Nueva jornada en Escuela Permanente: Relaciones hombre-mujer y trabajo

Este sábado 15 de octubre se realizó una nueva jornada de la Escuela Permanente en la sede de Urracas de Emaus, esta vez el tema tratado fue Relaciones Hombre – Mujer – Trabajo. A continuación, algo de lo expuesto por Sara Kries, investigadora de plataforma nexos.

La investigadora expresó que las relaciones entre los géneros se tejen interrelacionadamente, la forma de cómo nos relacionamos no es solo la suma de lo que sucede en el trabajo y la familia.

La subjetividad, es decir el modo de ser mujer o ser hombre, tiene una creación histórica y material, en términos de relaciones de trabajo. La división del trabajo, la base productiva, determina al sujeto y sus relaciones sociales. De ahí que tanto el trabajo productivo, como el reproductivo dan contenido a las reivindicaciones feministas.

La división social y de género en el trabajo se inicia con el capitalismo. Cada restructuración capitalista cambia los ejes de identificación del trabajo porque cambia los ejes de lo que hombre y mujeres deben hacer.

En los albores de la industrialización el trabajo era hecho mayormente por mujeres, que trabajaban en los telares, en otro momento, el del fordismo, surge el Estado de bienestar que cubre las necesidades básicas de salud, educación y existe un trabajo estable, por lo tanto la mujer estorba en las labores productivas, es constreñida a la casa y sus labores. Sin embargo desde los años 70 en adelante las nuevas formas de producción cambian nuevamente las relaciones a nivel mundial.

Actualmente, en la condición llamada postfordista, la industria ya no es la unidad  que se entienda de forma clásica. Descentralizada y flexible, libre para comprar y vender trabajo, éste ultimo es desvalorizado y precarizando, sobre todo en la vida femenina, y la mujer tiene aun menor posibilidad de encontrar trabajo productivo, remunerado.

Kries, explicó que no se trata de culpar a los hombres por la situación de trabajo y poder objetivo en que están las mujeres en la familia, esto es parte del ser social de las relaciones de trabajo y las bases objetivas y materiales, matizadas con aspectos subjetivos, prejuicios y valores asociados históricamente a las mujeres.

Agregó que el problema hay que verlo integralmente, desconfiando de las ciencias y la educación oficial, las que operan en base a enfoques errados. En primer lugar existe une enfoque de género que homogeniza y aplana, al considerar que son los mismos intereses en todas las mujeres. Este enfoque de piso naturalista quita el peso a la concepción histórica del problema.

En segundo lugar, para explicar las desigualdades, las disciplinas se han divido parcelando la totalidad e integralidad de la realidad, que es una totalidad histórica y en movimiento. La parcelación desde las ciencias tiene como consecuencia la focalización de los problemas, la división social en grupos para estudiarlos e intervenirlos cual si fueran una enfermedad. Este enfoque hace un reemplazo de lo político, al ver a las mujeres o cualquier otro grupo, como subjetividades oprimidas se torna un problema meramente técnico.

Otro enfoque es culturalista, feminismo que proclama la transformación de las formas de reproducir las relaciones  de género en y desde  el campo simbólico y de la confrontación de ideas, en desmedro de su base material. Pasando por alto las diferencias culturales, abstrae la mujer – género como única categoría desde el ámbito cultural y simbólico. Abstrae a la mujer de la realidad, de su contexto, convierte en generalidad a las mujeres.

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