La rebelión de Aysén (actualizado)

Este año ha comenzado con la misma dinámica de manifestaciones sociales que caracterizaron el año recién pasado. Así como en enero del 2011 fueron los magallánicos los que hicieron sentir sus demandas, de nuevo en el extremo sur del país, esta vez en la Provincia de Aysén, la ciudadanía emprendió intensas jornadas de movilizaciones en un intento por lograr soluciones a los problemas más agobiantes que les afectan.

Pero no ha sido un intento antojadizo y sin fundamentos. En movilizaciones sectoriales anteriores, los habitantes de esta región ya habían planteado sus quejas y habían dado muestras de su decisión de lucha. El ejemplo más reciente lo constituye, precisamente, el intenso batallar para impedir la materialización del monstruo hidroeléctrico HydroAysén. Ahora, siguiendo el ejemplo de sus vecinos australes que crearon la Asamblea Ciudadana de Magallanes, los ayseninos, o patagones como ellos se autodefinen, se agruparon en el Movimiento Social por la Región de Aysén y tomaron el control de las acciones para plantear sus exigencias al gobierno central.

Al comienzo de la movilización el Movimiento Social de Aysén agrupaba un total de 14 organizaciones sociales de toda la Región; pero este conglomerado muy pronto llega a reunir a 25 organizaciones patagonas, aumentado su alcance geográfico y amplitud social. Allí confluyen organizaciones de pescadores, comerciantes, transportistas, trabajadores, funcionarios públicos, asociaciones medioambientales, vecinales, campesinas, de pueblos originarios, en definitiva, representantes de toda la comunidad patagona, que se unieron bajo el lema de “Tu problema es mi problema”. Esta consigna refleja la fuerza que ha tenido esta gran movilización; invoca la unión y la solidaridad de los ciudadanos y esa ha sido siempre la principal arma de lucha de los pueblos contra los poderosos. Ese solo hecho puso en jaque a los gobernantes que desde Santiago no tardaron en hacer sentir su desesperación y su histeria.

Desde el 13 de febrero en adelante el Movimiento Social de Aysén dejó oír sus reclamos que se expresan en un petitorio de 11 puntos que recogen las demandas de todos los sectores sociales patagones y expresan la magnitud de los problemas que agobian a la comunidad aysenina.  La situación de la población aysenina no es distinta a la que afecta a la población de cualquier otra región del país, caracterizada por el abuso, la desigualdad, la explotación, la carencia y la conculcación de derechos, pero en el caso de los patagones se ve agravada y acrecentada por el aislamiento, debido a su condición de zona extrema, y por la usura y el aprovechamiento que de ello hacen la casta empresarial y la casta gobernante.

Las demandas de los patagones se pueden resumir en que buscan una mejor calidad de vida y terminar con el atropello del centralismo político y del empresariado depredador. Algunas de las exigencias del Movimiento Social de Aysén son: solución al alto costo de los combustibles; salud de calidad; equidad laboral; derecho a participación en las decisiones que afecten a la Región; universidad pública regional de calidad; regionalización de los recursos naturales; rescate de la pesca artesanal; rebaja en el costo de la canasta básica; rutas de acceso para el pequeño y mediano campesino; pensión regionalizada para los adultos mayores. En definitiva, todas ellas demandas legítimas de una ciudadanía hastiada de un modelo que solo se preocupa de proteger los intereses empresariales.

La respuesta de los gobernantes, como era de esperar, estuvo también en la tónica del año anterior. Sordera y represión. Al gobierno solo le interesaba aplastar el reclamo, aplastar la protesta ciudadana, aplastar las movilizaciones ayseninas, y consecuente con esa lógica lo primero que hace es enviar un avión con efectivos y medios represivos hacia la Región de Aysén. La cuestión principal para los gobernantes no era dar soluciones a los ciudadanos sino terminar con la movilización mediante su represión inmediata y a mansalva, con el consiguiente saldo de heridos, detenidos y procesados. Esa fue la respuesta gobernante. Y la de los ayseninos fue resistir amparados en la amplitud social de su movilización y en la legitimidad indiscutible de sus demandas.

Paralelamente, el gobierno enviaba hacia la Región a funcionarios de segunda línea y personeros sin ninguna capacidad de resolución, con el ánimo de ganar tiempo para que las fuerzas represivas tuvieran espacio de, acometer su labor de destrucción y con el fin de orquestar ante el país un supuesto interés negociador. Sin embargo, los gerentes de palacio no contaban con la férrea resistencia patagona que impidieron a las hordas policiales realizar su cometido a plenitud; por el contrario, se llevaron un poco de su propia medicina de manos de la contundencia de los luchadores patagones que obligaron al repliegue policial y que también dieron muestras de tener un control de la situación por medios pacíficos.

Finalmente, las fuerzas represivas gubernamentales se quedaron sin combustible, se quedaron sin bencina, sin petróleo, para seguir moviendo sus unidades y sus medios, debiendo refugiarse en la ciudad de Coyhaique, lo que dejó al gobierno al desnudo. Para los gobernantes se hizo urgente y perentorio restablecer la capacidad represiva del estado y el dominio del gobierno central. Luego de dos semanas de lucha callejera, el gobierno aparentó que accedía a negociar con los dirigentes de los movilizados y envía hacia la zona al Ministro de Energía, Rodrigo Álvarez. Pero no existía tal afán negociador sino la repetición de un método de enfrentar los conflictos, de un mecanismo de dilución política que (desde la óptica parda y mezquina de los gobernantes) ya les dio resultados con el conflicto estudiantil del 2011. La cuestión es aparentar como que se quieren resolver los problemas, buscar soluciones, cuando en realidad se pretende y se hace todo lo contrario.

En este caso, se trataba tan solo de una maniobra destinada a chantajear, amenazar y dividir al Movimiento Social por Aysén. Las exigencias de poner término completo a los bloqueos de carreteras era un insulto a la inteligencia y resistencia de los patagones pues ellos significa volver a generar condiciones para el despliegue represivo, desmesurado y criminal, de las unidades de fuerzas especiales (tan regalonas de Piñera y Hinzpeter) y así aplastar por la fuerza al movimiento social aysenino. La maniobra opresora, respecto de los patagones, y distractiva respecto de la opinión pública nacional, hasta ahora ha podido ser contenida por los ciudadanos movilizados y sus voceros; pese a las constantes amenazas de Hinzpeter y Chadwick de aplicar la ley de seguridad interior del estado (¡cuando no!), pese a la inusitada presencia y actividad de agentes de inteligencia operando desembozadamente en la zona en conflicto, pese a la orquestada sinfonía de amedrentamiento de los medios empresariales de comunicación, pese al tiempo transcurrido (ya van más de tres semanas de movilización), los ayseninos siguen manteniendo el control sobre la situación y la firmeza en sus posiciones.. En definitiva, no existe en los gobernantes ningún interés en resolver los problemas planteados por la ciudadanía de Aysén y, por lo mismo, no existe en el gobierno ningún interés en negociar nada; solo les motiva reprimir, acallar a los sublevados, aplastar el movimiento, imponer la paz de los poderosos.

Sin embargo, a los gobernantes ya no les basta con la represión y la manipulación mediática para acallar los conflictos. Así como el año anterior fueron los magallánicos primero, y los estudiantes después, quienes nos dieron lecciones de unidad y lucha, esta vez la ciudadanía de Aysén y Coyhaique no les han ido en zaga y han dado muestras de unión, de solidaridad, de firmeza, de decisión y, cuando ha sido necesario, de fiereza para luchar por lo que es legítimo y necesario.  Así como el año anterior, los ciudadanos del país sabrán sacar sus propias lecciones para sus respectivas organizaciones, territorios y regiones.

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