Daniel Viglietti en las movilizaciones de Concepción

“Yo veo un  acto tremendo de entrega y de vida”

Daniel Viglietti nació  en Montevideo en 1939, hijo de músicos, adquiere desde niño una sólida formación como concertista clásico, sin embargo en los años 60 con las crecientes luchas sociales en Uruguay, el hasta entonces autor-compositor y docente comienza a derivar a la música popular.


Daniel se trasnforma en cantor, locutor radial además de periodista atraves semanario Marcha, donde participaban como colaborador junto a sus amigos Mario Benedetti, Daniel Viglietti y Alfredo Zitarrosa. Crea y dirige el Núcleo de Educación Musical (Nemus). Es parte de un proceso de la musica popular latinoamericana donde destacan Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra. Es 1963 cuando edita su primer disco “Impresiones para canto y guitarra y canciones folclóricas”.


Su obra adquiere un carácter radical con letras asociadas a las luchas populares en Uruguay y en Latinoamérica, su viaje a la cuba revolucionaria de inicio de los 60 sin duda ayuda a ello. El poeta nicaraguense Ernesto Cardenal señala: “Daniel muestra al mundo como transformable en sus canciones y llama a transformalo” , agregando que Viglietti fue el primero en cantar al “Hombre Nuevo”. Viglietti paso a ser influencia para una nueva camada de musicos latinoamericanos entre los que destaca la “Nueva Canción Chilena” o la “Nueva Trova Cubana”. Victor Jara difundira en Chile algunas de sus canciones como “A desalambrar” o “Camilo Torres”.


La popularidad de sus temas deriva en la progresiva censura en los medios de difusión en su país, hasta que en el marco de represión que precedió al golpe de estado cívico-militar de 1973, Viglietti es encarcelado en 1972. La campaña por su liberación desde el exterior fue encabezada por nombres como Jean Paul Sartre, Miguel Angel Asturias, François Mitterrand, Julio Cortázar y Oscar Niemeyer. Viglietti se torna peligroso ya que como muy bien lo define Eduardo Galeano “el arte de Daniel no es inocente: con premeditación y alevosia libera palabras, enciende la capacidad de indignación y ayuda a revelar las realidades enmascaradas”


En 1973 comienza su exilio en Argentina y que continuará en Francia. Durante el destierro retrae su capacidad de composición, todas las canciones de entonces sólo se publican a su regreso. No obstante, continúa un intenso trabajo periodístico, radiofónico, y sobre todo politico, recorriendo el mundo en giras musicales solidarias, llevando su canto y denunciando la dictadura miulitares en Latinoamérica. “Yo estaba en Paris escuchando un concierto del cubano Carlos Puebla, destapabamos una botella de ron y llego alguien con la noticia del golpe de estado en Chile, dejamos las botellas a un lado y nos fuimos a nuestras casas. Entonces comenzo otra vida para mi. Por que aun siendo uruguayo, me transforme de pronto en chileno, mas tarde con el golpe de Videla me transforme en Argentino” nos cuenta Viglietti.


El 1 de septiembre de 1984, retorna del exilio siendo recibido por miles de personas en Montevideo, desde entonces edita y reedita numerosos trabajos entre los que se destaca “A dos voces con Mario Benedetti” (1985), reflejo discográfico de numerosos recitales realizados junto al gran poeta uruguayo durante el exilio compartido por ambos.


Durante muchos años, fue imposible encontrar sus discos de antes de la dictadura, debido a la compra del sello Orfeo por multinacionales de la música. Recién en 1999, después de un largo juicio, Viglietti logra recuperar sus derechos. Remasterizados por él mismo, sus discos de los años 1960 y 1970 son entonces reeditados. Además de la musica Daniel Vigliete mantiene por mas de 20 años su programa radial “Timpano” y desde el año 2004 su programa televisivo “Parapado”.


Tras un concierto efectuado en Santiago, enmarcado en las celebraciones por el bicentenario de la Republica del Uruguay, y organizado por la embajada de dicha nación en nuestro país, Daniel se arrancó hasta Concepción en un viaje relámpago, para efectuar un concierto, el día 19 de agosto pasado, en apoyo al movimiento estudiantil, que debido a su emotividad se prolongó más allá de los presupuestado.

Muy bien lo habia definido su amigo Mario Benedetti “En Daniel se aunan la emosión y la conciencia, la memoria y la esperanza”.   En la Universidad de Concepción afloro en el musico revolucionario, el cantor de propuestas, “ese mensaje de rebelion, ese llamado a lo mejor de cada hombre de cada pueblo” con que Julio Cortazar resaltaba el mensaje de sus canciones. Tras ello y a pesar del frio y en cansancio, Daniel se dio el tiempo de conversar con Resumen, aquí parte de la entrevista.


R.- ¿Cómo nace el cantautor comprometido: Daniel Viglietti?

DV.-  Yo venía marcado por la música: madre, padre, piano, guitarra, eso ya era un destino, pero entre las canciones paisajistas que yo hacía hace ya más de 50 años, irrumpió la revolución cubana, ese fue un golpe que nos hizo abrir los ojos, las conciencias, fue un golpe de alma.  Fue la posibilidad de que América latina pudiera cambiar con sus propias herramientas, con su propia cultura, sus propias lenguas, revolucionarse sin necesidad de subtítulos ni de importación de ideas.  Ese fue un hecho que quedó como constancia en mi cancionero con “canción para mi América”, un tema que habla de darle la mano al indio, con los años aprendimos que el indio nos da la mano a nosotros, con sus luchas, ya sea a través del zapatismo o de la resistencia mapuche.

A mediados de los años 60 viajo a Cuba, y allí redondeo el trabajo “Canciones para el Hombre Nuevo”, idea de la revolución cubana, propiciada por Che Guevara.  De allí surgirá una canción de identidad para mí: “A desalambrar”, una canción contra el latifundio, una lucha de larga data en mi país.  Allí comienzan los viajes a Argentina y Chile (1965) donde conozco a Violeta Parra, sus hijos, Víctor Jara, Rolando Alarcón, Patricio Mans, Payo Grondona, los IntiIllimani y Quilapayún.  De allí en adelante mis giras por nuestra América Latina se harán frecuentes, especialmente a Chile antes y durante el gobierno de Allende.

En los 60 continuarán los viajes a Cuba donde forjo la relación con la Nueva Trova, hago un disco para difundir estas nuevas canciones en el sur, el cual se llama “Trópicos”.  Me transforme en una especia de esponja, que absorbe sonidos y textos, sabiendo que la canción es algo muy frágil, que no resuelve la historia, ni mucho menos, pero la crónica que sensibiliza, es una herramienta que ayuda a seguir tomando conciencia.

R.- Tu generación afrontó  escenarios políticos adversos en Latinoamérica: censura, persecución, cárcel, destierro.  Hoy existe un nuevo escenario, en la región ¿de qué forma se puede traspasar el aporte de ustedes en la cultura para la profundización de los cambios  en nuestra América?

DV.- El mapa latinoamericano ha cambiado, ya no es el mapa oscuro de la operación cóndor en el sur, y la operación que nunca supimos como se llamaba que dejó miles de desaparecidos en Guatemala, Honduras, El Salvador.  No se trata de hacer comparaciones sin sentido, pero a veces corresponde hacer mención a países como Guatemala y Paraguay, que parecen condenados al olvido, incluyendo los genocidios allí cometidos.

Hoy la mayor parte de los gobiernos de la región, cada uno con sus matices, han sido caracterizados como progresistas, ocupemos esa tipificación, no son los gobiernos típicamente de derecha que conocíamos, tampoco experiencias revolucionarias como las de Cuba o la de Nicaragua, yo me remito a los inicios de la revolución en Nicaragua, a los inicios de ese sandinismo, que es lo que me pareció digno de apoyar y “declararle el amor”, como lo hice en una canción.  Hoy al  título de mi canción habría que agregar canción de amor a aquella Nicaragua.

Sabemos que hay mapas que se mueven, detrás la cultura como caja de resonancia, nosotros los cantantes de mi generación, somos referentes de una etapa, servimos para reflexionar desde otro ángulo.  Qué va hacer la cultura, qué va hacer la canción en este proceso que hoy vivimos en Latinoamérica, esa tamaña pregunta, quedan en el aire, yo trataré de contestarlas modestamente, haciendo mis canciones, haciendo radio y haciendo televisión, con mi programa tímpano (radio) y con mi programa “Párpado: yo pregunto a los presentes” (TV) que de forma modesta son medios de apoyo a esa cultura que queremos construir.

R.- ¿Cuál es el significado de su presentación en Concepción, frente a los estudiantes?

DV.- Chile está presente en mis afectos, a veces vuelvo a Chile y lloro en el avión.  Hoy llego y veo a esta juventud con esta pureza, esta vitalidad, es algo muy fuerte, pensé que me retrotraía al Uruguay de 1971, 72.  Pero no es así, el pasado no se repite, no hay fotocopia posible, hay otros matices, otras percepciones ellos no levantan banderas políticas concretas, lo que sin duda levanta preguntas en todos nosotros: ¿hacia dónde va toda esta energía, toda esta fuerza?, ¿cristalizará en algo?, también ellos tienen preguntas por delante, que no son fáciles, pero en el momento están dando respuestas a una impotencia que se vivió en este país, una dificultad de cambio que se ha padecido acá, yo veo un  acto tremendo de entrega y de vida.

Me acordé que cuando mataron al primer estudiante en Uruguay, pienso en ese estudiante que se llamaba Liber Arce, cae pero fue semilla, sus funerales convocaron 100 mil personas, en una manifestación de vida, acá también se está reclamando que la educación sea repartida, gratuita, y son cientos de miles.

Hoy ha sido impresionante estar en Concepción, hubo una complicidad con los estudiantes, yo valoré el silencio con que me escuchaban, allí muestran que es una juventud formada y sensibilizada.  Ojalá todo ello tenga la mejor de las derivaciones, para encontrarnos alguna vez en un libro, donde estén los nombres del Che Guevara, Raúl Sendic, Soledad Barret, Miguel Enríquez y de tantos de una lucha por una segunda independencia en América Latina.

R.- Nuestros países comparten un drama, los crímenes de la dictadura y la impunidad que se mantiene hasta hoy en la mayoría de los casos.

El tema de los derechos humanos está  omnipresente en nuestros países, hubo algunos pequeños avances que no podemos negar, dos dictadores y un puñado de torturadores fueron apresados en cárceles especiales, algo muy parecido a lo de acá.  Sin embargo, la gran mayoría de los criminales sigue suelto, allá se instauró una ley llamada de caducidad punitiva del estado, hubo diferentes capítulos, plebiscitos en los cuales sectores del propio Frente Amplio para terminar con dicha ley.  Yo fui parte de la comisión para la eliminación de dicha ley.

Si perdemos la memoria y caemos en la impunidad  es algo muy grave, es como el huevo de la serpiente en la película de Bergman, si el huevo queda por ahí, qué se puede esperar.  Hay que dar el ejemplo, a las nuevas generaciones hay que decirles que si un sector de la derecha quiere bajar la edad para encarcelar a los jóvenes, como si ellos fueran los máximos responsables de la inseguridad que se vive, mientras dejan en libertad a los torturadores y asesinos.

Lamentablemente Uruguay y Chile han tomado caminos de oscuridad, Argentina en cambio se ha convertido en un ejemplo en esta materia, ojalá supiéramos tomar ese rumbo (*)

(*) La entrevista fue hecha con anterioridad a la histórica votación del 27 de octubre de 2011 en que parlamento uruguayo votó la eliminación a la amnistía para los crímenes de la dictadura uruguaya.

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