Apuntes sobre la lucha social en Chile

altEn estas últimas semanas hemos asistido a un escenario marcado por una creciente y
sostenida movilización de diversos sectores de trabajadores y estudiantes, además de
un amplio y variado conjunto de personas no pertenecientes a ninguna orgánica, sector
o gremio, tal como es posible observar en las manifestaciones contra hidroaysen, así
como también en el pasado movimiento regional de Magallanes y en el reciente de
Calama. En vista de la convergencia que muestran estas movilizaciones, es posible
afirmar, -como hace un buen tiempo no sucedía en la sociedad chilena, que se ha
comenzado a configurar –por fragmentario que parezca aun- una articulación social en
torno a demandas que poco a poco comienzan a ser desbordadas en su especificidad

La demanda de los estudiantes por la renacionalización del cobre, en tanto fuente
de financiamiento para asegurar una educación gratuita y de calidad, además de
la eliminación del lucro, constituye otra señal de que en esta coyuntura se está
produciendo una ruptura de la lógica particularista de los conflictos sociales, cuestión
altque ha tratado de bloquear el gobierno al intentar desvincular la crisis de la educación y
las demandas en torno a ésta, con los fondos generados en el cobre y la reivindicación
de su nacionalización. Esto, precisamente, mantiene una relación de urgencia para
la derecha a partir de la preparación de Codelco para su privatización, a través del
plan de reestructuración implementado por la nueva dirección, cuestión denunciada
por los sindicatos del cobre al punto de convocar a una jornada de paro nacional en
cuya jornada cientos de estudiantes nuevamente mostraron su compromiso con la
huelga, demostrando una solidaridad de clase que, como señalamos, hace muchos
años no lograba expresarse -entre otras razones- por el desperfilamiento de muchas
organizaciones de estudiantes y obreros a partir de sus copamientos por parte de grupos
y partidos que muestran una creciente colaboración y entreguismo hacia los sectores
dominantes y los dueños del capital.

Junto con esta convergencia, como nuevo y feliz fenómeno en esta nueva fase de lucha
social, el aspecto más relevante es el punto en torno al cual este movimiento tiende
a converger en términos de discurso y de acción en sus distintos frentes, esto es, la
abierta y explícita crítica al modelo socioeconómico chileno y su falta de legitimidad.
Estos intensos meses de movilizaciones están demostrando, que el movimiento social
trata instintivamente de buscar las causas de su mal, identificando poco a poco las
formas y procedimientos institucionales que sostienen y aparan la explotación de la
que es víctima. Una y otra vez constata el movimiento social que ni el Estado, ni la
clase empresarial, ni todo el aparato que lo forma -incluido los partidos políticos- dan
respuesta a sus necesidades, tomando consciencia que la única vía de superación de
sus difíciles condiciones de vida, es la indestructible horizontalidad y solidaridad
de clase, especialmente cuando hoy enfrentamos a un modelo cuyas características
configuran lo que podemos denominar, sin ambages, como fascismo de mercado.
alt

Si duda que todo este desafiante y arrogante discurso estatal está generando en la personas una
identificación entre las condiciones laborales precarias, los sueldos miserables, el lucro
en la educación, el abuso en el sistema de cobros, la sobresaturación de publicidad, la
discriminación y exclusión, la mentira sistemática de la clase política, con el campeo
en general sin contrarresto del sistema capitalista neoliberal en Chile (el fascismo de
mercado que señalamos), en tanto todo el sistema político y jurídico está hecho a la
medida para su defensa. Es decir, hoy está en las voces de muchos la crítica general al
sistema social, económico y político chileno.

En este análisis, no se pretende señalar que lo descrito es un fenómeno totalmente
generalizado, ni menos que alcanza niveles maduros de radicalización. Ocurre más
bien que lo que la gente siempre ha visto, y que la ilusión-represión de la cultura del
consumo mantenía simbólica y materialmente contenido, ha comenzado a saturar,
evidenciando crecientes señales de hastío, cansancio y abierto repudio. Tras años de
inmovilismo, con esporádicos acontecimientos de protesta social, hoy estamos en
presencia de un lento despertar. Es más, como quizás nunca observamos antes, el
desprestigio de la clase empresarial y el descrédito de todas las instituciones que sirven
de soporte y justificación al capital, como la iglesia, los partidos políticos, la policía, el
poder judicial y el estado en general, son crecientes y evidentes.

En este sentido, es que los actores sociales más radicales debemos agudizar nuestra acción dentro de
los distintos sectores en que estamos insertos, además de potenciar y agudizar
nuestra acción desde las organizaciones específicas que articulamos. Los contenidos
tradicionales del discurso de autonomia,autogestión,horizontalidad hoy aparecen en la epidermis colectiva, sin
evidentemente asumir y comprender la profundidad y radicalidad que implican. Hoy
muchos son los que rechazan los partidos políticos, hoy se escucha en cada marcha
el rechazo a la clase política, hoy se propagan en Universidades, organizaciones
territoriales y de trabajadores las prácticas autónomas, autogestionarias y horizontales.

Sin embargo, igualmente es evidente aun la falta de madurez en estas prácticas y la
dependencia en última instancia de terceros garantes, como es la recurrencia a llamar,
por ejemplo, en el caso Mapuche o en conflictos laborales como el de los forestales el
2007 o, como sucede hoy, en algunas voces estudiantiles, a una organización corrupta
como es la Iglesia, junto con los igualmente nefastos parlamentarios, para definir los
términos y condiciones de resolución de los conflictos sociales.

La ofensiva comunicacional del fascismo de mercado en su conjunto, empresariado,
gobierno y concertación, junto con la izquierda reformista y acomodada , buscan seguir
sujetando los conflictos sociales dentro de la lógica de los “derechos ciudadanos”, esto
es, dentro de una forma política que privatiza los derechos sociales, donde el tejido
social es distendido y la escena política, como amplio campo posible de lucha, pierde
consistencia y nitidez, haciendo que la democracia deje de ser vista como un sistema
político cuestionable en su fundamentos, asimilándola más bien a un estado natural de

la sociedad. Luego, la resolución de los conflictos se cosifica dentro de un cuadro de
reglas y entidades que no hacen otra cosa que representar los intereses del mismo
modelo (volvemos al ejemplo de la recurrencia a la Iglesia y el parlamento),
instituyendo la democracia liberal y la economía de mercado como las únicas
posibilidades reales y viables en nuestra vapuleada sociedad. Por esto es de sumo
peligroso para los fines y objetivos de la lucha social, la instalación de un discurso
liberal neo republicano, que promueve un supuesto cambio radical en las relaciones
sociales y políticas chilenas, teniendo como idea fuerza una nueva constitución a través
de una asamblea constituyente que, según los que la promueven, barrerá con el
binominal que traba -según ellos- los “cambios profundos” que asegurarán la justicia
social, obviando intencional o equivocadamente que el Estado siempre ha servido para
bloquear y hundir las aspiraciones de cambio radical de la realidad social. En este
marco hay que invitar a preguntarse a las organizaciones y al pueblo movilizado, si es
posible echar la máquina del tiempo a correr y volver al Estado benefactor, donde los
trabajadores y trabajadoras tampoco eran protagonistas de su destino en tanto
entregaban su fuerza de trabajo a una clase dominante incrustada en el poder.

Es decir, en el momento que muchos sectores claman por más igualdad y real libertad,
las fuerzas políticas tradicionales -representantes del establishment del fascismo de
mercado-, intentan aprovechar la coyuntura para amarrar una nueva fase política
que partió con los gobiernos de Lagos y Bachelet principalmente y se profundiza
con este quinto de la serie de gobiernos post dictadura articulados y regulados por la
misma lógica, lógica que pretende despejar de posibles contratiempos al capitalismo
salvaje, consolidando definitivamente en Chile una democracia capitalista que gire
en torno a miserables derechos de propiedad y una “libertad ciudadana” que significa
derechos individuales y la pérdida definitiva de la posibilidad y de la capacidad
de colectivamente decidir y deliberar sobre la construcción de la sociedad y su
funcionamiento.

En cuanto a tópicos específicos y concretos que están presentes en las movilizaciones,
proponemos instalar con fuerza, entre otros, los siguientes puntos:

– Colectivización del cobre (discutiendo los alcances de la propuesta que hacen
algunos sectores en relación con la renacionalización del mineral, bajo el
entendido que la propiedad estatal hoy por hoy responde aun más fuertemente

que antes a una gestión transnacional)

– Des municipalización de la Educación, sin privatización ni estatización, sino
que con control social de la gestión de ésta por parte de la comunidad escolar
de cada establecimiento, esto es, de los estamentos de profesores, estudiantes y
las familias y con la utilización de los actuales recursos públicos también bajo la
supervisión de las comunidades.
Que los centros educacionales sean convertidos en centros sociales y

comunitarios, consolidando la gestión social de la educación y la presencia
activa de la comunidad dentro de estos, haciendo de la educación un nodo de
articulación de la sociedad que desprivatice las relaciones colectivas.
– Que la Educación sea gratuita y que el concepto de calidad sea redefinido a
partir de los debates y reflexiones de las comunidades educativas.
– Gobierno tripartito y control popular de las Universidades Públicas y el término
de la educación universitaria privada, poniendo bajo el control y la gestión social
dichas entidades.
Fin de las privatizaciones de las empresas públicas con el control y la presencia

en sus directorios de los trabajadores de esas entidades y de las organizaciones
obreras nacionales (luego de la necesaria limpieza de sus estructuras)
– Fin de la concesión de los recursos naturales del país que están en manos de
privados y la gestión y control popular de éstos bajo un formato determinado por
las organizaciones sociales y de trabajadores.

Finalmente, respecto a las discusiones que se han desarrollado en cuanto al carácter de
las movilizaciones estudiantiles, flash mob, besatones etc, y que en algunos grupos de
compañeros han sido tachadas de amarillas y cómplices de la identidad globalizadora
del “nuevo y correcto ciudadano”, es importante reconocer que si bien este tipo de
manifestaciones está siendo instrumentalizado por los medios de comunicación y la
instalación del ideal del “buen ciudadano” y que representa un error creciente en la
perspectiva de esta convergencia social que las movilizaciones están generando, sí
debemos considerar que ahí hay sujetos que pueden estar comenzando un camino
de adquisición de mayor y verdadera consciencia revolucionaria y que ninguna
transformación social profunda se puede realizar por sobre el movimiento social, por
inmaduro que este se encuentre, en tanto se corre el riesgo de caer en el tradicional
vanguardismo propio de la izquierda tradicional, que a la larga sabemos termina en una
traición al propio núcleo que lo originó: el pueblo.

Sin embargo, no podemos abandonar nuestras formas generar, organizar y llevar a
cabo la lucha social. En este sentido, todas las formas de lucha deben ser asumidas y
reivindicadas, dando en todo caso una necesaria discusión sobre los momentos y la
oportunidad de utilizar una u otra alternativa.

Finalmente, la experiencia ganada en éstas movilizaciones es y será un aporte en el
avance y en la toma de mayor conciencia de la clase y del pueblo en general; en éstas
a quedado demostrado que se puede comenzar a reflexionar y luchar al mismo tiempo.
La experiencia de lucha y reflexión lentamente se traslada a todos los sectores. Las
experiencias de luchas populares de Dichato, Villa Futuroy otras, están siendo quizás
la base para la articulación nacional de futuras luchas. Es ahora cuando debemos agitar
y promover la autonomía y la solidaridad en la lucha social, apostando a la experiencia
ganada en todo este tiempo y hacerla concreta en el medio cotidiano que nos toca vivir,
radicalizando cada acción de nuestras vidas, articulando las ganas y el deseo de cambio
revolucionario

Saludos compañeros.

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