Carlos Gómez, dirigente de trabajadores del cobre en su nacionalización en 1971: “por eso nos metían presos y nos mataban compañeros”

Carlos Gómez, dirigente de trabajadores del cobre en su nacionalización en 1971: “por eso nos metían presos y nos mataban compañeros”

Carlos Gomez Cerda nació en Llolleo, Provincia de San Antonio, el año 1933, de muy joven comenzó a trabajar y participar de la lucha sindical, en 1956 ya era director del Sindicato de la mina de cobre La Disputada de Las Condes, entonces propiedad de capitales franceses, sindicato del cual llegaría a ser su presidente. Hacia 1961 se traslada a El Salvador, donde encabezó la huelga en apoyo a los mineros de El Teniente (Provincia de Rancagua) que concluyó con la masacre de trabajadores ordenada por el gobierno democristiano de Eduardo Frei Montalva, el 11 de marzo de 1966, 6 mineros y dos de sus esposas fueron asesinados ese día por el ejército chileno.

Tras estos hechos Carlos Gómez y otros dirigentes fueron encarcelados, durante este presidio fue constantemente visitado por el periodista de la Confederación de Trabajadores del Cobre: Elmo Catalán, quien ya trabajaba en la conformación de la sección chilena del Ejército de Liberación Nacional (ELN) liderada por Ernesto Che Guevara, y que iniciaría la guerra de guerrillas en Bolivia, “para transformar la cordillera de Los Andes en una gran Sierra Maestra, que extendería la revolución por toda latinoamérica, la consagración de su segunda y definitiva independencia”.

Carlos Gómez Cerda no solo sobrevivió  a la matanza de El Salvador, tras salir de prisión se incorporó a la guerrilla en Bolivia, donde también logró sobrevivir tras el dramático final de dicha experiencia. De vuelta en Chile gracias a gestiones del entonces senador Salvador Allende, años más tarde se reincorporó a trabajar en la minería del cobre nuevamente, esta vez en Chuquicamata, tras asumir el gobierno popular en 1970.

Tras el golpe militar, se exilió  en Cuba.  Si en Bolivia dejó amigos y compañeros entrañables como Tirso Montiel y Elmo Catalán, en Chile dejó a su hermano Luis Gómez Cerda quien permanece como detenido desaparecido.

De vuelta del exilio, Carlos Gómez Cerda, retomó el trabajo sindical, esta vez en la división Andina de Codelco, hasta su jubilación en 1997.  Gentilmente, este hombre con 40 años de actividad sindical, accedió a conversar con Resumen sobre el papel de los trabajadores en el proceso de nacionalización del cobre y estas son sus palabras.

¿De qué forma los trabajadores del cobre fueron parte del proceso de nacionalización del cobre?

Desde el congreso fundacional de Machali el 23 marzo de 1951, La Confederación de Trabajadores del Cobre, estableció como uno de sus primeros acuerdos la nacionalización del cobre, algo inédito en esos años, pero ya los dirigentes de aquellos años valoraban que las utilidades del cobre fueran de provecho para el país y no para las empresas extranjeras fundamentalmente norteamericanas en esos años.  Posteriormente todos y cada uno de los congresos de la Confederación que hubo, aprobaron e insistieron en la idea de la nacionalización del cobre.

Este mismo principio se logró imponer en el congreso fundacional de la Central Única de Trabajadores (CUT) del año 1953 y posteriormente a través de los parlamentarios de los partidos que en aquellos años representaban los intereses de los trabajadores, socialistas y comunistas, se continuó en esta misma línea.

Las diversas organizaciones populares fueron haciendo eco de este discurso, de esta demanda, hasta traspasar incluso a los sectores populares y los partidos de izquierda.  El deseo de recuperar nuestras riquezas minerales, fue creciendo con los años, se fue haciendo carne en diversos sectores como estudiantes y profesionales.

En ese sentido hay que destacar el papel de Salvador Allende quien primero como diputado, más tarde como senador y finalmente como presidente levantó la bandera de la dignidad en nuestro país de recuperar soberanía sobre nuestra principal riqueza: el cobre.

¿Y de dónde surge esta idea?

Se inscribió en la lucha que los propios trabajadores fueron dando por alcanzar mayores grados de dignidad en sus condiciones de existencia.  En un comienzo la vida en los campamentos mineros era muy dura y hasta miserable, con decir que para salir de vacaciones había que sacar víveres de la empresa para poder comer esos días que no se trabajaba. Los gringos que trabajaban en la compañías, en cambio, ganaban salarios infinitamente mayores y tenían condiciones de trabajo muy por sobre las nuestras. Sin duda, esto ayudó a generar ese sentimiento porque las minas fueran nacionalizadas.

¿Cómo fue el camino que emprendieron los trabajadores en contra de las compañías mineras?

Las mismas huelgas fueron verdaderas batallas que debieron asumir los mineros y sus familias; y con ellas la represión y los abusos. La historia de este país está llena de masacres de trabajadores, la mayor parte de ellas en democracia y cometidas por las fuerzas armadas.  A mí me tocó vivir la masacre de El Salvador y la represión desatada con posterioridad, contra un movimiento que se realizaba en solidaridad con nuestros compañeros de la mina de El Teniente, en Rancagua que ya llevaban 2 meses en huelga.

Nos podría contar cómo ocurrieron aquellos hechos…

Cuando asumimos el compromiso y mandato de la Confederación de Trabajadores del Cobre, de paralizar las faenas en solidaridad con las justas demandas de nuestros compañeros de la mina El Teniente, el gobierno militarizó los campamentos mineros y en el caso de El Salvador, los militares se decidieron a tomar el sindicato minero a las 13:30 horas de aquel 11 de marzo de 1966. El local estaba lleno de trabajadores sus mujeres y sus hijos, era hora de almuerzo, cuando lanzaron las lacrimógenas contra un sindicato que en esos momentos estaba repleto, las personas que huían fueron ametralladas, mataron a  6 mineros y dos de sus esposas, había además más de 35 heridos a bala. Los que perpetraron este crimen fueron la Fuerzas Armadas combinadas del ejército, carabineros e investigaciones, de no ser por la intervención del único médico y el cura del pueblo la masacre hubiese continuado.

¿Lo que sin duda grafica el compromiso del gobierno de Frei Montalva con las grandes mineras norteamericanas?

Nosotros los sindicatos rechazábamos la política de Frei, la cual llamó chilenización del cobre, pues dejaba la dirección de las minas en las mismas manos, por eso los conflictos en los minerales continuaron.  Nosotros aspirábamos a la Nacionalización.

¿Y que ocurrió tras la masacre?

Los dirigentes fuimos encarcelados, incomunicados y maltratados, primero en Chañaral y mas tarde en La Serena junto con los de El Teniente. La huelga en El Teniente se solucionó, los yanquis debieron ceder en parte y los trabajadores agotados tras dos meses se bajaron. Nosotros quedamos con nuestros muertos y heridos, dirigentes encarcelados y más de 150 despedidos, incapacitados de continuar el conflicto, desde la cárcel debimos pedir a los trabajadores que volvieran a trabajar, para evitar aún más represión que no estábamos en condiciones de afrontar.

Más tarde cuando Allende ganó  la presidencia, todos los trabajadores fuimos recontratados, incluidos los heridos y aquellos que no podían trabajar por motivos de sus heridas recibidas fueron indemnizados.  Eso si fueron 4 años sin sustentos para muchas de esas familias.

¿Cómo recuerda usted esos días de la nacionalización del cobre?

Se dijeron muchas cosas en esos días, que no teníamos la capacidad como país, que no teníamos ni los  técnicos ni profesionales capaces para dirigir las compañías mineras. ¡Cómo les tapamos la boca!.

Los americanos no aceptaron la nacionalización, trataban de intervenir los buques con cargamentos, para impedir su venta, tal cual lo hacen hoy con el petróleo en Venezuela, con la prepotencia característica del imperialismo, que atropella la soberanía de los pueblos y las naciones.

La nacionalización del cobre es uno de los hechos históricos más grandes en Chile, y este desafío al imperialismo nos costó al pueblo de Chile, la vida de miles, incluida la del propio presidente Salvador Allende.

¿Qué significó pasar del sindicato a la dirección de la empresa?

Me enviaron durante la Unidad Popular, tras un atentado de Patria y Libertad a la subestación eléctrica que abastecía el mineral de Chuqui, a asumir la subgerencia de relaciones industriales. Era parte de la misma batalla, teníamos que demostrar que lo que habíamos prometido lo podíamos cumplir.

Es algo que el enemigo de clase no perdona, por eso se llevaron presas a mis hermanas, desaparecieron a mi hermano, desmantelaron mi casa hasta el alcantarillado, allanaron las casas hasta de las tías de mi mujer. Por el delito de ser dirigente sindical, que llegó a ser gobernador y sub gerente de chuqui, porque para esa clase es una ofensa que los trabajadores ocupen estos puestos, así como para los yanquis era un delito que recuperáramos lo nuestro.

¿Cómo ve la situación actual del cobre?

Comenzó a desvirtuarse la nacionalización, se ha ido entregando en forma paulatina a las transnacionales, nuevamente nuestras riquezas minerales, le han torcido la nariz a la ley y la propia constitución, la idea de Allende ha sido traicionada incluso por gente nuestra de izquierda, espero que por ignorancia.

¿Y los trabajadores?

Muchos de los hombres que producen estas enormes riquezas viven junto a sus familias en condiciones de pobreza, es cuestión de ver las casas y poblaciones donde vivían los famosos 33 mineros rescatados en Atacama. Con todas nuestra riquezas no deberíamos tener estos campamentos, por eso luchamos por eso, nos metían presos y nos mataban compañeros.

Y los subcontratados…

Nosotros como país aceptamos que haya intermediarios que se enriquecen a costa de la precarización de las condiciones de vida y el salario de los subcontratados. Diferencias infames que hoy día se producen, dentro de un empresa del propio Estado. Hoy los subcontratados son la mayoría, allí los accidentes ocurren con mayor frecuencia y ganan menos dinero.

¿Qué piensa usted cuando los medios cuestionan los sueldos de los trabajadores de planta de Codelco?

Aquí en la división Andina los trabajadores salen a las 5 de la mañana al trabajo, y regresan pasadas las 5 de la tarde a sus casas, la accidentalidad de las minas sigue siendo alta, al igual que las enfermedades laborales, como la silicosis. Muchos dicen estos son los privilegiados, por meterse 12 horas en un mina, los sueldos son las conquistas justas de los trabajadores, por el tipo de trabajo que realizan y las riquezas que generan.

Todos los meses, sabemos cuánto gana la banca y cuánto ganan las transnacionales extranjeras, el mayor robo en la historia de nuestro país ¿y la prensa qué dice de aquello?

Tan Infame como la prensa que calla y manipula, son las injusticias que ocurren en nuestro país, por ejemplo en Zapallar, donde las empleadas deben ir uniformadas en la playa, por que los infames no le permiten a las empleadas estar en traje de baño en la playa.

¿Es posible levantar nuevamente las banderas de la nacionalización del cobre?

La juventud y los trabajadores no han comprendido el valor de recuperar nuestras riquezas, esto es nuestro, de los chilenos, por eso luchamos varias generaciones.  A los que hoy lo planteamos nos acusan de extremistas, extremistas son los que nos roban y los que le permiten….si todas las riquezas fueran nuestras, en nuestro país no existirían las miserias que existen.

Desde la dictadura militar han enajenado la conciencia de los trabajadores. Ahora felizmente están saliendo nuevamente los trabajadores y los estudiantes a la calle a protestar.  No puede ser tanta injusticia que hay en la educación o en la salud, los trabajadores del cobre y todos los trabajadores organizados deben involucrarse en estas luchas: es una obligación, un deber.

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