La batalla perdida contra la delincuencia

El cacareado anuncio de poner coto a la delincuencia se le está escurriendo por entre los dedos al gobierno del presidente Piñera y su ufano ministro Hinzpeter.

Hace poco tiempo quedó  al descubierto el robo flagrante que se estaba cometiendo en el Serviu Metropolitano y en el Ministerio de la Vivienda donde un avivado funcionario corrupto (puesto allí por la ex ministra de la Vivienda) se las habría arreglado para coludirse con la empresa KODAMA para apropiarse de 34 mil millones de pesos.

En la región de Concepción se ha hecho público que privilegiados funcionarios de la Municipalidad de Concepción habían convertido los fondos municipales en un cajero automático; el vehículo utilizado para estos alunizajes sobre las arcas fiscales fue el de falsas y abultadas horas extraordinarias. Según la Contraloría Regional, los fondos malversados solo durante los años 2009-2010 alcanzan los 270 millones de pesos.

También en el último mes fue desenmascarado el inmenso saqueo cometido por los dueños y máximos ejecutivos de la tienda del retail La Polar. Las víctimas de estos almidonados delincuentes son múltiples y su botín es cuantioso; el 2010 se embolsaron $ 5.383 millones solo en remuneraciones auto asignadas, lo que representa el 20% de las utilidades netas de la empresa. Eso sin contar los millones de dólares extras que se han embolsado por la venta de acciones sobre valoradas y haciendo uso de ciertas ventajas, como el “uso de información privilegiada”, método delictivo que es muy común entre almidones y gominas.

Llegar y robar

Este asunto de La Polar no ha sido más que una muestra elocuente de las características expoliadoras del modelo económico dominante. Los dueños, gerentes y directores de La Polar multiplicaron hasta seis veces sus utilidades y ganancias mediante simples mecanismos de estafa, fraude y usura. Las víctimas preferentes de estos delitos han sido los consumidores que han caído en la trampa esclavizante de las tarjetas y del crédito fácil. Pero también lo han sido el fisco, al que le han esquilmado impuestos hasta por diversión, los fondos previsionales de los cotizantes en las AFP, y los accionistas minoritarios, que han visto esfumarse su inversión en los bolsillos (más bien en las cuentas bancarias) de los dueños de tienda.

Estas prácticas delictivas de los tipos de cuello y corbata son presentadas como “errores”, o “malas prácticas” que provocan un grave daño a la estabilidad y confiabilidad del sistema. El destape de estos hechos delictivos pone en evidencia lo que es una constante del sistema bancario, del sistema financiero y de las industrias o tiendas del retail. Y, por unos días al menos, la gente deja de gastar, de consumir, de endeudarse, de esclavizarse, que es en definitiva en lo que se sustenta “la estabilidad y confiabilidad del sistema”.

Durante las últimas semanas la preocupación principal del gobierno y los políticos ha sido salvar el modelito, salvar a los bancos, financieras y empresas del retail, evitando que cunda la desconfianza del consumidor en el uso de las tarjetas y en el uso del endeudamiento. Este modelo económico se basa en el consumo, se sostiene en el crédito y se afianza en el endeudamiento de los usuarios; esto es lo que caza al consumidor. Y este consumidor es que el debe seguir consumiendo, a pesar de La Polar. Por eso los esfuerzos por presentar el caso como un hecho aislado; la cuestión es que no afecte al resto de los que se enriquecen con estas prácticas. Eso es lo importante para los gobernantes.

Para el gobierno el gran delito no es que hayan estafado, engañado y cometido usura contra una enorme masa de consumidores incautos que son atrapados con facilidad espantosa en el juego del consumismo; el gran delito no es que hayan robado y estafado a un gran número de accionistas minoritarios que, por lo general, son gentes de clase media que recurren a estas prácticas de bolsa (otra táctica del sistema) como una alternativa de ahorro o de pequeña inversión; el gran delito no es que se hayan aprovechado de los fondos previsionales de los chilenos para cometer sus engaños; el gran delito no es que hayan defraudado impuestos por años y por cantidades que nadie menciona; para los gobernantes el gran delito de los dueños de La Polar es que no hayan respetado las reglas de juego.

Reglas del juego que se basan en capturar, esquilmar y estrujar económicamente solo a los consumidores, pero sin hacer trampas en la bolsa de valores. Los dueños de La Polar falsearon cifras para hacer trampas en la bolsa y eso es lo imperdonable para los dueños del sistema. Eso es lo que indigna al Ministro de Hacienda Felipe Larraín, entre otras cosas porque él fue cómplice de las mismas prácticas en la cadena de supermercados Santa Isabel, descubiertas hace unos años atrás, y este escándalo lo dejará en evidencia.

Ante la opinión pública los gobernantes aparecen como seriamente preocupados por la situación de los consumidores y el director de Sernac, Juan Peribonio, se ha convertido en el animador de la fiesta. Entre otras cosas también para disimular sus responsabilidades en el ocultamiento del descarado delito en que estaba incurriendo La Polar. El señor Peribonio hace meses que estaba al tanto de la debacle, pero sus razones debe haber tenido para cubrir el hecho con un manto de silencio y de acuerdos secretos.

No hay que hacerse ilusiones cuando los gobernantes hablan de “investigar hasta las últimas consecuencias”, como ha anunciado el Ministro de Hacienda, Felipe Larraín o el del Interior, Rodrigo Hinzpeter. Tampoco cuando el presidente Piñera aparece prometiendo que “se aplicarán sanciones implacables” contra los responsables. Estas habladurías gobernantes deben entenderse como populismo barato pues ellos saben que nada harán contra estos delincuentes, ellos saben que nada les ocurrirá a este tipo de maleantes. Una vez más seremos testigos de cómo la justicia es lacaya del dinero; y es lógico que así sea pues son los propios poderosos empresarios quienes se han hecho  y mandado a hacer leyes apropiadas para cometer los delitos que se les plazcan para hacer dinero fácil sin tener que correr ningún riesgo.

Las “sanciones implacables”, con que se tragan los micrófonos nuestros gobernantes, debe entenderse que se tratará de una multa de un millón de pesos (o algo así) contra los dueños, ejecutivos, directores, gerentes de La Polar; total, como vimos más arriba, plata les sobra para rentar juristas y pagar multitas. Luego todos para la casa, de vacaciones a disfrutar los millones robados, y de regreso una invitación a “participar” en algún directorio de otra cosa por ahí para seguir robando. Así es como funcionan estas cosas entre empresarios, sean estos políticos o bancarios, de  La Moneda o del Retail.

Como se ve, no hay por donde pueda haber avances en la mentada batalla contra la delincuencia pues la peor delincuencia es la más protegida del sistema dominante.

Y más encima reclaman estos caraduras de que el pueblo ande protestando por las calles.

Foto: Trabajadores de la Salud, funando a La Polar.

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