El descaro gobernante

En los días recientes hemos tenido varias actitudes que desnudan la verdadera naturaleza y razón de ser en política de este gobierno; esto es, servir plenamente los intereses de los poderosos empresarios y magnates, de Chile y del extranjero, actuando como sus gerentes y garantes.

Un aspecto lo reveló la visita de empresarios españoles, que se hicieron acompañar por su decadente monarca, el caza elefantes rey Juan Carlos, para venir a asegurar sus negocios y negociados en esta bodega de reserva en que han convertido a Chile en los últimos 30 años. El gobierno, con Piñera a la cabeza, se desvelaron por mostrarse solícitos y serviles ante sus gerentes españoles, prometiendo y dando garantías de que aquí no les ocurrirá como en otros países de América del Sur que han decidido poner término al dominio y coloniaje español. Los ejemplos de nacionalización de riquezas y empresas que estaban en manos de empresarios ibéricos emprendidos por Argentina y Bolivia, y el creciente despertar de movilizaciones y rechazo al abuso que se produce en Chile, asustaron a los potentados de España y por eso emprenden esta cruzada de amarre de servidumbre en nuestro país. No les costó demasiado esfuerzo. Resultaba ridículo y grotesco el comportamiento lacayo, expresado no solo en los compromisos formales sino también en el lenguaje con que el presidente Piñera se deshacía en zalamería y alabanzas hacia Juan Carlos y su reino de pacotilla (pegado a la fuerza y sostenido a la fuerza), y hacia los patronos españoles que ni siquiera en su propio país han podido dar muestras de que su modelo de explotación es eficiente; muy por el contrario, si no basta mirar la profunda crisis que han provocado en España y el verdadero drama en que tienen sumido al pueblo español. Siempre es así, estos empresarios depredadores arruinan pueblos y países y luego, cual rapiñas que son, levantan vuelo en busca de nuevas naciones y territorios en los cuales depredar y a los cuales arruinar.

Como si se tratara de una sincronía preconcebida, al mismo tiempo que las potestades hispanas se dejaban caer por Chile, los empresarios del Grupo Colbún iniciaban una descarada presión para lograr que el Estado les resuelva los problemas que se le presentan para consumar la construcción de su monstruo en Aysén y para consumar cualquier proyecto depredador que se les ocurra. Por supuesto, todos los proyectos que presentan e intentan imponer estos empresarios son lacras para los territorios en que se instalan y son una carga para los ciudadanos de todo el país. Colbún está ligado a Endesa España en el negocio de la energía en Chile, y muy particularmente son socios sanguíneos en el proyecto hidroeléctrico en Aysén. El proyecto de Hidroaysén ha tenido el rechazo de gran parte de la ciudadanía y sigue enfrentando una resistencia feroz por el daño irreversible que provoca a los ayseninos, al ecosistema, al medio ambiente y a los pueblos y territorios por donde cruzarían las redes de tendido de alta tensión. El movimiento social de protesta contra este proyecto y de rechazo al monstruo prácticamente han logrado su paralización, lo que desde luego aterra e indigna a los empresarios depredadores y molesta e irrita a los gobernantes.

En auxilio de Colbún, de Endesa y mineras privadas del norte, este gobierno de los empresarios ya ha delineado su política para evadir el rechazo ciudadano. Esta política no consiste en otra cosa que el Estado chileno construya a su costo y perjuicio la que han denominado la carretera eléctrica. Carretera que llevaría la energía hacia las empresas mineras que son las que están exigiendo y reclamando que les lleven energía barata para poder realizar, a su vez, sus grandes negociados robando las riquezas naturales de nuestro suelo. Carretera que, una vez construida quedara en manos de Colbún y otras empresas de su misma calaña, que son las dueñas del negocio de la transmisión y de la distribución de la energía.

Dando una muestra fidedigna y categórica de para qué y para quienes gobiernan, el presidente Piñera no tardó  una semana en recibir a los empresarios y magnates del negocio de la energía en el palacio de La Moneda. No tardó una semana, con una rapidez que solo se compara con la presteza con que sueltan a sus hordas policiales para reprimir las manifestaciones, reclamos y demandas populares. Esa es la vara con que mide su actitud política este gobierno: para el populacho represión y sordera, para los empresarios alfombras y manteles en recepciones en La Moneda con la disposición y objetivo de satisfacer sin demora sus caprichos y berrinches.

Por si hacía falta otro botón de muestra, al mismo tiempo que el gobierno nos ofrecía este indignante espectáculo desde La Moneda, con el presidente y sus ministros como principales protagonistas, desde el Servicio de Impuesto Internos, su Director Nacional anunciaba al país un perdonazo para la empresa Johnson’s. Perdonazo que no es un chiste porque da la casualidad que la cifra alcanza los 125 millones de dólares. El colmo del descaro. Durante años y años no pagan los impuestos, lo que es merecedor de multas e intereses, que tampoco pagan por el amaño premeditado de no pagar. Luego, cuando ya la deuda se hace insostenible, aparece el Estado perdonando el pago de multas e intereses por el solo imperio de la voluntad de los administradores del estado, es decir, el gobierno o los gobiernos de turno. Un descaro más de esta verdadera colusión mafiosa en que se ha convertido el manejo empresarial y político en este país. A los empresarios les resulta más cómodo y barato, más rentable y ventajoso, contratar un leguleyo para fabricar la elusión tributaria, estudiar formas de evasión, no pagar los impuestos y hacerse los desentendidos con las obligaciones impositivas; si en algún momento se ven forzados por necesidades comerciales (como en este caso, la posibilidad de vender la empresa a otro magnate del retail se veía entrampada por esta deuda pendiente), entonces recurren al lobby y a los llamados por teléfono a las autoridades amigas adecuadas para que les perdonen las deudas, les saquen del paso, les permitan obtener utilidades, encubran legalmente el robo que le hacen al Fisco, y seguir usufructuando de un sistema que, por algo, fue hecho a su medida. No extraña en demasía ver a los funcionarios de gobierno tratando de justificar lo injustificable, tratando de encubrir las acciones dolosas de sus mandantes del mundo empresarial.

No extraña, en realidad, ninguna de estas actitudes y comportamientos de los gobernantes. No extraña, pero no por eso resulta menos indignante.

Foto: El Ciudadano

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