Neruda fue asesinado, afirma su ex chofer

Septiembre de 1973, la Clínica Santa María de Santiago, una inyección, el mismo médico involucrado en el caso Frei Montalva y el silencio de la Fundación Neruda, son algunas de las piezas del relato de Manuel Araya.

Recorre los cerros de San Antonio en un taxi. A veces debe pasar por fuera del Regimiento Tejas Verdes, desde donde operó, durante los primeros tiempos dictatoriales, el genocida Manuel Contreras y la distancia que lo separa de Isla Negra es casi imperceptible, pues su memoria aún está ahí.

A Manuel Araya, la Dictadura y su oficio de chofer lo ha marcado de por vida. Desde los catorce años fue militante de las Juventudes Comunistas, “siempre estuve en contacto con la cúpula”, expresa, pues tenía un vínculo muy cercano con Julieta Campusano, quien llegó a ser Senadora y miembro del Comité Central del PC. Esto le valió para que en 1971 fuese designado encargado de la seguridad de Pablo Neruda, que en la práctica se transformó en un asistente personal, incluyendo el ser chofer.

En su taxi, conversa con Resumen y relata “una verdad que ahoga” y que no puede, sino decirla a todos los que pueda. Manuel comienza relatando que se informaron del Golpe de Estado por una radio argentina de onda corta. Eran las 04:00 de la madrugada del 11 de septiembre de 1973 y estaban en la casa de Isla Negra.

Manuel recuerda que decía a Neruda que los militares sólo iban a estar un tiempo en el poder y que se lo entregarían a los demócrata cristianos, pero éste respondía que “iba a ser un proceso muy largo”, semejante a la dictadura de Francisco Franco en España. “Nos van a matar a todos, soy un líder comunista y me matarán como a Federico (García Lorca)”, exclamaba.

Ya en la mañana del 12 de septiembre se habían enterado del bombardeo a la Moneda y de la muerte de Allende. En tanto, el propio Manuel “Mamo” Contreras, que en ese momento dirigía el regimiento Tejas Verdes, mandó a preguntar cuántos empleados había en casa y diciendo que debían irse. Manuel permaneció junto a Neruda, a su pareja Matilde y a su hermana Laura. El resto se fue.

El 13 de septiembre el Ejército allanó la casa de Isla Negra, buscando a dirigentes y armas. Aquí Manuel denuncia que “robaron lo que quisieron… sacaban objetos, cositas, novedades que Neruda traía del extranjero”. Después de esta visita, fue el turno de la Marina, quienes según relata Manuel, tuvieron la misma conducta que los anteriores.

El 14 “pusieron un buque de guerra frente a la casa” (que tiene vista al mar). En ese momento comenzaron los intentos por planear la salida de Neruda de su casa y del país. Las embajadas de Francia, Suecia y México estaban gestionando su exilio, aunque fue con esta última que se concretaron acuerdos de mayor alcance. El plan establecido por la diplomacia era llevar a Neruda a la Clínica Santa María, no porque estuviera enfermo, sino para que esperara ahí, en condiciones seguras, el viaje rumbo a México. El 17 de septiembre informaron que estaba reservada la habitación 406 de este centro, para el día 19 del mes.

Un día antes, Manuel viajó a Santiago para contactar una ambulancia que trasladara a Neruda desde Isla Negra hasta Santiago. Recuerda que ya en ese momento, la embajada mexicana intentaba conseguir infructuosamente un salvoconducto para Neruda, que finalmente se logró el 22 de septiembre, programándose para el día 24 su salida al exilio a México.

Neruda llegó a la Clínica Santa María el 19 de septiembre a las 19:30 horas, luego de un accidentado y fatídico viaje de unos 130 kilómetros, transitados en seis horas debido a los sucesivos controles y allanamientos que el Ejército realizaba a la ambulancia y al vehículo que conducía Manuel, recuerda.

Mientras estuvo acompañado en el centro de salud capitalino, Neruda continuó en el mismo estado de salud en que ingresó, es decir, sano. Al relatar esto, Manuel cuenta que la única enfermedad que acompañaba al vate era un cáncer a la próstata que estaba controlado, sin que este le ocasionara malestar.

Cómo los trámites para la salida al exilio estaban listos, el día 23, Neruda pide a Matilde Urrutia y a Manuel que fueran a Isla Negra a buscar algunas pertenencias para su viaje. Estando en este lugar, reciben un llamado de Neruda, que les dice que “entró un médico, yo estando durmiendo, me pone una inyección en el estómago y tengo mucho calor”. Manuel, continúa relatando que, rápidamente volvieron a Santiago, echaron las maletas al vehículo de la embajada mexicana e ingresaron a la Clínica, encontrando a Neruda muy afiebrado.

En la habitación -recuerda- “voy a mojar una toalla al baño (para intentar bajar la fiebre de Neruda), entra un médico y me dice que debo comprar un remedio que se llama “urogotán”, que lo puedo encontrar en la calle Vivaceta… cuando llego a Balmaceda con Vivaceta, dos autos me pegaron un encerrón, se bajan unos hombres armados, me pegan un cachazo en la cabeza, me bajan del auto… ¡pa’onde vay! ¡soi el secretario de Pablo Neruda!…” Esto fue aproximadamente a las 18:50 de la tarde. A las 22:30 falleció Neruda, enterándose de ello unos seis días después, por voz del propio Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien lo rescató del Estadio Nacional, en el momento que Manuel estaba herido producto de las torturas y de un balazo en una de sus piernas.

Manuel añade que “el mismo médico que le colocó la inyección a Neruda es el mismo que se la colocó a Eduardo Frei (Montalva)… qué hacía ese médico… (él) dice: yo voy pasando por el pasillo, me llama la enfermera que el señor Neruda tiene mucho dolor y le coloco dipirona. La “dipirona” se la da a las cuatro de la tarde y cinco horas después muere”.

El médico es Sergio Draper, médico que también estaba de turno en los momentos en que se asesinó a Frei Montalva en la misma Clínica. A la revista argentina Ñ, Sarper ha declarado que “…Neruda entró con un cáncer de próstata, ese diagnóstico se lo habían hecho en Francia y acá llegó con múltiples metástasis; un cáncer terminal, diseminado en todo el organismo, un estado de precoma.” Respecto a la polémica inyección, afirma “… Lo vi solamente un instante el domingo 23 de septiembre, a mí no me correspondía atenderlo. Ese día, la enfermera de turno me dijo que aparentemente Neruda sufría de mucho dolor, le dije que se le aplicaría la inyección indicada por su médico, si mal no recuerdo fue una dipirona…”

Es sintomático que El Mercurio, instigador del Golpe Militar, haya publicado el 24 de septiembre que “el vate… había sido internado en estado grave… Posteriormente, a consecuencia de un shock sufrido luego de habérsele puesto una inyección de calmante, su gravedad se acentuó”.

Manuel descarta todas las versiones que hasta el momento se han afirmado como causas de la muerte del poeta. No murió de pena, no murió de caquexia, pues su condición orgánica era normal (de 128 kilos) y de cáncer. Para Manuel la verdad está ante los ojos de cualquiera.

La Fundación Neruda ha desmentido la versión de Manuel, afirmando a la prensa que “no es más que un testimonio individual y personal que contradice todos los testimonios de gente muy cercana”. Sin embargo, su legitimidad está cuestionada desde distintas voces y por diferentes motivos.

Su presidente, Juan Agustín Figueroa, miembro del Partido Radical, fue Ministro de Agricultura de Aylwin y es sostenedor de un fuerte vínculo con el Grupo Claro, ha recibido el apodo de “número 22 de la Suprema”, dando a entender que su incidencia en el Tribunal Máximo del país es como si fuese el de uno de sus miembros. Grosero ejemplo de su influencia fue el juicio de Pascual Pichún y Aniceto Norín, quienes acusados por Figueroa de haberle incendiado una propiedad, fueron encarcelados mediante métodos que hoy son tratados en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Paradójicamente, Figueroa se refirió, en tono despectivo, a Pichún y Norín como unos “comunistas”, desconociendo que el propio Neruda fue militante del PC y el vínculo con su figura pasa por este partido, pues su hermana Aida, también militante comunista y fue amiga de éste y de Matilde Urrutia, su última esposa, quien termina por traspasar los derechos de autor y las casas de Neruda a esta Fundación.

Para Manuel, lo que ha hecho Figueroa es un robo, pues el poeta destinó la administración de sus propiedades a las universidades del Estado, a la CUT y al Partido Comunista. Por ello, el intento por silenciar su testimonio, responde a la necesidad de ocultar esta situación, afirma.

La muerte de Neruda no es una mera anécdota para Manuel, sino que tiene un significado profundo, pues en Dictadura se asesinó al secretario personal de Neruda, Homero Arce, quien pasaba a máquina sus escritos. Pero también, su hermano es Detenido Desaparecido. “Patricio Araya, hace 35 años que no sabemos dónde está”.

Es extraño, piensa Manuel, todo el círculo cercano a Neruda tuvo problemas. En su caso, denuncia, ha tenido amenazas de muerte desde que ha comenzado a sacar a la luz su testimonio y ha declarado ante el ministro Mario Carroza a quien se le ha solicitado la exhumación del cuerpo de Neruda, en el marco de la investigación sobre su muerte, que al igual que como la de miles de chilenos está aún cubierta por la impunidad.

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