Bolivia: foto instantanea

Desde que el 1° de mayo de 2006 ocupara los campos gasíferos y petroleros con las Fuerzas Armadas y obligara a las empresas extranjeras a renegociar sus contratos, altcasi todos los Días del Trabajo siguientes Evo Morales nacionalizó alguna firma para consolidar su proyecto de “recuperación estatal de los recursos naturales y los servicios básicos”. Y ayer se repitió ese repertorio simbólico con la toma militar de la empresa eléctrica Transportadora de Electricidad.

Aunque esas nacionalizaciones fueron perdiendo fuerza por su previsibilidad y la importancia decreciente de las firmas “recuperadas”, este año la medida en perjuicio de capitales españoles creció en impacto luego de las repercusiones generadas por la estatización de las acciones de Repsol en Argentina.

Por estos días Evo Morales enfrenta una ola de conflictos sociales, cuya última expresión es una huelga de médicos –con ayunos colectivos y “crucifixiones”– en rechazo a la decisión del gobierno de aumentar la jornada laboral del sector de 6 a ocho horas. Desde el Palacio Quemado se decidió derrotar a esa huelga en toda la línea, para evitar más reclamos.

El alza del número de conflictos ha traído incómodas imágenes de la “vieja Bolivia” , con discapacitados enfrentándose con la policía en demanda de un bono social; pobladores linchando a supuestos delincuentes; regiones enfrentadas con violencia por conflictos de límites; pobladores de El Alto agrediendo a choferes que aumentaron las tarifas del transporte público; y otras expresiones de anomia estatal.

En este clima de agitación se ha reactivado una nueva marcha en rechazo al suspendido proyecto gubernamental de construcción de una ruta que atraviesa el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), oposición que cuenta con el respaldo de amplios sectores de las clases medias urbanas. Este conflicto ha llevado a Evo Morales a afianzar su discurso nacionalista y denunciar a las ONG ambientalistas implicadas en la marcha como el “nuevo colonialismo” que busca impedir el desarrollo del país.

Con todo, los alentadores resultados macroeconómicos son una fuente de legitimidad para el gobierno. Por ejemplo, desde 2005 el ingreso per capita –aunque aún bajo– se duplicó desde 1.000 a los actuales 2.000 dólares. Y a eso se suma la expansión de la construcción y el bajo desempleo, que ya motiva quejas de algunos paceños de que es difícil encontrar empleadas domésticas cama adentro.

Evo Morales no deja de lado el pragmatismo. En los últimos años se ha acercado al empresariado de Santa Cruz al tiempo que descabezaba a los gobernadores opositores (sólo el gobernador cruceño queda como recuerdo de aquel país dividido que pareció poner contra las cuerdas a Morales en su primer mandato). Incluso los empresarios participaron de la cumbre de evaluación mano a mano con campesinos e indígenas del MAS.

Pese al desgaste de Morales, evidente en las grandes ciudades, los críticos que se separaron del oficialismo pidiendo una “reconducción del proceso de cambio” desde la izquierda no lograron mayor influencia, y las oposiciones de centroizquierda y centroderecha aún son muy débiles para soñar con derrotarlo en 2014, cuando el mandatario intentará su re–reelección forzando una interpretación de la nueva Constitución.

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