La Juventud es el Futuro

La Juventud es el Futuro

Afirma con añoranza un viejo dicho popular “Juventud, divino tesoro”. El pueblo es sabio y no se equivoca, porque atesora una sabiduría acumulada a través de los siglos, fruto de experiencias repetidas una y mil veces. Y efectivamente la juventud es un tesoro. Etapa esencial de nuestro recorrido existencial, en ella trocamos la inocencia de la niñez por la pureza de las ilusiones y los sueños, por la fortaleza de las convicciones, despojados como estamos todavía de egoísmos y ambiciones  que encadenarán, o a lo menos frenarán más tarde, con eslabones de prejuicios y presiones sociales, la esencia más profunda de nuestra humanidad. Y como son puros, los jóvenes hacen propios e  intransables los valores esenciales de la condición humana, como la justicia, la igualdad, y denuncian y rechazan lo que a su juicio niega esa condición,  exigiendo un cambio que refleje su propia visión de la sociedad y del mundo.  Por eso los jóvenes son rebeldes y pueden aparecer, a una visión simplista y superficial, como irresponsables. No es así. En realidad los irresponsables son los adultos que, desde una cómoda posición de dominio, se  esmeran más  en reproducir un esquema que cautela sus privilegios que en concretar los cambios que las circunstancias históricas exigen en beneficio de todos.

Las últimas manifestaciones estudiantiles, herederas naturales de las que protagonizaran los pingüinos algunos años atrás, son una clara manifestación de rechazo a una conducción política que no ha dado soluciones satisfactorias a las demandas populares. Prueba concluyente de ello es el apoyo que han recibido los estudiantes desde otros sectores sociales, abrumados también por una situación que se hace cada vez más insostenible. La razón es simple.  Los problemas que sufre  la educación, los problemas de la salud pública, del transporte, de la vivienda, del medio ambiente y otros tienen una misma raíz: Un modelo económico y un aparataje político que le es funcional, nacidos ambos en contradicción con los intereses de Chile y de las mayorías nacionales. Los jóvenes han tomado la iniciativa y el pueblo los apoya. La sociedad civil, la ciudadanía, está desencantada y se aleja de los que ofrecen y no cumplen, se está dando cuenta de una manipulación política que vulnera la voluntad popular y atenta contra los intereses del país y del pueblo.

Llama la atención en las concentraciones y actos públicos convocados la ausencia  de los partidos políticos, obviamente los de la oposición. La Concertación  no se ha hecho presente, y no porque le falten ganas de sumarse  a la movilización. Ello obedece simple y llanamente a que no son aceptados por las fuerzas convocantes. El mensaje es categórico. Hay una pérdida total de credibilidad hacia la clase política. Los jóvenes y los afectados por el modelo neoliberal han entendido que la solución no está en las decisiones negociadas que se adopten entre las cúpulas partidarias y entre gallos y medianoche, sino en la manifestación pública del descontento, en el despertar de la conciencia ciudadana y en  decisiones que expresen efectiva y democráticamente la voluntad de las mayorías. Se hace necesario pasar de una democracia representativa a una democracia participativa, que no mediatice la voluntad ciudadana sino que la exprese más directamente. En estos momentos la juventud estudiantil pide que se les escuche, no que se hable y actúe en su nombre y a sus espaldas.

Los jóvenes han sido protagonistas destacados en el desarrollo político y social de la República desde sus orígenes. La mayoría de los grandes cambios experimentados por la sociedad chilena han tenido como actores principales o fueron impulsados por mujeres y hombres también jóvenes, y por muchos que en esa etapa de su existencia abrazaron una causa a la que dedicaron la vida entera, sin claudicar, sin transar y sin traicionar. Tiene razón el dicho popular. El tesoro de un pueblo es su juventud. Ellos son la semilla de la esperanza porque ellos son el futuro.

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