Democracia Directa

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Dentro de los ejercicios más democráticos que pueden realizar los pueblos que forman un Estado está la Asamblea Constituyente, en la que las personas se reúnen, se informan, reflexionan, discuten y determinan libremente cómo será  el país en el que viven, dando origen de manera participativa a una nueva Constitución. Es la proposición de base, que hacen las personas sin imposiciones ni mediaciones de partidos políticos, es Poder Popular.

En Chile,  diversos factores hacen creer que una Constituyente es un proceso lejano, por un lado hay nula cultura cívica impulsada desde el mundo político, que acostumbró a los ciudadanos a sólo tener derecho a elegir representantes (con trampas como el sistema binominal de por medio) que piensan, negocian y deciden todo (lo político, económico, social, cultural, medioambiental, etc.) y que han demostrado actuar generalmente a favor de intereses personales.

Por otro lado, gran parte de la sociedad tiene poco conocimiento y en algunos casos una total desinformación, que se traduce en falta de interés por cambiar la realidad, aún cuando sufren formas de violencia (en educación, salud, endeudamiento, marginación, represión, desigualdad de oportunidades) por parte del modelo estatal vigente.

Sin embargo, lo real, es que una Constituyente en Chile es absolutamente posible y sólo depende de la decisión que los pueblos, organizaciones sociales, trabajadores, estudiantes, mujeres, jóvenes, tercera edad, en definitiva todos expresen, porque la Autodeterminación de los pueblos es un Derecho inherente de re-construcción de toda sociedad, cuya única exigencia es que sea convocada por la mayoría.

CHILE, UN PAÍS SIN SOBERANÍA POPULAR

Nuestra historia es ruda para el pueblo, los derechos ganados, las victorias y las derrotas democráticas han significado sangre de luchadores sociales y traición por parte de quienes tienen poder.

Gustavo Ruz, sociólogo y coordinador del Comité por la Constituyente en Chile, conversó  con Resumen para explicar cómo la elite más rica del país (plutocracia) ha apelado a todo tipo de trampas y crímenes para impedir el ejercicio de la soberanía popular, desde los orígenes del Estado y hasta el día de hoy.

“La independencia la llevaron a cabo los aristócratas, clase político-social que contaba con la riqueza y el poder para la emancipación y que plasmó sus intereses y visión de mundo en las normas que regían el nuevo Estado de Chile”. La hegemonía de clase se aseguró en aquella época y vigente hasta 1870 por la llamada “ciudadanía censitaria” que sólo permitía participar en lo político (elegir, ser elegido y por lo tanto decidir) a los hombres más ricos del país, excluyendo a la mayoría de las personas que vivían en precarias condiciones.

Establecida la República de Chile, la primera Constitución se promulgó en 1833 y es también conocida como la Constitución Portaliana, aludiendo a uno de sus principales ideólogos, representante de la oligarquía chilena y contrario a los valores fundamentales que enarbolaban los Liberales de la época: igualdad, libertad y fraternidad.

Los opositores a esta Constitución fueron encarcelados o desterrados y en esta época se fortaleció el espionaje por parte de la policía secreta, brutal censura en la prensa, despidos en el sistema público a quienes no fueran partidarios del nuevo régimen y un aumento considerable de “guardias cívicos”. Esta Constitución se caracterizó por la nula participación de la mayoría de los chilenos, por ser centralista, autoritaria y elitista.

La segunda Constitución, de 1925, fue forjada en el contexto de la llamada “Cuestión social”, en pleno desarrollo del movimiento obrero y al calor de tendencias anarquistas y comunistas.

En enero del´25 diversas organizaciones obreras, la Asociación General de Profesores, la Federación de Estudiantes y la Unión de Empleados de Chile crearon el Comité Obrero Nacional para convocar a una Asamblea Constituyente, que contó con el apoyo y las garantías de la Juventud Militar de la época.

Este proceso se conoce como la “Constituyente chica” puesto que más tarde debería realizarse la Constituyente fundamental. Durante este periodo, actores y grupos sociales recorrieron Chile difundiendo e informando sobre su propuesta para generar una nueva Constitución.

La Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales inició sus sesiones con más de mil delegados que provenían de todo el país representando al mundo popular, quienes luego de varios días de apasionados debates, lograron aprobar puntos de base que luego debían ser aprobados en la Constituyente grande. Dentro de estos principios destacan la socialización de la tierra y de los medios de producción, así como una distribución política y administrativa del país como Estado Federal, también la separación de la iglesia del Estado y la educación gratuita desde la escuela hasta la Universidad.

Sin embargo, cuando llegó  el momento de pasar a la otra Constituyente, Arturo Alessandri, Presidente de la República que se había comprometido a realizarla, decidió  designar él mismo a los miembros de la Asamblea, además de presidir él la comisión de “reformas constitucionales”, traicionando el compromiso adquirido con el Comité Obrero Nacional y con todo el pueblo de Chile que había trabajado intensamente en la Constituyente chica.

De Asamblea Constituyente pasó a ser una “Comisión constituyente”, formada por pequeños grupos, quienes elaboraron la Constitución que más tarde se votó en plebiscito, el cual fue avisado a la ciudadanía con sólo un mes de anticipación y que fue aprobada por un mínimo de electores, ya que de los más de trescientos mil inscritos sólo votaron 135 mil, es decir,  fue aprobada por menos del 50% de los votantes.

Aun así es la Constitución más democrática que ha tenido Chile.

“Esta Constitución permitió que se abrieran muchos espacios y que décadas más tarde germinaran frutos democráticos”, explica Ruz, quien destaca logros populares (entre 1958-1973) como las cuatro Reformas Agrarias y la Nacionalización del cobre. Además de una recuperación de la democracia y de libertades para las personas.

“Pero la derecha de este país estaba acostumbrada a tutelar con mano de hierro, es decir, que no pueden gobernar con tanta libertad para las personas, por lo que necesitan leyes de seguridad nacional, estados de sitio, leyes antiterroristas, golpes militares”.

CONSTITUCIÓN MILITAR, AÑO 80.

El 11 de septiembre de 1973 los militares aliados a la derecha chilena y Estados Unidos, bombardearon la Moneda, terminaron con la democracia e iniciaron un periodo de asesinatos y torturas a luchadores sociales a la vez que idearon e impusieron un nuevo modelo económico, político y social para Chile.

Días después del Golpe, los militares crearon una comisión que en 1980 terminó de redactar la Constitución. Todos los debates fueron secretos y las decisiones las tomaron únicamente quienes tenían el poder. En agosto de ese año, la Junta Militar anunció al pueblo de Chile que en un mes más deberían votar para aprobar o no dicho texto, que los ciudadanos ni siquiera sabían en qué consistía.

El plebiscito del ´80 se realizó en un clima de incertidumbre, censura y falta de transparencia que caracterizaron a la dictadura, quienes aseguran haber obtenido una victoria del 67% que aprobó su texto, aún cuando no existieron registros electorales o supervisión del conteo de votos.

La importancia de este hito es claramente descrito por Ruz, “Toda la vida de las personas, desde que nacen y hasta que mueren está normada por la Constitución Política del Estado, educación, salud, derechos, libertades, trabajo,  matrimonio, fondos de pensiones, jubilación, medio ambiente, división de las regiones, existencia y características del congreso. Además están en juego las reservas más grandes de cobre en el mundo, importantísimas reservas de litio, 4 mil kilómetros de costa y fondo marino, la ruta estratégica del Cabo de Hornos, la vital reserva de agua en la Antártica y más de 2 mil kilómetros de bosque.

Detrás de cada artículo, de cada ley está el modelo económico, la ideología”.

EL FRAUDE CONCERTACIONISTA

Gustavo Ruz señala que en junio de 1989 la dictadura realizó un plebiscito en el que se consiguió un 92% de votos para amarrar artículos fundamentales y hacer más difícil los cambios constitucionales, “el alto porcentaje se logró gracias a que la Concertación, Renovación Nacional y la UDI votaron tomaditos de la mano”.

Ruz reconoce que “a mucha gente le cuesta aceptar que la Concertación fue creada para fortalecer la dominación norteamericana y el modelo económico pinochetista, pero lo concreto es que el 11 de marzo de 1990 el capital extranjero controlaba el 17% del Producto Interno Bruto y hoy día controla el 70%, es decir el capital extranjero maneja Chile gracias a la elite dirigente y a la actual Constitución, marco jurídico que legaliza la opresión y el despojo en nuestro país”.

A la Moneda después de la dictadura, “no llegamos los que luchamos, llegaron los que le daban garantías al gobierno de Estados Unidos de mantener el modelo, entregar el cobre y dar impunidad a Pinochet y sus colaboradores.

Ningún gobernante de la derecha ni de la Concertación le consultó al pueblo cuando decidieron la privatización del cobre, que se produce en los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos principalmente, quienes además junto a Bachelet, jamás plantearon eliminar la Constitución de la dictadura o realizar una consulta democrática sobre estas materias”.

POR LA CONSTITUYENTE, UNIDOS Y SIN PARTIDOS

El actual desprestigio que sufren hoy los partidos políticos chilenos, de “gobierno y oposición”  es rigurosamente justificado, por lo que no se puede esperar ni confiar en que una propuesta limpia y democrática que otorgue poder, libertad y derechos a las personas, una Asamblea Constituyente, nazca de ellos. Lo que queda entonces es que el pueblo organizado, las fuerzas vivas sociales, la exijan y el Estado garantice su correcta ejecución.

El camino para lograrlo tiene que ser concordante con el objetivo que se persigue, concluye Ruz, quien enfatiza en que “necesitamos demostrar que somos una clara mayoría, y esas son palabras mayores. Por lo tanto, el método de trabajo es muy distinto de aquellos que sólo aspiran a ser un grupo de presión en una comuna o para lograr objetivos parciales, de un sector político, social o cultural, que sólo busca “marcar presencia”.  La clave es la unidad y organización de todos los ciudadanos, en su barrio, comuna o lugar de trabajo, para generar una fuerza capaz de doblegar la resistencia de las elites conservadoras y sus poderes fácticos, que tienen más peso que todos los diputados y senadores juntos.

Lo primero es que cada ciudadano o ciudadana actúe con determinación e iniciativa propia, que no espere “instrucciones” desde arriba, y que constituya instrumentos locales de unidad e iniciativas para una Asamblea Constituyente, capaces de vincularse al movimiento nacional.

Si todas las organizaciones sociales levantan esta bandera, la institucionalidad del Estado se verá forzada a consultar al pueblo (por referéndum, plebiscito o Consulta Nacional vinculante), si quiere seguir con la Constitución de Pinochet o si prefiere que sea convocada una Asamblea Constituyente que redacte una Constitución democrática, realmente representativa de la voluntad soberana del pueblo de Chile.

Tras la victoria, se convocará de inmediato a elección de los representantes del pueblo, quienes deben surgir desde la base social y no ser fruto de arreglos o negociaciones cupulares.  Los trabajos de la constituyente, que normalmente duran entre 6 meses o un año, deben ser seguidos atentamente por todo el pueblo. Que no se aprueba una línea de la nueva Constitución que no sea comprendida y acordada con “los de abajo”, lo que implica también un arduo trabajo de pedagogía y capacitación masiva. Y una vez que la Asamblea Constituyente aprueba el nuevo texto de Carta Fundamental, nuevamente se realiza un plebiscito para sancionarlo.

Todo este proceso requiere de una sólida unidad, alta conciencia política y firme decisión popular. Sin ese factor, podemos llegar a una situación insólita: que los poderes fácticos derrotados en las urnas, logren después, por secretaría, o simplemente por la fuerza, burlar e incumplir las decisiones de la Constituyente”.

Foto de Archivo: Vecinos de San Pedro marchando en contra de la privetización de la Ruta 160. Año 2011.

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