Nuestro 1° de Mayo.

Es significativo y sintomático que la CUT esté llamando a conmemorar, el 1 de Mayo, el día internacional del trabajo. Esta pequeña sutileza, el conmemorar al trabajo y no al trabajador, es sintomático y significativo.

El representante nacional de la Cut, el PS Arturo Martínez, siempre acompañado de sus fieles seguidores del Colegio de Profesores y la Anef, hace poco negoció, sin siquiera anunciarlo a la opinión pública, uno de los mayores triunfos de la historia del movimiento obrero chileno: el salario mínimo subió, tras una ardua y espinosa negociación, 3 mil pesos.

Lamentablemente, las orgánicas de la Cut a nivel local, sin ser de la bajeza de la nacional, no son de la altura del un incipiente movimiento popular. Hoy, la rebeldía, está con las conmemoraciones alternativas al acto y la marcha oficial.

Nosotros no celebramos el día del trabajo. Tras la revuelta de Haymarket donde 8 anarquistas fueron condenados, 5 de ellos a muerte y 3 a prisión, por pelear la jornada laboral de 8 horas, lo que después se llega a conocer como el caso de los mártires de Chicago; tras la matanza de unos 3000 obreros en la escuela Santa María en 1907; tras la huelga larga de los mineros de Lota en el 60, entre otros capítulos emblemáticos de nuestra historia; nosotros no podemos celebrar el día internacional del trabajo. Nosotros tenemos que celebrar al trabajador@, y su derecho al ocio.

Esta pequeña sutileza es determinante. Conmemorar el trabajo hoy, es legitimarlo como fuente de vitalidad y no de explotación, es celebrar a las grandes empresas transnacionales que sin pagar impuesto alguno dicen, nosotros aportamos trabajo. Y por otra parte, como ha señalado la Fundación Sol más de 1.110.000 personas están sin trabajo o subempleadas.

Pero el sindicalismo oficial, se muestra en el Chile actual, completamente anquilosado y subordinado a una profundamente despreciada forma de hacer política. Vive su agonía hace 33 años, cuando José Piñera instauró el plan laboral. Hoy, lamiendo el yugo legal, se arrastra obediente bajo la legalidad pinochetista que ilegalizo su principal arma, la huelga por rama productiva, para reemplazarla por una inofensiva negociación colectiva por empresa. Un año después, fue despojado -un robo a mano armada como señala Gabriel Salazar- de sus fondos previsionales; hoy el sistema de AFP’s maneja alrededor de 150 mil millones de dólares, lo que supera al 70% del PIB del país, y las pensiones de los trabajadores son miserables.

En el Chile del 2012, cerca del 80% de los trabajadores gana menos de 350 mil pesos. Hay un 30% de los trabajadores trabajando más de 56 horas en la semana, a pesar de que la jornada oficial es de 45 horas.

Hoy, relacionar salud mental con régimen laboral, es casi indemostrable. Con ello se soban las manos y los bolsillos, por supuesto las administradoras del Seguro Social de Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales.

Insistir con celebrar nuestros yugos, es usar las cadenas como rosarios.

El último renombrado caso de estos personajes sindicales, fue que gozaban de un pequeño banquete que costó $600.000, propina incluida, mientras en la calle, los trabajadores eran apaleados, gaseados y mojados por carabineros, el último 21 de mayo.( La nueva forma de protestar: el festín de Arturo Martínez el 21 de mayo)

Y los trabajadores, salvo pequeñas excepciones, hacen descansar sus opiniones y representaciones en esta plenaria de zánganos.

Nosotros no celebramos el día internacional del trabajo. Celebramos al trabajador@ y su derecho al  ocio. El día internacional del Trabajador@.

Porque, como decía alguien por ahí:

"Me matan si no trabajo,
y si trabajo me matan.
Siempre me matan, me matan, ay,
siempre me matan."

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