Se quejan de llenos.

Se quejan de llenos.

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Hoy domingo 19 de febrero cerca del mediodía, Rodrigo Hinzpeter, ministro del interior del presidente Piñera, dio una conferencia de prensa en donde se explicitó la postura del gobierno frente a las jornadas de protestas ayseninas.

Una de las regiones donde más se ha invertido, donde el gobierno constantemente ha estado presente, con atenciones especiales, uno de los índices de desempleo más bajos del país, al punto de que el ministro del interior, habló del pleno empleo.

Podríamos deducir entonces, que en Aysén se quejan de llenos. La protesta es injustificada, violenta y además no da espacio para el diálogo, al cual el gobierno siempre ha estado abierto.

En el fondo, esto constituye una detallada propuesta mediática, donde se destaca la irracionalidad y el poco criterio de quien protesta, mostrándolo como evidente equivocado. El gobierno, a través del lenguaje y su aparataje de dominación simbólico, castra el derecho a indignarse. Lo cierto es que un aysenino perdió un ojo tras recibir un balín policial disparado directamente al rostro. Y eso es lo que se sabe hasta el momento, pues a pesar -del gobierno- de la irracionalidad, bestialidad y poco ciudadana propuesta de los que viven al extremo sur, las protestas y bloqueos de carretera siguen. Y también la represión.

Miente, miente. Siempre algo quedará.

Los dichatinos también se quejan de llenos. “Viva Dichato” es el hecho de unión simbólica entre ricos y pobres, entre afectados y no afectados, para colaborar juntos en este gran show de consumo. Todo esto en medio de delcaraciones de Lorena Arce, dirigente de los damnificados del campamento El Molino, que señaló a Resumen “En Dichato no hay una sola casa reconstruida con platas del gobierno”.

Ni una. A dos años del Terremoto-Tsunami.

Miente, miente. Siempre algo quedará.

Cada vez que surge un conflicto social, el aparataje estatal señala que es injustificado. Reafirma su intolerancia a través del lenguaje y como un padre ofendido, advierte y amenaza a quien no respeta el sagrado orden.

Como Goebbels. La propaganda sigue siendo relevante. Sobretodo en nuestros tiempos, donde la dominación mediática secuestra el sentido común.

Hace unas semanas, el mismo ministro del interior señaló la fortuna de un país como el nuestro de no tener grupos terroristas al estilo FARC o ETA. Eso mientras disfrutaban de su estadía en Chile un grupo de expertos en en represión sobre ETA, dando charlas a las policías chilenas.

Hace bastante tiempo ya, Marx y Engels discutían sobre lo que era el Estado. La discusión fue rescatada por Lenin en El Estado y la revolución. En este pequeño ensayo, Lenin destacaba como el Estado era la manifestación de las contradicciones de clase y como las clases dominantes y los mismos intelectuales,desviaban las ideas de Marx y Engels, para hacer creer que a pesar de que el Estado manifestaba esta contradicción, era posible también que las resolviera logrando el equilibrio; la famosa conciliación. El problema es que esta conciliación, es en el fondo, la sumisión de la clase oprimida, su renuncia a la posibilidad de liberación.

Conformarse con lo que hay. Y no quejarse de llenos.

A dos años.

En nuestra Región de Concepción, a cerca de 2 años del terremoto-tsunami, el slogan 2 años sin reconstrucción es derrotista y reafirma a través de su postura, al famoso asistencialismo estatal, capaz de llegar mañana mismo con cajas de mercadería por conseguir la próxima administración. Es pensar, de que si hay otros gobernantes, la cosa podría estar mejor.

Y al final, como decía una canción por ahí:

Hoy el noble y el villano,
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la facha.

Como Magallanes el año pasado, Aysén hoy nos muestra el camino para enfrentar al Estado, y al aparataje de dominación.

Nadie ha luchado por los trabajadores, las poblaciones, los pobres o la clase media, más que ella misma.

Como señalabamos en un artículo anterior. A pesar de la cortina de humo mediática, las condiciones se están dando para intervenir el sentido común de la población chilena. Una crisis orgánica del discurso que legitima el Estado neoliberal-subsidiario. La casta política perdida en acuerdos para-populares.

Basta de esperar.

A tomar el cielo por asalto.

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