La nacionalización del cobre: un parto nacional

“Chile va a nacionalizar el cobre en virtud de un acto soberano. Acto soberano que incluso está consagrado en las resoluciones de las Naciones Unidas que establecen que los países tienen derecho a nacionalizar sus riquezas básicas”. Con estas palabras resumía Allende la postura de su gobierno y del país frente a la cuestión de la propiedad de la gran minería del cobre.

Hace unas semanas, el Subsecretario de la cartera de Minería, Pablo Wagner, sostuvo ante empresarios mineros en la ciudad de Antofagasta que: “la nacionalización del cobre fue un error histórico”. Desde luego que esto no fue un desliz lingüístico del personero de gobierno. Es reflejo de una convicción y de una actitud política. Es expresión de una apreciación y de una voluntad de esta administración en donde los “Chicago Boys” están empotrados en el Palacio de La Moneda y se enseñorean en los pasillos del Congreso.

En 1973 el 94% de la producción cuprífera chilena era estatal; hoy esa cifra no llega al 30%. La desnacionalización, impulsada por la dictadura, ha sido llevada a cabo con diligencia servil por los gobiernos de la Concertación y con voracidad de rapiña por los intereses empresariales extranjeros y chilenos. Codelco es el único bastión de reserva que va quedando.

Resumen conversó  acerca de la importancia de aquel proceso de nacionalización con don Gustavo Ruz Zañartu, Director del Comité de Defensa y Recuperación del Cobre. De igual modo, el señor Ruz aborda las implicancias y significaciones del actual proceso de desnacionalización y privatización de la gran minería del cobre.

Señor Ruz, nos puede usted reseñar ¿cómo fue la batalla por la nacionalización del cobre?

Lo primero que me salta a la memoria es la enorme contribución intelectual que hizo en este proceso el profesor Mario Vera Valenzuela; él fue el primero que entregó a los partidos obreros, a la CUT, a la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), la información, las herramientas de análisis, los conceptos, el marco teórico que sirvió para dar la lucha por la recuperación de nuestras riquezas. A 40 años de la nacionalización del cobre me parece necesario que recordemos al gran precursor intelectual de este logro.

Esto es muy importante valorarlo. Hoy el saqueo de nuestro cobre se puede hacer solo a escondidas, solo mediante maniobras de oscuridad, de encubrimiento, para que el pueblo chileno no lo sepa; entonces, hacer luz sobre esto es la tarea de cualquier patriota.

Para nacionalizar el cobre, el 11 de julio de 1971, fue necesario que todo el pueblo supiera cómo estábamos siendo saqueados, que supiera cómo operaba esto, que no fuera secreto. Cuando nace la CUT y se crea la CTC, pusieron como tarea central la recuperación de las riquezas del cobre. Fue un proceso de toma de conciencia, de formación e información, en constante aumento, que duró unos 15 años. Salir a la calle, a los sindicatos, en todos lados se discutía; se discutía con cifras, con conocimiento, no había secreto posible. No había secreto porque era un acto patriótico, la nacionalización era un buen negocio para Chile. En ese tiempo se logró crear un fervor y convencimiento social por recuperar el cobre y los políticos y sus partidos se vieron presionados a aceptarla, al punto que hasta la derecha política se vio obligada a apoyar la nacionalización.

¿Cómo se concreta finalmente la nacionalización?

Yo quiero destacar, en primer lugar, que se trató de una lucha totalmente de contrarios, los intereses de los capitales extranjeros son absolutamente contrapuestos a los intereses del estado chileno. “Lo que es bueno para las transnacionales del cobre, es malo para los chilenos”, eso lo dice Allende cuando presenta el proyecto de ley de nacionalización del cobre. Dice, además, Allende en su mensaje: “A nosotros nos interesa sacar el cobre de la roca, fundirlo, refinarlo, manufacturarlo y venderlo al extranjero en el mayor estado de elaboración posible, lo más industrializado que sea posible”. A nuestros enemigos les conviene que les entreguemos el cobre en bruto porque así ellos pueden quedarse con el oro, la plata, el molibdeno y los otros minerales que van en la materia prima, en el concentrado de cobre en bruto.

Allende entendía que la nacionalización iba a ser un problema muy complejo, pues sostenía que no se trataba de una pelea con una u otra transnacional, sino que iba a ser una pelea contra el imperio. Por lo mismo es que Allende buscaba lograr un amplio consenso nacional en torno a esta causa; en determinado momento teníamos la mayoría en el Congreso para aprobar la nacionalización, pero Allende consideraba que no era suficiente. Y tenía razón.

El Congreso Nacional aprobó por unanimidad la Ley Nº 17.450 que nacionalizaba y estatizaba el cobre. Esto es súper importante porque la unanimidad en el Congreso le dio una fuerza de Estado, un carácter de decisión de Estado; la nacionalización fue una cuestión de Estado.

En segundo lugar, es importante señalar que la nacionalización fue clara y categórica. La ley dice: “El cobre es de manera absoluta, exclusiva, inalienable e imprescriptible de propiedad del estado chileno”. No hay ninguna otra ley en Chile, o en América Latina, que tenga esos cuatro conceptos (absoluta, exclusiva, inalienable e imprescriptible) para que a nadie se le pase por la mente cambiar o revertir esta decisión de Estado.

Por eso, aunque la dictadura militar consideró la posibilidad de eliminar esta ley, finalmente no se atrevieron precisamente por la significación de “cuestión de Estado” que le daba la unanimidad que había tenido la ley en el Congreso. Esto habla de la potencia de la nacionalización y de la idea profunda que el cobre era un asunto de Estado.

¿Cómo y cuándo entonces comenzó este proceso de desnacionalización y privatización que invirtieron las proporciones sobre la propiedad del cobre?

El año 1980, cuando la dictadura impuso la nueva constitución, no tuvo la fuerza para borrar la existencia de esta reforma constitucional que nacionalizaba el cobre. A pesar de las presiones de los Chicago Boys y de Jaime Guzmán por eliminar esa ley, la Junta Militar no quiso o no tuvo el contexto para hacerlo.

Fue en 1981 que Pinochet empieza a revertir esta decisión de Estado. A raíz de la crisis económica que vivía el país, le encarga a Büchi y José Piñera que le traigan capitales extranjeros a como de lugar. Fue la ocasión propicia para que los Chicago Boys metieran el Decreto Ley 18.097, del 21 de enero de 1982, que entregaba a concesión a capitales extranjeros las explotaciones mineras chilenas. Esa ley les da garantías de que nunca se les va a quitar la concesión y que en el caso eventual de que eso llegase a ocurrir el Estado chileno les pagará en efectivo todo lo que podrían haber ganado con la explotación de la mina.

Esa ley es lo más canalla que puede haber, porque no hay ningún país del mundo que entregue sus riquezas de esa manera, tan absoluta, despreciable y antipatriota. A tal punto canalla que fue catalogada de inconstitucional y antipatriota por connotados políticos de derecha de la época.

¿Y esa ley no fue cambiada ni derogada por los gobiernos de la Concertación?

No. Al contrario. En 1988, después del plebiscito, cuando ya se sabía que Pinochet perdería la próxima elección presidencial, los Estados Unidos le ponen como condición a la Concertación y a Aylwin que si quieren ser gobierno tienen que estar dispuestos a entregar el cobre más allá de lo que habían podido lograr con la dictadura. ¿Y qué hace Aylwin y la Concertación? Se venden por un plato de lentejas. Entonces la Concertación pacta a escondidas del pueblo, a escondidas de sus propios militantes, y yo diría que hasta a escondidas de sus propios parlamentarios, antes de asumir el gobierno de Aylwin, el compromiso de que en su futuro gobierno se va a entregar el cobre.

Luego de salir elegido, en las reuniones con sus equipos asesores previas a la asunción, Patricio Aylwin les impone complicidad y silencio para someterse a la voluntad de las transnacionales de venir a robar nuestro cobre. Existen pruebas y testimonios de este secretismo.

Impone silencio y complicidad porque la entrega de ese cobre es un crimen; no solo es un crimen, es un acto antipatriótico que produce mucho daño a los chilenos.

Cuando usted se encuentra sin remedios en los hospitales, cuando tiene que esperar hasta dos años por un especialista, cuando su hijo no tiene dinero para entrar a la universidad, cuando no hay pavimento en las calles, cuando no hay transporte, usted piense que toda la riqueza que permitiría resolver estos problemas se está entregando a los capitales extranjeros.

Todavía hasta hoy gran parte del pueblo chileno no sabe que el cobre fue desnacionalizado y privatizado porque se ha hecho en secreto. ¿Y por qué se ha hecho en secreto? Porque el pueblo no debe saberlo, no debe tomar conciencia de tal hecho, porque si el pueblo lo sabe va a rebelarse. Va a rebelarse con mucha más fuerza que los Magallánicos, que los Pingüinos, que contra HidroAysén, que contra Barrancones, que en solidaridad con los Mapuches, porque la entrega del cobre chileno no solo es inconstitucional respecto de la constitución que había en 1973, sino que es inconstitucional aun respecto de la constitución del 80, y es un acto absolutamente de traición a los intereses de Chile.

¿Por eso cree usted que necesitan tanta discreción?

Yo pregunto ¿algún chileno sabe que es la ley 18.895?. Sé que quienes lean esta entrevista probablemente tampoco supieron que apenas asumió el gobierno de Patricio Aylwin se aprueba esta ley, prácticamente en secreto, como letra chica de una ley que aumentaba el IVA del 16 al 18%.

Y esta ley dice que las empresas mineras que antes pagaban tributo sobre las ventas de cobre desde ese momento solo pagarán impuestos sobre las utilidades. Eso significó que a partir de junio-julio del 91, ya las empresas mineras comenzaron a fabricar balances, a concretar elusiones y evasiones presentando balances en rojo, es decir, a no declarar utilidades y de esa manera evadir también el pago de impuestos y consumar el robo total de nuestras riquezas mineras. Esto quedó demostrado en un informe del director de Impuestos Internos ante la Comisión de Minería del Senado; este es un hecho irrefutable frente al cual los líderes de la Concertación han guardado un silencio cómplice.

También están orientadas a favorecer este proceso de desnacionalización y de privatización la ley 19.137 y la ley 19.389; prácticamente desconocidas y absolutamente lesivas de la soberanía sobre nuestros recursos mineros, aprobadas durante los gobiernos concertacionistas.

Esto es sórdido, esto es una conspiración. Aquí hay trampa. Y esta trampa se hizo en Chile, en Argentina, en Perú, en Colombia, en Costa Rica. Es un mecanismo de soborno y corrupción impuesto a través de toda la Cordillera de Los Andes en donde están los yacimientos mineros.

Soborno y corrupción que compra políticos, parlamentarios, gobiernos, pero también medios, radios, prensa, televisión para imponer el silencio y manipular las verdades. Por eso los chilenos no sabemos, en su gran mayoría, que en estos 20 años, más de dos tercios del cobre chileno ha sido entregado al capital extranjero. Hoy el Estado solo realiza alrededor del 30% de la producción de cobre en Chile, el resto es todo privado y extranjero.

¿Los altos precios que alcanza hoy el cobre no han motivado un mayor interés de los gobiernos y los políticos por poner término a estas trampas o por recuperar nuestras riquezas mineras?

Para nada. Chile se beneficia de estos altos precios solo por la sobre vivencia de CODELCO. Se habla con jolgorio de los altos precios que ha alcanzado el cobre, pero se oculta que la mayor utilidad de ese alto precio se la están llevando los capitales extranjeros, se oculta que Chile ha dejado de recibir 16 mil millones de dólares solo entre el período de Frei y Lagos.

Esto es para tenerlo presente. Cuando le digan que el Estado chileno no tiene 100 millones de dólares para construir un hospital, acuérdese que estamos entregando 16 mil millones de dólares por el delito de los dirigentes políticos chilenos de entregar nuestras riquezas, regalarlas en bruto y sin exigir tributo, al capital extranjero.

Estamos hablando de riquezas colosales que no pueden ser saqueadas a nuestros pueblos sin engaño, sin corrupción, sin traición. Esas han sido las malas artes con que gobiernos, ministros y parlamentarios, al servicio del capital extranjero, han logrado que los chilenos ignoremos este saqueo, no sepamos de este robo.

Lo esencial acá  es saber que con el cobre en nuestras manos tendríamos resueltos todos los problemas de salud, todos los problemas de educación, todos los problemas de vivienda, de obras públicas, todos los problemas de jubilación, todos los problemas de esparcimiento y bienestar para nuestro pueblo; podríamos alimentar a mucho más que a los 15 millones de chilenos que somos actualmente. Estamos hablando de una riqueza colosal que estamos perdiendo, entregando, regalando, por falta de inteligencia y de coraje en los dirigentes políticos.

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