares de pueblo, barrios marginales …)

Por otra parte, hay que entender que las víctimas de la homofobia no son estrictamente gays y lesbianas, sino todo aquello que suscite opción o indicios de homosexualidad: expresiones amaneradas, relaciones afectivas entre hombres, etcétera. De hecho, la homofobia actual a menudo está más relacionada con el cuestionamiento de la heteronormatividad que en actos sexuales concretos.

El concepto homofobia engloba hechos gays y lésbicos, pero remarcar la lesbofobia como fobia específica también tiene sus motivos de fondo. Por un lado, la doble discriminación de las lesbianas, como mujeres y lesbianas, hace invisible aún más su discurso o las situaciones donde se encuentran lesbianas o relaciones lésbicas. Por otra parte, la construcción del «género mujer» ha hecho que se considere normal y sea habitual ver muestras de afecto entre mujeres, y esto, a pesar de ser positivo, a menudo dificulta que se detecte la realidad lésbica.

Transfobia. Es la aversión a las personas transexuales y transgénero. En este caso la escasa información y el reciente arranque de un proceso de visibilización complica la erradicación de la transfobia, la sociedad ha creado falsos mitos debido al desconocimiento de estas realidades. Aquí todavía nos queda un largo proceso de pedagogía, en la que hay que ir aclarando conceptos y remarcando las diferencias entre transexualidad (relacionada con el tránsito de sexo) y transgenerismo (relativo a la variación de género otorgado por hechos culturales). Seguramente será un proceso en el que se evidenciarán ciertas contradicciones, pero no pretendo analizar la transexualidad, sino la transfobia.

La transfobia existe. Además, es extremadamente extendida. Los manuales psiquiátricos relacionan directamente la transexualidad con «disforia de género», un concepto psiquiátrico que se utiliza para patologizarla. No sólo son invisibilizados, sino que al mismo tiempo son estigmatizados. Pero hay que entender que el concepto de disforia de género sólo se podría explicar a través de la transfobia histórica, que condiciona las personas trans a una dificultad extrema para mostrarse o explicarse socialmente. Aparte de fundamentarse en el desconocimiento, la transfobia tiene una causa bien clara: la necesidad humana de etiquetar y clasificar. En este caso, el binarismo sexual nos ha acostumbrado a clasificar a las personas en «hombre» o «mujer», como identidades definitorias, inamovibles y que no dejan lugar a otras posibles etiquetas.

Si bien la transexualidad y el transgenerismo cuestionan la existencia de estas identidades, la intersexualidad demuestra que este esquema de pensamiento binario no es aplicable en los genitales, ya que es completamente falso.

Intersexfobia. Es la fobia a las personas intersexuales. La intersexualidad es la falta de definición de los genitales según los esquemas «hombre-mujer». Criaturas que no nacen ni con un pene definido ni con una vagina definida. Dentro de esta definición podríamos encontrar casos muy diversos, desde personas con más de un genital, personas con genital indefinido, etcétera. El hipotético concepto de hermafrodita también entraría dentro de la intersexualidad.

En este caso, la intersexualidad es invisible, no porque sea una situación extremadamente minoritaria, sino porque, en la mayoría de los casos, las criaturas intersexuales son intervenidas quirúrgicamente desde el momento que nacen, para convertir sus genitales en masculinos o femeninos.

Hablar de intersexfobia es arriesgado. Difícilmente se puede probar la existencia de la intersexfobia si estos casos forman parte del desconocimiento mayoritario. Pero, disculpen el pesimismo, considero que es una fobia latente. No sería extraño que fuera así, ya que al igual que la homofobia y la transfobia nacen de una «fobia madre» que las explica.

Genitalofobia es el concepto de cosecha propia para explicarme. Cómo son, cómo se usan, cómo se definen, cómo se gestionan y cómo se muestran nuestros genitales es la base de todas las fobias expuestas.

Podríamos encontrar cientos de ejemplos que evidenciaran genitalofobia: la incapacidad para considerar completa una relación sexual sin una figura fálica, la rápida asociación entre un cuerpo y los genitales que debe tener, el deseo de tener un pene grande (o el pudor de no tenerlo), la desinformación política que reciben los niños y niñas en torno a los genitales, la moral represiva hacia el uso de los genitales, la sobredimensión fascinante con el que se analizan los genitales como algo tan privado que mostrarlos sea considerado una provocación, etc.

Erradicar la genitalofobia es atentar contra muchos esquemas mentales, a menudo camuflados en el humor o los falsos mitos, pero es necesario.

Proponer el naturismo como una de las vías de lucha contra la genitalofobia es interesante. Todos los genitales son naturales y, al mismo tiempo, diferentes. Bajo esta premisa el naturismo combina el nudismo con un discurso necesario. Pero más allá de tapar o mostrar los genitales, el trabajo principal es interiorizar que, simplemente, hay genitales más morenos, rojos, pequeños, grandes, rígidos, peludos, torcidos, voluminosos, curiosos … que crean una individualidad que hace que, al no haber dos iguales, todos disfruten de la misma naturalidad con que han aparecido, con independencia de por qué se excitan o con que se identifican.
El discurso contrario sólo es un lastre, herencia de una moral religiosa que durante los siglos de los siglos ha permitido hablar sobre los demás, estigmatizar la diferencia y, como toda fobia, por lo tanto, patología que hay que erradicar.

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