Segunda carta abierta desde la UNAM para los estudiantes chilenos

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Hermanos chilenos:

Ni modo, camarada, hay que seguir.
Hay que ser partidarios de las tesis del odio permanente.
Hay que hallarse sin tregua con la iracundia al hombro
Para estar algún día en pie de paz.
Ni modo, camarada.
Cansancio, hambre, temor,
Qué significan para el que ha decidido,
Con su cincel en mano,
Levantar la escultura
De su grano de arena.
Enrique González Rojo, En la orden del día.

Hasta acá nos ha llegado la noticia lamentable del asesinato de Manuel Gutiérrez, de la ola de represión desencadenada por el empresario Piñera en contra de su histórica movilización, de las decenas de detenidos, de las calumnias que intentan mostrar una imagen distorsionada de lo que ustedes son y, sobre todo, de lo que serán. Ese gobierno, déspota, brutal, intenta con las tanquetas, los perros amaestrados, los carabineros, la prisión y, en suma, el terror, desarticular y detener, con toda la fuerza del Estado, un movimiento sin exageración histórico. Sebastián Piñera, ese soldado pinochetista, reprime y encarcela porque, ante ustedes compañeros, ante sus argumentos, ante su decisión de pelear por la educación para todos, se ha visto rebasado e incapaz de esgrimir un solo argumento que pueda defender el estado actual de las cosas en Chile. No le importó que 50 jóvenes estuvieran en huelga de hambre, poniendo en riesgo sus vidas para exponer al mundo la desigualdad en su país; no le importa que corra sangre y dolor de chilenos a manos de los carabineros, porque él es el carabinero mayor; no le importa encarcelar a mucho de lo mejor que tiene Chile y el mundo: la juventud, su alegría, su amor por su país, sus ganas de mejorar, sus sueños. No le importa porque para él lo único que vale es el dinero, la libre empresa, sus ganancias, por eso tanta rabia ante este alud de dignidad que ustedes despertaron, abriendo ojos, corazones y conciencias, de millones de chilenos y latinoamericanos.
Desde México, desde la UNAM siempre rebelde, reciban nuestro solidario e indignado abrazo, que les llegue convertido en rabia, en gritos, en resistencia, en aliento para que no cejen en su esfuerzo por cambiar de veras y para bien a Chile. Sepan que seguimos con atención el desarrollo de su movimiento, por todo lo que significa para los latinoamericanos y porque, además, nos sentimos identificados con ustedes en más de un sentido.
En 1999, en nuestro país, los poderosos cerraron filas en torno a la decisión del gobierno de expulsar de la UNAM a los que menos tienen, intentando convertirla en una pequeña escuelita privada al servicio exclusivo de los dueños del dinero. Atacaron al CGH, la organización de los estudiantes en huelga, por todos los medios y de distintos modos. Entonces, utilizaron los mismos argumentos que hoy les prescriben a ustedes: todo cuesta en la vida, la educación no es la excepción. En la lógica neoliberal, todo se compra y se vende, no existen derechos sociales, ni beneficiados, sino mercancías y compradores. Los medios de comunicación, la iglesia, los partidos políticos de todos los colores, pintaron a los estudiantes en huelga de intransigentes argumentando que querían “todo o nada”, como hoy lo hacen en Chile. El problema, allá o acá, es que cualquier cosa que el movimiento estudiantil demande, así sea la más pequeña y en posibilidad de ser cumplida, será siempre el “todo” y los gobiernos ofrecerán siempre “nada”.
Si como ayer en México se exigía educación gratuita y para todos, el gobierno ofrecía simplemente becas “para los mejores”; si aquella generación de estudiantes insistía en que la educación es un derecho, no una mercancía, contestaban “en la vida nada es gratis”. Si los cegeacheros, argumentaban que eran los trabajadores mexicanos los que pagaban la educación pública con la riqueza producida por su trabajo y que serían sus hijos a los que se les cerraban las puertas de la universidad al cobrar cuotas, el gobierno respondía, como hoy lo hace Piñera, que la gratuidad es injusta porque se le regala la educación a los que sí pueden pagarla.
El pueblo chileno está del lado de sus jóvenes porque gracias a su movimiento hoy comprende que al cobrar en las escuelas se le está negando el derecho a la educación media y superior a toda una franja de la población: los que menos tienen. Porque ese pueblo chileno, luchador incansable, sabe que si el gobierno realmente quisiera cobrarle la educación a los más ricos, hay otros mecanismos para hacerlo, como implementar un impuesto para los de mayores ingresos que se destine exclusivamente a financiar las escuelas chilenas. Los trabajadores chilenos entienden perfectamente que las becas no resuelven el problema porque dejan en manos de los representantes del gobierno la decisión de a quién se apoya y a quién no. El pueblo chileno sabe que no se le puede exigir excelencia académica a quienes más trabajo les cuesta estudiar por su situación socioeconómica, sin antes haberles brindado las condiciones materiales para ser buenos estudiantes. A los jóvenes de pocos recursos, primero hay que darles condiciones adecuadas para estudiar y después exigirles un buen desempeño académico, no al revés.
La consigna de su movimiento es muy clara: educación gratuita y de calidad para todos los chilenos. Como ustedes, la generación de estudiantes mexicanos cegeacheros, de la que nosotros nos sentimos orgullosos herederos, tuvo el valor de oponerle al lema: “Universidad sólo para los mejores y los que pueden pagarla”, la consigna: “Universidad para hacer mejores a todos”. Lo hicieron en un periodo en el que estaba muy extendida en nuestro país la idea, difundida por los medios masivos de comunicación, de que era indispensable que se pagara por todo lo que antes era un derecho. A ellos les llamaron flojos, subversivos, ultras, como hoy a ustedes les llaman intransigentes e inútiles, por no aceptar falsas salidas que no resuelven nada, como la promesa de Piñera de “mayor apoyo e inversión en la educación”.
La única vía de solución, le guste o no a Piñera, es que sus demandas sean resueltas íntegramente. Nosotros, como ustedes, no creemos que la educación deba ser un privilegio para unos cuantos. Vemos a la educación como un derecho del que debe gozar todo ser humano, por el simple hecho de ser, de existir. No concebimos que este derecho se deba restringir a la educación básica, al adiestramiento para el trabajo. Defendemos la gratuidad de la educación en todos los niveles, desde preescolar hasta posgrado, porque ello tiene un valor social incalculable, porque la educación hace mejores sociedades. Demandar algo tan básico como la gratuidad educativa, tan lleno de justeza, no será nunca un capricho, una ocurrencia, sino una necesidad. Sólo la gratuidad garantiza la posibilidad de que los más necesitados también ejerzan su derecho a educarse.
No nos queda más que decirles que desde nuestra propia trinchera, los apoyamos, estamos con ustedes, los admiramos y confiamos en la firmeza de sus convicciones. Es mucho lo que está en juego. Sólo en un sentido los de arriba tienen razón cuando dicen que nada es gratis. A los de abajo nos cuesta hambre, movilización, vidas, conseguir, de a poco, que todo mejore. No serán pocos los logros que obtengan de esta batalla que hoy libran, no serán pocas las satisfacciones. Sobre sus hombros, hermanos chilenos, se posa el futuro. Con sus manos estamos tocando un porvenir más justo. Y a pesar de las enormes dificultades que enfrentan, confiamos en que van a ganar. Van a ganar porque han sumado al pueblo chileno a su movilización. Van a ganar porque los humildes, de acá, de todas partes, somos hoy todos chilenos. Van a ganar porque, parafraseando a Calle 13, “los de atrás van con ustedes”.
¡Fuerza chilenos!

¡Libertad a los presos políticos!

¡Hasta la victoria siempre!
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