Se ajó el cuero. Cierre de fábricas de calzados y emprendimientos de subsistencia

Se ajó el cuero. Cierre de fábricas de calzados y emprendimientos de subsistencia

altEl 28 de marzo pasado, Caprice, la productora y comercializadora de calzados penquista con 85 años de historia, quebró. Fueron 200 operarios que pierden su empleo, muchos con más de 30 años de servicio y que por lo mismo la totalidad de sus finiquitos no será cancelada, pues al pedir la quiebra el tope máximo de indemnización por años de servicio es de 11 años.

Es inevitable relacionar el cierre de Caprice, con la quiebra el año 2011 de la fábrica de Calzados del Sur, Ex Gacel. Los operarios de esta fábrica demandaron a su empleador por fraude laboral, debido a la situación de su indemnización por años de servicio. A diferencia de esa disposición a dar una lucha, al menos en términos legales de los trabajadores de la Ex Gacel, los dirigentes sindicales de Caprice expresaron a los medios de prensa su conformidad con la situación que los dejaba en completa cesantía. Esta actitud de los dirigentes denota el grado de descomposición del espíritu y razón de ser del sindicalismo.

El Mapa del Calzado

Desde una perspectiva económica, lo que sucedió con Caprice es la manifestación de la muerte de un tipo de capitalismo que consistía, principalmente, en una unidad productiva que radicaba en la fabricación y comercialización de la producción propia, local, regional. En la actualidad, el mercado se mueve entre marcas comerciales sin fábrica, que compran productos a menor valor independientemente de la situación geográfica donde se encuentre la fábrica. Revise sus zapatos o zapatillas, verá que el origen de su calzado es por lo general, asiático, sin importar necesariamente su calidad o marca. Se ha llegado a este tipo de comercio, fundamentalmente, porque las relaciones comerciales y financieras no son reguladas por los países, debido a que los tratados de libre comercio han establecido zonas libres de control de capital.

Las empresas que no se han adecuado a este nuevo funcionamiento del sistema, quiebran, son absorbidas o compradas por el retail. Hoy, el monstruo del calzado nacional es la empresa Guante, que combina producción nacional con importación de calzado asiático. Las empresas nacionales no son competencia para este pulpo. En los últimos 10 años, el 61,5% y el 9,8% del Calzado con suela de caucho plástico, cuero natural o regenerado y parte superior de cuero natural provienen de China y Vietnam respectivamente. Walmart Chile, anclado en los sectores populares es el principal importador y quienes dominan las ventas del mercado son Nike, Adidas y Puma, concentrando entre las 3 cerca del 30% de las ventas.

Todas estas políticas han repercutido también en la estratificación social del comprador que se expresa en que el calzado nacional, de mejor calidad y cuero, se orienta hacia los sectores medios y altos, mientras que el mercado de las importaciones se estratifica en los sectores pobres.

El orgulloso gobierno

Orgulloso del crecimiento y del pleno empleo en Chile, el gobierno defiende a ultranza el modelo tan bien admnistrado por la Concertación. Todas estas empresas vienen cayendo hace décadas. El 2008 quebró la textil Bellavista oveja Tomé y el 2010 Tavex, ex Machasa. En una entrevista con el Ministro de Economía de ese entonces, Juan Fontaine, los trabajadores de Tavex le propusieron que el gobierno subsidiara un 5% la producción nacional, lo que el Ministro señaló como imposible, pues los Tratados de Libre Comercio lo impedían.

Uno de estos mismos TLC fue firmado con Vietnam por Michelle Bachelet el 2006, el mismo acuerdo que Sebastián Piñera ratificó en Hanoi, el 20 de Marzo del 2012, una semana antes del anuncio de la quiebra de Caprice. Vietnam es uno de los principales exportadores de textiles y calzados del mundo. Chile exportará madera, un bien no manufacturado, con menor valor agregado.

Insertos dentro de esta lógica de financiera, desde la SEGPRES el secretario general de la Presidencia Cristián Larroulet, la semana del 9 de abril señaló orgulloso a los medios de prensa que Chile era el país con mayor libertad económica de América Latina.

“La producción nacional de calzado alcanzó los 11 millones de pares el 2010, mientras que las importaciones registraron un récord histórico de 85,3 millones de pares” señaló al Diario Estrategia la consultora Euromonitor.


La Resistencia

A fines de la década de los 60, había en Chile tres empresas que controlaban y abastecían el mercado interno de calzado: Caprice, Gacel y POSH. Según una investigación realizada por el sociólogo Robinson Torres Salinas, en 1968 se produjo una huelga “de casi 100 días en la industria del calzado en Chile, lo cual paralizó la producción de calzado, dejando sin abastecimiento al mercado nacional.” A ello agrega que “Gacel se sumó a la huelga, y en esa paralización se encuentra el origen de la formación de micro y pequeñas empresas de calzado de Concepción y la provincia, porque, al no haber calzado, algunos de los obreros en huelga comenzaron a fabricar zapatos por cuenta propia. Comienza así un proceso de des-salarización de un grupo de obreros zapateros de Concepción”

Los talleres de calzado de la región tienen sus orígenes en las condiciones desfavorables de un gran grupo de operarios de fábricas, una situación un tanto parecida a los trabajadores desvinculados de Caprice. Agobiados eso si, por las medidas librecambistas de la dictadura, las mismas medidas que regulan las políticas económicas de la Concertación y la Coalición por el Cambio, estas asociaciones mueren paulatinamente en la década de los 80, dejando algunos vestigios en los actuales emprendimientos familiares de Barrio Norte de Concepción.

Lejos de las grandes cifras macroeconómicas, están los pequeños artesanos y las pequeñas microempresas familiares, muchos de ellos obligados a la informalidad.

Alicia Mardones arrienda un puesto de venta de calzado en la esquina de Tucapel con Maipú en Concepción. Vive en Coronel, pero sus orígenes están en Barrio Norte, donde trabajó por bastantes años en distintos talleres, tras lo cual aprendió a aparar, que es coser las distintas partes del calzado. Hace 10 años decidió, junto a su esposo que corta y arma los calzados, fusionarse y crear una microempresa familiar de fabricación de calzado en cuero. Trabajan además, comercializando sus productos en las distintas ferias de la región. “Yo salgo a vender mi producto, y no lo vendo a comerciantes, lo fabrico incluso a pedido y lo vendo yo misma (…) para mí es algo especial. No se los vendo a los comerciantes porque al final ellos se quedan con las ventas” señala a Resumen.

Esa realidad era distinta unos años antes “Hace 3 años yo vendía calzado a los comerciantes, pero era un trabajo de seis meses y después paraba el trabajo, debido a las importaciones de zapatos de otros países.” Y agrega “Si me hubiese quedado así, sin vender directamente al cliente, lo más probable es que hubiese quebrado.”

El 20 de Enero, Semana Santa, y otras celebraciones en distintos pueblos dan espacios para que puedan sobrevivir. “Me saco la mugre yo, pero yo misma vendo mi propio producto” Además comenta que “por lo general, en los distintos lugares donde viajo el trabajo es bien valorado, a pesar por ejemplo, de que en muchas de las ferias se venden calzado sintético a $12.990, yo vendo mis botas a $30 mil y la gente las compra porque saben que el trabajo es de calidad.”

En Tucapel con Maipú, hay cerca de 5 puestos más de venta de calzado. Alicia nos comenta que “estamos tratando de apuntalarnos aquí. Nosotros no somos grandes empresarios”, mira hacia el frente, y nos indica “si tú te fijas, la señora del frente vende el calzado que fabrica don Rubén. Él tiene 3 ó 4 personas que son familiares y que trabajan en el taller. La señora Anita trabaja vendiendo el calzado aquí, pero su marido es el que los hace, es una empresa familiar. Marcos trabaja en la casa con 1 ó 2 maestros en la casa y su esposa los vende en el puesto. No somos grandes fábricas y hemos tenido la posibilidad de instalarnos aquí”

Sin embargo, a pesar de la solidaridad existente entre los pequeños productores, lamentablemente no hay asociatividad. No existe la idea, ni la existencia  de experiencias cooperativas. A diferencia del antiguo legado de asociatividad de los zapateros de Barrio Norte, los emprendimientos actuales están dominados por afanes más bien individuales. Lo que por supuesto, siempre deja un par de sobrevivientes y a la gran mayoría fuera del mercado.

No obstante, la historia puede cambiar. Los operarios despedidos de Calzados del Sur se manejan en el mismo rubro que los trabajadores de Caprice. Puede existir la idea de un plan común. Un proyecto cooperativo puede marcar la diferencia entre  la indigencia y una vejez un poco más digna, pues esperar que alguien venga a solucionar nuestros problemas de empleo, es una ingenuidad. Una organización económica bajo las ideas de democracia y salarios justos, bajo control popular es, hoy, también una ingenuidad. Pero es una ingenuidad digna. Un proyecto.

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