Cuando la solidaridad se castiga: La historia de un guardia

Cuando la solidaridad se castiga: La historia de un guardia

El pasado lunes 4 de julio, los 48 trabajadores de la pesquera Grimar, en el Parque Industrial Escuadrón de Coronel, se declararon en huelga, bloqueando los accesos de la planta para presionar a los gerentes a aceptar las demandas que habían levantado.

Pernoctando a la intemperie, soportaron el frio de la noche y la madrugada del 5 de julio. El lunes y el martes realizaron ollas comunes para darse alimentación. La movilización finalizó cuando al medio día del 5 de julio llegó carabineros, que sacaron a la gente que estaba ahí y rompieron el candado con el que los trabajadores habían cerrado el portón de acceso.

Junto con carabineros, llegó la planta directiva de la empresa, que amenzaba a los trabajadores con ser despedidos si no deponían la huelga. Pero también amenazaron a quienes hacían solidaridad con los trabajadores, que era el personal eventual, con contratos sucesivos por tres meses, y el guardia.

El guardia, por la noche, les había  prestado su hervidor, les había dado de su café, alcanzado electricidad y les dejaba entrar al baño. El guardia, dijo a Resumen, que era lo mínimo que podía hacer. “No puedes ser indiferente con la gente… no puedes estra tranquilo cuando estás en la garita y sabes que afuera hay mujeres y hombres pasando frio, luchando por un aumento de sueldo”.

La jefatura había visto esta acción, pues habían estado vigilando el comportamiento de los trabajadores, pero también por que también ellos fueron beneficiados de la solidaridad del guardia, que les había dado café caliente en plena madrugada.

La huelga terminó el mismo día que fueron atacados por carabineros. El guardia, quién dependía de una empresa contratista de seguridad, siguió en sus funciones hasta el último día de julio, cuando fue sacado de ahí a petición de los directivos de Grimar.

La legalidad no está a su favor. Grimar, como cliente de la empresa a la que él pertenece, puede pedir el cambio del personal cuantas veces quiera y la empresa puede despedirlo, cuando quiera y será legal. Lo único que puede escudarlo es la solidaridad.

A pesar de que el sindicato de Grimar hizo intentos, no pudo. El guardia tuvo que irse. La situación les sobrepasó, poniendo de manifiesto la debilidad organizativa, que es común en la actualidad. ¿Qué hacer? Se preguntan algunos. Y otros responden; trabajar constantemente para que cuando la solidaridad se castigue, se responda con más solidaridad.

El guardia no quizo dar su nombre. Sabe que deberá enfrentar solo los ataques y las listas negras de empresas que se organizan para mandar.

Foto: Trabajadores de Pesquera Grimar durante la Huelga, en los accesos de la pesquera.

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