El Intendente del negocio forestal

altEl incendio en Carahue fue el hecho que sinceró la postura del intendente de La Araucanía, Andrés Molina, la cual ya era un secreto a voces: las forestales no se tocan. La acérrima defensa de la industria asumida por la máxima autoridad regional volvió a quedar de manifiesto. Hoy, una grave sequía afecta la zona y tiene en la región a 46 mil personas sin el vital elemento. Nadie desde arriba habla del impacto de los pinos y eucaliptos. Nadie desde arriba explica las causas. Mejor, echémosle la culpa al calentamiento global.

Con un patrimonio cercano a los $ 700 millones, El intendente Andrés Molina perfectamente podría estar guatita al sol en cualquier balneario del país sin estar preocupado de las carencias y temores de La Araucanía. Sin embargo, su posición actual entrega seguridad y tranquilidad a uno de los rubros más rentables del país. Es una posición clave el que hoy ostenta y él lo sabe.

La industria forestal sólo en 2011 facturó más de 5 mil millones de dólares en exportaciones y las utilidades de los dos grupos económicos más grandes (CMPC y Arauco) superan los 600 millones de dólares cada uno. Pero el chorreo forestal, posibilitado en parte por la bonificación que el estado ha entregado en la plantación de más de un millón de hectáreas, no sólo ha enriquecido a los grandes, sino que también a numerosos “pequeños empresarios y emprendedores”.

Uno de ellos es el Ingeniero Civil Industrial Andrés Molina. Según consta su declaración de intereses, en la actualidad tiene un 42% de participación en Forestal Santa Laura, una pequeña empresa familiar que comparte con su hermano Rodrigo y que comenzó sus faenas en 1997 con la plantación de un predio familiar, ubicado en Chol Chol.

El capital de Molina en esta empresa asciende a los $ 336 millones.

De igual forma, El intendente posee una participación como socio de un 50% en rentas e inversiones Molgar Limitada, empresa inmobiliaria que es compartida con su esposa, constituida en el año 1997, y que cuenta con un capital total de $640 millones de los cuales $320 millones son con participación limitada.

Con Molgar comienza la extensa red de contactos que Molina posee con el rubro forestal de La Araucanía. Su esposa, Alejandra García, es hija de Mario García Sabugal, dueño de la Sociedad Forestal Magasa, empresa dedicada tanto a las plantaciones como a la construcción de muebles de madera.

Molina Magofke fue gerente general de Magasa, puesto que le permitió hacerse un nombre en el establishment forestal y que le facilitó, en 2009, dar el mayor saltó de su carrera: tras la renuncia de Francisco Alanis, asumió como presidente de La Corporación de la Madera (Corma) cargo que cumplió hasta enero de 2010 cuando es llamado por Sebastián Piñera para transformarse en nuevo intendente de la Región de La Araucanía.
Descrito el escenario no debe llamar la atención la invisibilización que se hace respecto del impacto de los pinos y eucaliptos en las cuencas hidrográficas. Además, es de público conocimiento su visión respecto de la necesidad de seguir plantando, pese a sus nefastas consecuencias.

El domingo 5 de febrero, el Diario Austral de La Araucanía tituló en portada la grave sequía que afata a la región. Nada de tocar a las forestales, eso sí. Uno de los protagonistas de la nota es el propio intendente Molina, quuien se jacta de los $ 11 mil millones que se están invirtiendo en proyectos de abastos de agua y Agua Potable Rural, los famosos APR.

Más allá de la opinión explícita que pueda tener un político con claros intereses en la industria forestal, es impresentable que en un artículo de dos páginas ni siquiera se sospeche de la sequía que provocan pinos y eucaliptos, a pesar que lo aseguran campesinos que han sido testigos de cómo sus cauces se han secado a medida que se expande la industria forestal. No lo dicen sólo ellos y ellas, lo aseguran también los estudios científicos, solicitados por las propias empresas forestales, que dan cuenta de lo nocivo que son las especies exóticas para los cursos de agua.

Si se continúa con la actual política de forestación, ningún proyecto de abasto de agua, los proyectos de Agua Potable Rural (APR), ni las decenas de camiones aljibes serán soluciones para quienes padecen el drama de la sequía en la región. Sólo será seguir cavando en un agujero sin nada en el fondo. Tal cual se pregunta uno de los protagonistas del documental Agua de Luma, ¿qué vamos a hacer entonces: vamos a tomar pinos, vamos a tomar eucaliptos?

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