Carta abierta a los estudiantes chilenos  en Huelga de Hambre

Carta abierta a los estudiantes chilenos en Huelga de Hambre

Queridos jóvenes

Me he encontrado a estas alturas de mi vida “a boca de jarro” con vuestro gesto heroico y maduro. Han dicho que no cesarán la Huelga hasta ser escuchados. He escuchado a algunos adultos muy preocupados por las consecuencias negativas de este hecho sobre su salud física y mental, y lógicamente la preocupación moral acerca del atentado contra la propia vida. Es decir, se ha escuchado este gesto, de parte de algunos desde la perspectiva de la muerte.

En primer lugar, quiero decir que no voy a juzgar vuestro acto ni desde el punto de vista “científico”, o sea del discurso médico, ni desde el punto de vista “moral”, o sea religioso. He escogido escuchar lo que de vuestro acto resuena en mi ser. Para ello he decidido entonces reconocerlo, como un “acto político”, en el sentido que trasciende sus propias vidas individuales, un acto político porque su contenido no es personal, (como por ejemplo la anorexia o el suicidio por causas del ego), sino social y absolutamente…vital.

No sólo ustedes, sino todos los jóvenes que he visto- percibido, olido, sentido- movilizados han enfrentado valientemente las resistencias (convertidas en represión) del Estado, de la clase política incluso de la sociedad, para llevar adelante la consigna-entre otras- No al Lucro. Es decir, como diría Jacques Maritain (filósofo francés del siglo XX) han actuado en contra de la “sofística”. Recordemos que los sofistas representan en la historia de la filosofía el momento en que la búsqueda de la verdad se transmuta en el conocimiento parcelado que se logra al pagar por él.

Ustedes, queridos jóvenes, han percibido algo profundamente filosófico y vital, que es el hecho de que Educar es una acción humana que los adultos de toda sociedad tienen el deber de practicar entre ellos y principalmente con sus jóvenes. Educarlos para la Vida. No instruirlos para el sistema capitalista, que es como ocurre actualmente. No entrenarlos para ser obedientes y estar “sujetos” a su pupitre, sino inspirarlos para la Libertad, para que sean sujetos políticos, deliberantes, frescos.

Para continuar nuestra pequeña clase de historia griega, Sócrates llegó enfrentando a esta pequeña cofradía, los sofistas, como un señor pobre, feo y viejo que no tenía ni para alimentar a sus propios hijos, pero que dedicaba sus días a ayudar a otros a ver la luz, su madre había sido partera, de modo que él fue partera de ideas. Conocerán el fin de la historia, y si no exijan a sus profesores de filosofía…uyyy lo olvidé… la filosofía y la historia ya no son materias que estén a su alcance. Bien, continuemos entonces, Sócrates fue acusado por los que impartían autoridad en Atenas, de corromper a los jóvenes. Hubo un juicio, y todo eso, y finalmente…fue obligado a tomar la cicuta (planta que se usaba para dar muerte al que la bebía). De algún modo, escogió su muerte, pero otros la desearon para él. Su muerte venía de todas maneras, como viene para cada uno de nosotros, sin embargo, Sócrates era libre, eligió morir de esa manera porque así comunicó no sólo a las gentes de su época sino a todos nosotros- herederos a medias de la cultura griega- que se debe sostener con toda dignidad el principio de la libertad del conocimiento.

Eso está en juego acá, al menos es lo que alcanzo a captar. Somos libres de conocer y nuestra actual forma de Educación no nos permite esa libertad, al contrario nos restringe, al conocimiento del Lenguaje y de las Matemáticas, es decir de las disciplinas lógicas, útiles al sistema capitalista, pero inútiles para la vida humana armónica con el mundo. Es una educación al servicio de la represión de los cuerpos, de la mente y del alma…y por último hay que pagar por ello. Y pagar en esta época, para miles de familias, no es otra cosa sino sufrir, endeudarse, estresarse y finalmente enfermar, para morir de a poco, lentamente…sin pena ni gloria.

Estoy con ustedes desde el Sur de Chile, acompañándolos y agradeciendo profundamente su gesto, que me recuerda a mí misma en mi juventud. Les pido perdón en nombre de los adultos por haber permitido que las cosas llegaran a este punto. No pierdan la Fuerza ni la Dignidad. Eso no tiene precio.

Salud

Laura Zambrano Silvera

Psicóloga. Psicoanalista

Magíster en Axiología y Filosofía Política

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