En Salud

Entre lo evidente y lo oculto: Trabajo y salud Mental

Según el anuario Estadístico de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), del año 2009, los casos de enfermedades profesionales vinculadas a la salud mental corresponden a 273.  Ocupa el cuarto lugar tras las enfermedades músculo esqueléticas (1.598 ), las Laringopatías (398) y las Dermatitis (349)

Según anunciaron a la prensa las autoridades de gobierno, en agosto recién pasado, una de cada cinco licencias médicas son psiquiátricas, lo que significa un aumento de un 60% respecto del año 2002.

Hablar de la salud mental en nuestro país es un tema relativamente nuevo. Sobre todo si lo miramos desde la perspectiva laboral; por ejemplo, aún persiste como prejuicio en muchas personas que la flojera es la principal causa del ausentismo laboral, y se relaciona inmediatamente con el mediático caso de licencias médicas fraudulentas.

El problema que se da en estos casos de licencias médicas es bastante complejo. Porque más allá de una licencia médica falsa, a través de los medios de comunicación se cuestiona el diagnóstico de un profesional de la salud; la prensa no pretende más que criminalizar el hecho calificándolas de falsas. Cuando el escándalo estalló el año 2008, las licencias médicas cuestionadas correspondían al 1% de las emitidas. O sea, un 99% eran fidedignas. Un caso paradigmático hoy en día, cuando se publica que las utilidades de las ISAPRE aumentaron un 70% respecto del año anterior, y que uno de los factores que colabora con el ellas, es el índice de licencias medicas rechazadas injustificadamente.

Tras esta visión de las cosas, develadora de una concepción de lo que es una persona- pues se sospecha inmediatamente de la veracidad de su versión-, se esconden otras problemáticas que la clase política prefiere no tocar. Por ejemplo, antiguamente, la flojera era identificada con un trastorno depresivo y motivacional. Esta explicación sería más lógica que la abrupta aparición de un fenómeno transitorio y antojadizo, (la pereza en el mundo cristiano es un pecado capital) como se ve a la desmotivación por el trabajo actualmente. Bajo esta concepción, puede haber cuestionamientos que tocan nuestra forma de vivir y el modo de mirar las cosas; nuestro paradigma. ¿Qué pasaría si las patologías mentales se relacionaran con el trabajo?

“Vincular trabajo y una patología mental no es sencillo.”* Señala Patricia Sánchez , en la revista Ciencia & Trabajo: “Antes de hacerlo, se deben descartar factores externos que inciden en la enfermedad. Es una mezcla entre las respuestas del individuo, los factores del medio ambiente o las distintas susceptibilidades.” Para la sorpresa de muchos “Por ejemplo, si un trabajador se estresa porque su trabajo no le alcanza para solventar los gastos del hogar, no se está frente a una patología de origen laboral, sino familiar”.

El citado documento señala que en los últimos años, las consultas por depresión vinculadas al trabajo, estarían entre un 20% y 30%. En Europa “La incidencia de problemas de salud mental de origen laboral va en alza, al punto que 10% de los trabajadores en promedio ya presenta depresión, ansiedad, estrés o cansancio. Además de desempleo y hospitalizaciones, entre 3% y 4% del PIB de la Unión Europea está siendo destinado a pagar atenciones por salud mental, lo que equivale a unos US $ 400 millones. Actualmente, es el motivo más común para la asignación de pensiones de incapacidad en el viejo continente”.

En nuestra realidad nacional, el tema parece francamente evitado. Y puede ser así, perfectamente, porque los costos de los casos diagnosticados de patologías mentales discapacitantes que se atribuyen al trabajo, deben ser asumidos por las mutualidades. Y son ellos mismos, las ACHS y las demás mutuales, quienes tienen la responsabilidad de determinar el grado de incapacidad por accidente o enfermedad laboral; esto es así debido a una modificación legal hecha en dictadura. Otro tipo de corporación sin fines de lucro que se enriquece bajo subterfugios y la complicidad de la clase política, que se refleja en la gigantesca red de negocios construida por la ACHS, gracias a las cotizaciones que pagan empresas por la salud de los trabajadores. Decenas de centros médicos y empresas prestadoras de servicios de salud, incluso colegios.

Y, por otro lado, juega en contra de los trabajadores el nefasto servicio que presta la Compin, cuyo ineficiente, desfinanciado y negligente sistema aplaza el pago de licencias médicas al punto de la ilegalidad (si no se resuelve la aprobación o no de una licencia médica en 7 días esta debe ser automáticamente aprobada). A eso se puede agregar el sistema de Isapres cuyos utilidades son más importantes que un permiso legal; rechazan una de cada cuatro licencias, muchas sin un criterio de un médico. Como señaló Pablo Rodríguez, presidente del Colegio Médico a Ciperchile, “Nadie lo ha dicho pero todos lo saben: se rechaza una parte en forma genérica, por sorteo.”**

Un problema laboral al que perfectamente pueden atribuírsele causas de trastornos mentales, es lo comentado por Rafael Agacino: “La desregulación del mercado de trabajo ha estimulado cambios en los procesos de trabajo y regímenes salariales que han facilitado la imposición de la regla del “autofinanciamiento de los aumentos salariales”. Como se sabe, este mecanismo implica que el alza de los salarios se compensa con una reducción de costos lograda por aumentos de la productividad del trabajo; lo cual significa que las mejoras de las remuneraciones no se financian redistribuyendo las ganancias sino simplemente extrayendo mas rendimiento directo (mas producción por hora de trabajo) e indirecto (menos gasto de materiales por unidad de producto) de la propia fuerza de trabajo que se explota. En consecuencia, a pesar de que los ingresos de los ocupados puedan elevarse, la brecha entre remuneraciones y ganancias tiende a reproducirse; el mercado de trabajo, independientemente que existan políticas sociales compensatorias y sin contar los daños a la salud que genera la permanente pulsión a elevar productividad, reproduce día a día las desigualdades distributivas entre capital y trabajo”.

Según la última Encuesta Nacional de Salud, del año 2010****, la prevalencia de síntomas depresivos en la población chilena es de 17,2 %. “En la Tabla V.2.18.1. se observa que las mujeres presentan significativamente mayor prevalencia de síntomas depresivos que los hombres. “

Según esta misma fuente “Hay una asociación estadísticamente significativa entre la prevalencia de síntomas depresivos de último año y el nivel educacional (NEDU), al ajustar por edad y sexo. En la Tabla V.2.18.3. se observa que la prevalencia es más alta en el nivel bajo (20,8%); esta tendencia ocurre tanto en hombres como en mujeres. Al ajustar por sexo y edad, se reafirma lo dicho anteriormente, ya que los niveles bajo y medio presentan mayores prevalencia de síntomas depresivos que el nivel alto”.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. En nuestro país también, las mujeres tienen más altos índices de depresión, menos posibilidades de desarrollo, y ganan sueldos inferiores a los hombres por el mismo trabajo. Gran parte de ellas trabaja en empleos de emergencia.

A nivel internacional estas cifras son vistas con preocupación. Pero en nuestro país el problema se invisibiliza, pues ningún gobierno ha asumido de la precariedad laboral de la población chilena. Se invisibiliza intencionadamente eso sí, para volverlo incluso fantasmagórico. Pues como en casi todos los aspectos de nuestra sociedad, la relación entre trabajo y salud mental está mercantilizada.

* Patricia Sánchez , en Ciencia & Trabajo | AÑO 8 | NÚMERO 21 | JULIO / SEPTIEMBRE 2006

**http://ciperchile.cl/2010/02/16/la-controvertida-licencia-de-las-isapres-para-regular-el-reposo-medico-de-sus-afiliados/

***Hegemonía y contra hegemonía en una contrarrevolución neoliberal madura. P17

**** www.minsal.cl

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