De modelo neoliberal a paradigma del desastre

altLa crisis es como un lejano rumor. Cuando Europa colapsa, Estados Unidos pierde su condición de superpotencia económica y China reduce su ritmo de crecimiento y de motor de la economía mundial, Chile vive ensimismado en su delirio de consumo. El ciudadano, más informado por la publicidad que por los periódicos, continúa en la bicicleta financiera, armándose de nuevos créditos para adquirir más bienes, en tanto el sector financiero y el comercio siguen trazando proyecciones, acomodando activos y ampliando sus mercados.

Una etapa más del proceso de acumulación y concentración de la riqueza que esta vez apunta a un futuro incierto; las informaciones económicas que llegan anuncian la catástrofe. Es así como el FMI elaboró un informe en el que advierte que la región del mundo más vulnerable a un colapso bancario europeo es Latinoamérica y en la región, el país más vulnerable es Chile. “En este contexto, América Latina sería una de las regiones más afectadas y se producirían reducciones significativas del crédito de bancos extranjeros en Chile (2,5 por ciento del PIB), Brasil (1,5 por ciento) y México (1,25 por ciento)”, señala el documento.

Hace un par de semanas, el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, admitió que Chile no “está blindado”, pero sí “bien preparado” para enfrentar la crisis mundial. ¿De qué se trata esta declaración? Es simple: preparado para arropar los mercados, pero no blindado para enfrentar los problemas derivados del modelo que ha colocado a Chile como el paradigma de la desigualdad. Los cambios que clama la sociedad civil organizada, como una profunda reforma tributaria, tendrán que esperar tiempos mejores. Habrá recursos y políticas para amortiguar presiones especulativas, pero no para apuntalar las alicaídas pymes, la pérdida de empleos ni el reforzamiento de la educación pública: en política económica, el ministro Larraín es un administrador del modelo instalado por la dictadura militar y fortalecido durante las dos décadas de la Concertación.

Posiblemente pocos ciudadanos leyeron las declaraciones de Larraín. Porque las estadísticas económicas locales escriben otra realidad. Este año terminará con un récord en la venta de automóviles nuevos, con más de 300 mil vehículos, en tanto el comercio ya saca cuentas alegres para las ventas de Navidad, que presume crecerán un once por ciento en comparación con 2010.

Si así funciona el mercado de los consumidores, en las altas finanzas los movimientos son aún mayores. El grupo Saieh, dueño de Copesa, y con activos en Ripley, Unimarc y Corpbanca, adquirió un banco en Colombia (la filial del Santander), en tanto Cencosud anunció haber adquirido la tienda Johnson y prepara la inauguración, hacia el segundo semestre de 2012, de Costanera Center, el mall de Providencia que espera recibir cuatro millones de visitas.

Hedor a descomposición

Fruición por el consumo, nuevos negocios pero también, de manera casi obscena, información detallada sobre cómo se hacen estos negocios. El veloz proceso de concentración de la riqueza comienza a exhibir su modus operandi : la colusión, desde los volúmenes de producción como en los pollos a los acuerdos de precios como en las farmacias y, ahora, en los supermercados. Pero también corrupción: el Consejo de Defensa del Estado (CDE) decidió querellarse contra Cencosud por fraude aduanero y fraude al Fisco al haber ingresado a Chile, desde Argentina, productos rotulados como ayuda humanitaria, que fueron posteriormente vendidos a la Onemi.

Hay una relación directa entre la empresa privada y el gobierno, la que es muy estrecha en el caso de Cencosud. Uno de los ministros mejor evaluados y posible delfín de Sebastián Piñera es Laurence Golborne, gerente general de Cencosud hasta su paso al gobierno. Aun cuando Golborne no tiene relación con la administración que cometió el fraude por el cual se ha querellado el CDE, sí hay un incidente previo, durante su gerencia general, que llegó al Sernac y a los tribunales como antecedente y práctica similar a la montada por La Polar.

Durante los años de gerencia de Golborne, Cencosud aumentó la comisión por la mantención de la tarjeta Jumbo al más puro estilo de La Polar. Lo hizo de manera no sólo unilateral y arbitraria, sino a espaldas de los clientes, que no fueron informados previamente del incremento de la comisión: a partir de marzo de 2006 subiría desde 460 a 990 pesos para todos los clientes que tuvieran un promedio de compras inferior a 50 mil pesos mensuales durante los seis meses anteriores a esa modificación. Y como los poseedores de tarjetas Jumbo Mas se calculan en más de cuatro millones, el negocio sumaba también muchos millones. Tras millares de reclamos, los clientes de la tarjeta Jumbo junto al Sernac interpusieron, en 2006, una demanda colectiva en el 10° Juzgado Civil de Santiago. Para el Sernac, el cambio unilateral de las comisiones se estrellaba contra La ley del Consumidor: no sólo se hacía sin el consentimiento de los clientes; la empresa inventaba nuevas cláusulas. La no respuesta por parte del consumidor significaba la aceptación del alza.

Como Cencosud no ofreció solución efectiva tras los múltiples reclamos, el Sernac interpuso una demanda colectiva el 6 de diciembre de 2006 en la que exigió que se sancionara la infracción a la ley y que cesaran los cobros indebidos. Solicitó también la devolución de lo pagado en exceso, con reajustes e intereses, por todo el periodo -o al menos desde marzo 2006- y hasta cuando los consumidores hubieren expresado su consentimiento y la forma en que tales devoluciones se harían efectivas.

A Golborne parece preocuparle e incomodarle este vendaval que sopla contra la empresa privada. Si años atrás el libre mercado desregulado era considerado como parte de la naturaleza económica, hoy, ante todo tipo de reclamos, protestas, movilizaciones, rayados en las calles y demandas en tribunales, los mismos empresarios y políticos han salido a defender las bases del modelo. Lo hacen porque hay riesgos de que se caiga a pedazos.

Golborne y Cencosud en la defensa del modelo.

La semana en que Cencosud recibió la demanda del CDE, su ex gerente general y hoy ministro de Obras Públicas salió a defender el modelo neoliberal a través de una extensa columna de opinión en El Mercurio . Allí Golborne hace una férrea defensa de la empresa privada. En tono de estadista, dice: “Necesitamos emprendedores, y muchos: pequeños, medianos y grandes. Día a día cientos de emprendedores nos muestran cómo construir un país grande, en forma ética, responsable y con conciencia social. Es gracias al esfuerzo conjunto de empresa y Estado que hemos avanzado significativamente en las últimas décadas en la derrota de la pobreza. Debemos tener cuidado entonces que algunos casos o situaciones puntuales no empañen la labor de cientos de miles de emprendedores a lo largo de todo el país”.

Sin embargo, dice que hay mala intención en las actuales críticas: “Resulta preocupante este afán que tenemos de estar permanentemente viendo todo mal. Ciertamente no es así, porque hay más de 800 mil emprendedores en el país y la inmensa mayoría de ellos desarrolla ese emprendimiento con buenas prácticas. No podemos extrapolar el mal comportamiento de unos pocos para condenar el bien que hacen muchos”.

El modelo neoliberal, pese a las enormes utilidades empresariales y a los esfuerzos discursivos de oficiantes como Golborne, no puede estar hoy más desprestigiado, lo que se refleja en múltiples sondeos de opinión. Una percepción que con los nuevos casos de fraude, colusión y corrupción posiblemente tenderá a profundizar su deterioro. Es así como el Latinobarómetro 2011 evacuó un informe lapidario para la institucionalidad económica chilena. Así vemos que entre 2010 y 2011 la idea de progreso ha caído 26 puntos porcentuales, en tanto la satisfacción con la democracia y el gobierno cayó unos 24 puntos, concluye el sondeo. También caen 18 por ciento las expectativas de un futuro mejor, y una mayoría estima que 2012 será peor que el año en curso.

En esta encuesta los grandes mitos neoliberales se van al suelo. Baja un 14 por ciento la creencia que las privatizaciones han sido beneficiosas para el país y baja también la idea de que la economía de mercado es el único sistema para alcanzar el desarrollo. En fin, éstos y otros indicadores están muy debajo de la media latinoamericana.

La percepción es que las cosas están peor

Esta percepción tal vez se relacione con la siguiente afirmación de Marta Lagos, directora de Latinobarómetro: “La clase media emergente, que acaba de salir de la pobreza, no logra consolidarse en un mundo hecho para una clase media alta acomodada. Las condiciones no están dadas para que la clase media baja pueda competir y ganarse un lugar en la sociedad chilena. No hay meritocracia, importa el color de la piel, el mercado del trabajo no existe”.

Si observamos lo que ocurre más allá de nuestras fronteras, se perfila otro mundo. Porque donde miremos y escuchemos, el rumor es de una inminente catástrofe. Ya no lo dicen economistas independientes e intelectuales, sino la misma institucionalidad financiera mundial. Desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) a todas las agencias de calificación de riesgo anuncian una tormenta no sólo de grandes proporciones, sino inédita.

En diciembre Christine Lagarde, directora gerente del FMI, hizo una comparación que muy pocos oficiantes se habían atrevido hacer. Lagarde comparó el actual trance que vive la economía mundial con el escenario previo que condujo a la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado. Para ser exactos, dijo al Financial Times que la economía global “enfrenta un panorama de retracción, incremento del proteccionismo, aislamiento y… lo que pasó en los años 30”. Agregó que “no hay economía en el mundo -de bajos ingresos, mercados emergentes, de ingresos medianos o economías superavanzadas-, que vaya a ser inmune a la crisis que vemos no sólo desarrollándose sino escalando”.

Esta declaración basta para comprender que las cosas no serán muy difíciles sino catastróficas en 2012, y no hablamos sólo de economía. Como ya se observa en gran parte de globo, los efectos de la crisis han generado un clima de movilización social sin precedentes desde los años 60 del siglo pasado, lo que ha derivado en el comienzo de una impredecible inestabilidad política, como se ha visto en Grecia e Italia, con la instalación de la noche a la mañana de banqueros funcionales a los grandes capitales como jefes de gobierno.

Al respecto, otras de las citas del Financial Times debieran ser extremadamente preocupantes para los países europeos. Lagarde les dice a estas economías que la única solución que propone el FMI es continuar el camino que siguieron las economías latinoamericanas durante los años 80 y 90. Esto es, poner en práctica las “reformas estructurales” para pavimentar el camino al neoliberalismo extremo. Privatizaciones, reducción del aparato estatal, fin de la seguridad social, de la salud y la educación pública. “Esto va a requerir esfuerzos, ajustes y claramente va a comenzar desde el corazón de la crisis, que está obviamente en los países europeos y en particular en los países de la zona euro”, dijo.

Pero fue incluso más allá. La francesa dijo desembozadamente que los procesos democráticos a menudo hacen difíciles las soluciones rápidas, por lo que debe resolverse la colisión de las expectativas de los mercados con la realidad política. Los ejemplos políticos recientes de Grecia e Italia, tan celebrados por los mercados y el mismo FMI, indican hacia dónde avanzarán las soluciones, las que sí se estrellarán con una sociedad civil maltratada y, por sobre todo, indignada.

Si esta es la opinión del FMI, las informaciones económicas y sociales refuerzan esta oscura visión. En España, sondeos recientes muestran que más del 22 por ciento de la población, unos diez millones de personas, viven en condición de pobreza relativa, con menos de 500 euros (unos 350 mil pesos) al mes. Dos millones de personas tienen ingresos menores a 300 euros mensuales, ya en la categoría de pobreza severa.

Una información aparecido en la National Public Radio (NPR) de Estados Unidos entrega una visión de cómo la crisis, el desempleo y el aumento del costo de la vida ya afecta a millones de familias. Más de 47 millones de personas viven bajo la línea de la pobreza, número que se ha incrementado desde los 37 millones registrados hace apenas cuatro años. En la actualidad, sobre el 15 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, porcentaje que aumenta día a día. Si es así en el mundo desarrollado, en Chile, otrora paradigma del neoliberalismo, se incuba la tormenta perfecta. Podemos ver un 2012 sumergido en la crisis global con una ciudadanía que, finalmente, clama por un cambio del modelo.

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