Desigualdad en Chile: el problema es el 1% más rico

¿Qué sucedería si en Chile los hogares de menos ingresos bordearan el millón de pesos al mes y los hogares más ricos promediaran los $30 millones? Tendríamos una brecha de 30 veces y es probable que esta distancia tenga que ver con privilegios especiales o condiciones de partida desigual, pero sin duda, sería un país distinto, ya que la gran mayoría de los chilenos podría satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, vivienda, vestuario, educación, salud, movilización, esparcimiento y otras.

Sin embargo, la realidad de Chile está muy alejada del ejemplo anterior. A pesar de que las autoridades nos digan que nunca hemos estado en mejor posición para convertirnos en un país desarrollado (urge definir qué se entiende por desarrollo) -ya que nuestro PIB per cápita ajustado por poder de compra es de US$16.712 y, si seguimos creciendo, muy pronto superaremos los US$20 mil- en estricto rigor, son muy pocos los que disfrutan de esta realidad, que finalmente, como todo promedio, esconde abismantes desigualdades.

Por ello, para observar los niveles de desigualdad que existen en Chile, no sirven los quintiles y ni siquiera los deciles, sino que es necesario utilizar los percentiles e identificar qué está sucediendo con los hogares pertenecientes al 1% más rico.

Los datos nos dicen que el 55% (ingreso mediano del sexto decil) de los hogares chilenos generan ingresos autónomos (rentas del capital e ingresos del trabajo principalmente) inferiores a $510 mil. Hogares de 4 personas en promedio, que no tienen ninguna posibilidad de satisfacer sus necesidades más básicas.

Si avanzamos un poco más, podemos ver que el 75% de los hogares chilenos vive con menos de $797 mil (ingreso mediano del decil 8). Y el problema se repite ¿Alguien tiene alguna duda de que una familia de 4 personas con estos niveles de ingresos en el Chile de hoy puede llegar a fin de mes sin endeudarse?

No obstante, si seguimos observando el nivel de ingresos en los hogares menos vulnerables, podemos concluir que incluso en el último decil (10% más rico), se esconden grandes desigualdades y aquí también existen hogares que tienen que hacer malabares con el presupuesto familiar. En estricto rigor, el 94,5% de los chilenos vive en un hogar donde los ingresos mensuales son inferiores a $2 millones. Nadie podría desconocer por ejemplo, que una familia de 5 personas (mamá, papá y 3 hijos), que tienen un ingreso de $1.800.000 al mes y donde un hijo va a una escuela particular subvencionada y los otros dos hijos estudian en la universidad, perfectamente pueden destinar más del 40% de sus ingresos al ítem educación. Y si están pagando el dividendo de la casa, más el pago de las cuentas básicas para subsistir, podemos concluir que también se encuentran en una compleja situación.

De esta forma, las diferencias se dan principalmente en el 2% ó 1% más rico. Y si consideramos que una encuesta de hogares, como la Casen, en general no logra cubrir las grandes fortunas de Chile y, por tanto los ingresos (sobre todo las rentas del capital) de las familias más ricas están subdeclarados, el problema es aún de mayor magnitud.

El ingreso mensual promedio del percentil 100 (1% hogares más rico) es $7.843.061. Son cerca de 45 mil hogares que sin duda viven en otro Chile. En 1990 la diferencia entre el ingreso autónomo de estos hogares y el 10% más pobre era 84 veces. En 2009 la brecha aumentó a 123 veces (un 46%). El ingreso autónomo promedio por persona en este grupo es de $3,8 millones, mientras que en el 10% más pobre es de $14 mil, una diferencia de 260 veces, que en 1990 era de 158 veces (es decir, un aumento de 65%).

En este 1% más rico, sin duda, están los dueños de Chile, los principales grupos económicos, los directores de empresa, los altos ejecutivos, tal como suele ocurrir en la mayoría de las naciones. Sin embargo, el problema de nuestra elite criolla es que se han fabricado un traje a la medida durante los últimos 35 años, con un sistema tributario que les permite pagar pocos impuestos (2/3 debiesen pagar impuestos y no lo hacen), con el dinero fresco de los fondos que los trabajadores tienen en las AFP y que va directamente a sus empresas, con un modelo de relaciones laborales que limita la negociación colectiva y reduce la huelga a su mínima expresión, privatizaciones de servicios públicos y recursos naturales, y perdonazos y subsidios especiales del Estado.

No se trata de nivelar para abajo, más bien se trata de convertirnos en un país serio y no en un paraíso de la acumulación, que entienda que con tales niveles de desigualdad, muy pronto, ni siquiera podremos seguir creciendo. Por ejemplo, mientras el mercado del lujo avanza y en el 2011 los chilenos compraron 330 autos marca Porsche, tenemos a más del 90% de la población estrujando el presupuesto familiar y convertida en una verdadera zona de sacrificio, donde incluso muchos trabajadores que se sacan la mugre día a día son pobres ¿No será acaso que el lujo de unos pocos, está impidiendo el bienestar de muchos?

La desigualdad tumbó al próspero imperio romano. No hay sociedad que pueda seguir avanzando si el crecimiento sólo se traduce en beneficios para un pequeño grupo que avanza 100 peldaños, mientras el resto avanza 1 o 2 peldaños. ¡Todos avanzan!, dirán los defensores de la teoría del chorreo. Matemáticamente es cierto, socialmente es una falacia.

Publicado en El Mostrador

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